La muerte como orden (equilibrio)

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

 

A lo largo de la vida y de la historia, atravesando por todas las culturas y civilizaciones que han poblado el planeta Tierra, se ha tenido siempre muy en cuenta el fenómeno llamado muerte. Para todos los seres humanos la muerte de alguien y más tarde (de acuerdo a la evolución del pensamiento) “la muerte” de algo es causa de profunda tristeza, impotencia, vacío en el alma y demás sentimientos asociados a la pérdida de lo profundamente preciado. Así por ejemplo, la muerte de un familiar nos llena de estos sofocantes sentimientos, pero también, la muerte de algo, en sentido figurado, nos llena de los mismos sentimientos, como ” la muerte” de nuestro equipo deportivo favorito, de la empresa donde laboramos o de nuestra Alma Mater nos hacen sentir ese pathos en el alma. De todo esto podemos concluir que la muerte se asocia a una noción de extinción, de dejar de ser, una noción donde quien la padece pierde la categoría primera: el ser.

Siendo esto lo común entre todos los seres humanos será interesante ver también las diferencias acerca de cómo  recibe la muerte del o de lo otro. Así pues, veremos que a lo largo de la línea del tiempo algunos seres humanos respetan en demasía a la muerte, otros piensan que es un camino que hay que recorrer para llegar al destino final (otro mundo, el paraíso, etc.). Algunos más, adoran a la muerte y otros, como nosotros los mexicanos, nos burlamos de ella y  la desafiamos.

De morir existen también diversos modos y diversas causas. Esto también según en la cultura donde afortunada o desafortunadamente (uno nunca sabe) se viva. El modo en el que la muerte llegue será motivo de honor, deshonra, o sólo llegará sin un símbolo extraordinario, más que aquel que marca el final de la vida. Morir en la horca será motivo de deshonra, de vergüenza, en cambio, morir en combate o en la piedra de los sacrificios será motivo de los mayores honores que un ser pueda recibir. Morir de viejo podrá ser un síntoma de la vida buena y virtuosa.

A lo largo de la historia y por la lógica manera de pensar del hombre, hemos asociado la vida con el equilibrio y la muerte con el desorden, con algo que perdió la noción de igualdad. Sin embargo, la filosofía actual y el paradigma de la ciencia contemporánea nos dicen otra cosa: no hay cosa que mejor represente al equilibrio sino la muerte. ¡Sí, la muerte! A bote pronto podría parecernos un poco descabellado, pero conforme se piense y se reflexione sobre este particular podremos ver la lógica de ese argumento. La vida y en general toda la naturaleza funciona así. Lo que tienen la vida y el movimiento lo tienen porque es un desorden, porque los elementos que lo forman guardan una proporción entre ellos diferente al equilibrio. Un cuerpo en movimiento lo estará mientras la fuerza que lo excite sea mayor a la fuerza que lo detenga. Las fuerzas que ejercen influencia en el móvil guardan una proporción entre ellas distinta al equilibrio. Así funciona el universo puesto qué es también un móvil.

Con la vida pasa igual. La vida es desorden, es lo contrario al equilibrio. Por definición, la vida es el principio intrínseco de movimiento. Por ser movimiento, la vida es cambio e indefinición, es desorden desde el punto de vista en que no hay un equilibrio (igualdad de condiciones) entre lo que posee la vida y su entorno. Es decir, un ser vivo no mantiene la misma temperatura que su medio ambiente: ésta será mayor o menor dentro de él según su hábitat. Un pingüino se mantiene más caliente que su ecosistema; un camello se mantendrá más frío que el desierto. En el propio ser vivo tampoco habrá un equilibrio interno, las sustancias que lo componen lo conforman en distintas cantidades. Los nutrimentos necesarios para vivir también se encontrarán en él en grados distintos (mayor cantidad de agua o poca cantidad de grasa). La muerte, para un ser vivo, es el paso del desorden (desigualdad) al orden (equilibrio).

Podemos afirmar que el equilibrio es representado por el cero. En una balanza el equilibrio entre ambos contenedores significa cero inclinación para los lados. Así diremos que un ser vivo cuando muere equilibra su temperatura con la del ambiente exterior (cero diferencia entre la temperatura de quien ahora es inerte y su medio ambiente), pasa a un estado natural de reposo (cero movimiento) y los nutrientes que lo hacían vivir se equilibran todos entre sí, al grado de qué todos estos llegarán a ser nulos (cero nutrientes).

De este modo podríamos decir que la tradición mexicana de recordar a los muertos como lo hacemos al honrar y respetar a la muerte es más profunda de lo que parece. Es honrar y respetar al orden que, por cierto, desde el pensamiento griego clásico por su naturaleza carece de movimiento (porque en él todo está ya dispuesto como debe estarlo) y el carecer de movimiento lo hace perfecto o al menos muy cercano a la perfección. No tiene porque moverse. No necesita conseguir nada. Si no necesita conseguir nada es porque lo tiene todo. Si lo tiene todo, entonces es perfecto.

Viéndolo de este modo quizá podremos afirmar que de forma distinta a los griegos (padres de la filosofía) hacemos lo mismo: respetamos y honramos y añoramos  lo perfecto; ellos a través de la razón y el pensamiento, nosotros desde la muerte.

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