El tiempo no es igual para todos

Por: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Recuerdo un día que me encontraba en Nueva York con mi amigo Juan Pablo, pianista egresado de la Manhattan School of Music, comiendo en un restaurante. La conversación tomaba varios rumbos, pero uno de ellos llamó especialmente mi atención cuando me enseñó la temporada de conciertos de la Orquesta Filarmónica de la UNAM impresa en un catálogo. La gran labor de la UNAM en este catálogo incluía no solo las obras que iban a presentarse durante aquella temporada sino también sugería versiones grabadas por grandes intérpretes, orquestas y directores. Entonces, por supuesto, me dirigí al repertorio para piano que iba a ser interpretado y vi que iban a presentar el concierto para piano No. 1 de Piotr I. Tchaikovsky con el gran pianista mexicano Jorge Federico Osorio. Las versiones que sugería escuchar al público la OFUNAM para prepararse para disfrutar este concierto eran prácticamente todas de Martha Argerich, legendaria pianista argentina; sugerían distintas orquestas, directores, grabaciones de varios años, pero siempre Martha Argerich. Ella tiene, sin lugar a dudas, una de las mejores propuestas que hacer con este concierto.

Esto obligó a que nuestra conversación se enfocara en una idea: habiendo escuchado una gran versión de Argerich con el concierto de Tchaikovsky, ¿quién podría superar tal destreza, pianismo, virtuosismo y a la vez profundidad poética en su interpretación? “Nadie”, decíamos. “Absolutamente nadie en el mundo puede llegar a interpretar de esa manera el concierto; es simplemente insuperable”. Por supuesto no nos referíamos al nivel, ya que grandes pianistas han llegado a hacer historia con la interpretación de esta pieza; mas bien nos referíamos al tipo de virtuosismo que sólo Argerich tiene. Y cuando escuchamos una versión mas reciente de ella, se escucha una pianista más madura. Nos hace disfrutar muchísimo más del concierto, dándonos una versión aún mejor. Entonces escuchamos otra versión, aún más reciente, y nuevamente nos deja con la boca abierta.

¿Por qué un artista crece con el paso del tiempo y tiene, a pesar de las limitaciones de su cuerpo debido a la edad, muchísima más capacidad para desempeñar su trabajo que cuando era joven y fuerte?

Entonces pensé en comparar un artista con un deportista y me di cuenta que el tiempo de vida productiva de cada uno es muy distinto. Para un deportista lamentablemente el tiempo termina cuando su cuerpo empieza a decaer; y aunque Cuauhtémoc Blanco haya elevado su nivel de juego con el paso de los años no podrá seguir siendo parte de la selección cuando cumpla cincuenta. Para un artista el factor físico es muy importante, pero la falta de condición de su cuerpo es sustituida por una madurez estética. Quizás el ejemplo más claro que me viene a la mente sea el pianista ruso Vladimir Horowitz, quien a sus 75 años de edad ofreció una versión apabullante del tercer concierto de Rachmaninoff, famoso por su dificultad y monstruosidad técnica que demanda al pianista una entrega total de su cuerpo y sus tablas artísticas.

 

A mi juicio, esta versión es una de las más elevadas de este concierto. Horowitz hace parecer esta magna pieza como si fuera fácil, y es que con el paso del tiempo realmente lo es. Para él fue “fácil” porque con la madurez que había logrado en ese entonces logró optimizar todos los recursos técnicos y economizar todos los esfuerzos para poder tocar el concierto casi sin moverse y por lo tanto hacer uso de su cuerpo únicamente cuando es necesario.

¿ Qué deportista sigue ejerciendo a los 75 años?

El pintor español Pablo Picasso alguna vez comentó que cuando era muy pequeño pintaba como adulto, pero le llevó toda su vida desarrollar su capacidad para pintar como niño, tendencia que quería lograr para definir su línea artística en su mundo cubista y abstracto.  Meryl Streep no es la misma actriz en Kramer vs. Kramer  que en Julie and Julia, a pesar de su edad.

Así pues, queridos lectores, tanto el artista como el deportista crecerán en su calidad hasta que su cuerpo lo permita, pero al artista el cuerpo le rendirá muchos más kilómetros.

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