El twitter filosófico

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

Llevo un par de días con un tweet que leí rondándome en la cabeza. En él, un muy buen profesor que me dio clases en la carrera se quejaba amargamente de la ausencia de convicciones en la gente. Decía: “hoy hay entornos donde tener convicciones confunde, aleja, estorba: porque se cree que tenerlas esclaviza; y alejarlas, libera…”

Me dejó pensando un buen rato, y me hizo dudar mucho. ¿Estaba yo de acuerdo con él, o no? Lo primero que hice, como buena ñoña que soy, fue consultar el diccionario, en donde “convicción” se define como “seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente”. Suena bien, en principio, pero también puede ser peligroso. Por mi formación filosófica, he aprendido a desconfiar un poco de la certeza, pues ha sucedido en la historia de la filosofía que algunos pensadores, tan seguros de sus ideas, han olvidado voltear al mundo para ver si lo que piensan es compatible o no con la realidad. Esa actitud, efectivamente, encierra y esclaviza.

Mi maestro tiene toda la razón. Las convicciones son muy mal vistas en nuestro mundo globalizado y multicultural, porque suenan a estatismo, cerrazón, inflexibilidad. Si alguien está completamente seguro de lo que piensa y siente, ¿será capaz de abrirse a cosas nuevas?

No es una crítica exclusiva de nuestros días, ya el mismo Nietzsche decía que toda convicción es una cárcel, y unos años después que el filósofo, el gran escritor español, José Ortega y Gasset, dijo: “nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.”

Entiendo muy bien el resquemor que causan las convicciones y esa noción de que pueden ser perjudiciales para el pensamiento libre, pero también me pregunto: ¿es posible actuar verdaderamente con libertad y conciencias sin -al menos- alguna convicción?

En Eudoxa siempre hemos defendido la apertura de mente, pues es necesaria para la creatividad, la innovación, la resolución de problemas y para generar un pensamiento libre. Sin embargo, no debemos confundir el estar abiertos con estar dispuestos a aceptar cualquier idea. Eso se llama relativismo y es tan limitante como la cerrazón. La absoluta seguridad cerrada e inamovible y la apertura sin límites son dos extremos del fanatismo, y hay que evitarlos. No se puede construir nada sin una verdadera libertad de pensamiento, sin la apertura suficiente para permitirnos dudar, cuestionar y buscar nuevas respuestas, pero tampoco se puede construir nada en el aire: se necesita un suelo, unos cimientos sólidos y bien arraigados.

Esto lo entendió muy bien el poeta alemán Heinrich Heine, quien cuenta una anécdota que me parece muy ilustrativa para este tema. Contaba Heine que un amigo le preguntó por qué ahora no construíamos catedrales grandes y magníficas como las góticas, y él le dijo: “Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”.

Las convicciones pueden ser una cárcel, como veía Nietzsche, pero también pueden ser liberadoras, pues son el punto de partida para construir grandes cosas. Depende de la actitud que tomemos ante ellas y cómo las usemos.

Entonces, después de estas disquisiciones, puedo decir que estoy de acuerdo con mi profesor. Tenerle miedo a las convicciones en sí mismas es absurdo, puesto que, al igual que la apertura, son necesarias para nuestro actuar, para ser genuinamente libres. Y termino este post con una invitación: reflexionen acerca de cuáles son sus convicciones, analícenlas, cuestiónenlas y consideren si realmente les convencen del todo. Finalmente, para “tener los pies en la tierra” necesitamos primero a la tierra.

Un comentario en “El twitter filosófico

  1. Un gran artículo, sin duda. Personalmente creo que bajar de las convicciones, con pretensión objetivadora, a las opiniones, como la subjetividad necesaria para actuar, nos hace mas sabios, porque nos aporta la dosis de escepticismo interno necesario para dar forma a la prudencia. Y sin embargo, creo que tenemos algunas convicciones que ahora se expresan de manera negativa: no tenemos una idea de como algo debe ser, sino que nuestras “tripas” nos advierten de aquello que no debe ser … y esa es la única guía en el imprevisible discurrir del devenir común. No quiero decir con “tripas” que apele a una especie de iusnatualismo, sin embargo es un término que me parece subjetivamente apropiado para explicar la percepción de esas convicciones negativas, que se sienten como un puño apretándote el estómago ante las “visiones” apropiadas para hacer saltar el resorte de la moral.

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