Especular

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

 

Hace algunos días ocurrió una tragedia: el helicóptero en el que viajaba el Secretario de Gobernación – José Francisco Blake Mora – terminó hecho trizas tras estrellarse contra el suelo. El resultado es el que todos sabemos. Fallecieron todas las personas que iban en el interior de la aeronave. Las preguntas se generaron de un modo veloz en la mente de las personas y aún con mayor velocidad llegaron de sus mentes a sus bocas y fueron pronunciadas: ¿Fue accidente? ¿Fue atentado? ¿Quién lo hizo? ¿Por qué lo hicieron? Las teorías de complot aparecieron. Otro tipo de reacciones más desagradables también aparecieron: “Qué bueno, se lo merecía.” “Político al fin, no se pierde nada.” “Un ratero menos.”Y muchos otros pensamientos que generaron una paradoja: ¿Por qué alegrarse por la muerte de una persona si naturalmente debe provocar el sentimiento contrario?

Estas líneas llevan por título “Especular”. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española una de las definiciones de este verbo es la siguiente: Perderse en sutilezas o hipótesis sin base real. Y eso fue lo que hicieron miles de personas al lanzar sus preguntas y respuestas al aire y a las redes sociales. Simplemente especularon, se perdieron en hipótesis basadas en nada y generaron teorías “de algún modo verdaderas” (basta saber que en la rama de la filosofía llamada lógica, se afirma que de la nada, cualquier cosa se sigue. Esto quiere decir que cualquier conclusión que se haga a partir de la nada puede ser verdadera). El lector, por esta razón quizá pensará que el título de este breve paper ha quedado explicado y que hablaremos de alguna de estas teorías de complot o que generemos una propia. Es decir, quizá se piense que en estas líneas podrá encontrar más especulaciones. Pues no, no es así. Para un alma conservadora no son simpáticas las teorías de complot y he de confesar ante ustedes que mi alma es así, conservadora. Se deduce pues, que no soy fan de las teorías de complot, incluso hasta me son molestas.

Siguiendo con lo que nos interesa y habiendo definido ya el verbo “especular”, hablemos un poco de su origen etimológico. Especular es una palabra castellana proveniente de otra palabra latina: Speculum. La palabra speculum traducida a la lengua española (este, y no castellano, es el nombre oficial de la lengua que hablamos) significa Espejo, y un espejo es un instrumento que nos regala un reflejo. Y esto es el interés hoy para mí. Por eso se titula así este breve ensayo, porque nos parece (a mí y a mi alma conservadora) que las reacciones causadas por este no deseable evento son un espejo que muestra el reflejo de la situación pobremente espiritual que vivimos en este país ya tan desgarrado.

Idealmente, en un gobierno democrático y representativo (como el que eligieron nuestros héroes insurgentes para gobernarnos) el representante es querido,  admirado y  seguido. Creo que existe (recuérdese, hablando idealmente) una relación puramente sentimental entre representante y representados y que casi nadie menciona. Esta relación se fundamenta en la confianza que sienten los representados al tener afecto por quien los gobierna gracias a que confían en él y el representante siente afecto por sus representados porque confía en ellos y porque tiene la confianza de éstos depositada en él. Es algo así como la relación padre e hijo. El papá tiene la confianza de su hijo y además confía en él; el hijo confía en su papá, por eso es que se deja guiar por su viejo. Y de allí que de esa confianza mutua se genere el afecto, incluso el amor. La confianza es, a mi parecer,  un vínculo muy importante dentro de cualquier relación humana, incluso entre gobernantes y gobernados (representantes y representados). ¿En qué confían los representados? Primero que nada, confían en que el representante tenga la capacidad para representarlos, confían también en todas las capacidades de su representante: intelectual, física (que su físico le permita representarlos, es decir, que no tenga enfermedades que le imposibiliten hacerlo, etc.). Confían en la bondad de su alma: que sea honesto y buena persona. Confían en la voluntad que el representante tiene para llevar a cabo sus actos. ¿En qué confía el representante? Confía en que los representados tengan la capacidad para serlo; es decir, que sean capaces de exigir sus derechos, pero no sólo eso, también confía en que sean capaces de cumplir sus obligaciones, de que sean honestos al cumplirlas. Confía en que la relación entre todos los representados sea también basada en la confianza. El representante confía en que los representados le supondrán un reto a la hora de representarlos, pero un reto racional en el cual los representados discutan con argumentos lo que creen mala opción y aprueben con argumentos lo que creen buena opción y no un reto irracional el cual solo tiene por objetivo impedirle hacer su trabajo.

Cuando esta relación representante-representado basada en la confianza se pierde, ¿qué ocurre? Se pierde también la consecuencia, no existe afecto ni amor. Incluso, en el peor de los escenarios aparece el sentimiento contrario (no sólo se pierde el amor, sino que se genera el odio). Por eso es que me parece un buen speculum esta tragedia, porque a partir de ella, de modo quizá irracional, muchos mexicanos hemos demostrado la falta de confianza para con nuestros representantes. Hablar de teorías de complot y de atentados supone que quien ha perecido en éste no tenía un pasado digno, bueno y honesto. Cuando los representados especulan (generan teorías de la nada) y concluyen que su representante fue muerto por alguien a quien “le debía” algo, en ese momento dudan de la capacidad de su representante. Dudan de su honestidad y de la pureza de su alma. Cuando los representados se alegran del deceso de alguno de sus representantes o cuando afirman que lo merecía, entonces se ha gestado el peor de los escenarios posibles: no sólo se ha perdido el amor o el afecto porque no hay confianza, sino que se ha llegado al extremo de odiar a los representantes deseando incluso su muerte. Cuando se afirma por los representados que las conclusiones a las que llegan los representantes son falsas (en el caso de esta tragedia cuando ellos afirman que fue un accidente y las teorías de complot afirman que no), se afirma que los representantes mienten a los representados. Mentir es ocultar la verdad. Si los representantes ocultan la verdad a los representados, ¿será acaso porque no confían en ellos?

Así es pues como este quien escribe ve el reflejo de esta sociedad en exceso viciada, pervertida y degenerada, en una tragedia por la cual ciertos grupos de la sociedad se alegran y a la cual ciertos grupos de la sociedad le dan otro significado. Así es como se ve, a través del espejo una sociedad en donde la confianza ya no existe.

 

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