#Teletón

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

A mi hermano Ricardo, el ángel de mi familia.

“Obra de tal modo que uses a la humanidad,

tanto en tu persona como en la persona de

cualquier  otro siempre como un fin al mismo

tiempo  y nunca solamente como un medio”.

(*Formulación del imperativo categórico como fin en sí mismo).

-Emmanuel Kant

En el fin de semana que acaba de pasar tuvo lugar el ya clásico y conocido espectáculo llamado Teletón, del cual ya todos sabemos y conocemos “las oscuras y tergiversadas leyendas” que carga en su espalda: que si es un medio de quien lo organiza para deducir impuestos y que incluso con tanto dinero termina esta empresa con saldo a favor ante hacienda, etc.…

Antes que nada quisiera dejar bien claro que no estoy en contra de ayudar a personas que lo necesitan debido a que sus capacidades (intelectuales o físicas) son menores a las de una persona normal. No crea que las siguientes líneas tendrán como fin discriminar, ni mucho menos. No podría ni discriminarlas ni negarles mi ayuda, puesto que tengo un hermano con estas características al que amo, respeto y ayudo de todo corazón.

Dejando a un lado los sentimentalismos lo que quiero poner en duda (sin pretender tener la razón, quizá me equivoque) por un momento, es el espectáculo que se ha creado para ayudarlos. Kant, el filósofo del deber, hablaba del imperativo categórico como el modo que toda la gente debería comportarse para llevar una vida buena y virtuosa. Este imperativo categórico tiene al menos tres formulaciones según para lo que se aplique (a la acción, a la persona o a la naturaleza). La formulación del imperativo categórico que nos indica cómo tratar a la persona es la cita textual que abre esta reflexión (*). Lo que quiere decir esto es que toda persona por el hecho de serlo debe ser siempre la finalidad de una acción y no sólo un medio. Es decir, cualquier acción que hagamos tiene que beneficiar a las demás personas (teniéndolas como fin) y no sólo utilizarlas para obtener lo que deseamos (al usarlas como medio).

Este argumento, quizá de modo implícito, es muy ocupado a la hora de criticar a la publicidad actual, pues la queja es que los publicistas relacionan lo que quieren vender (donde vender es la finalidad de la publicidad) –a veces subliminalmente, a veces directamente– con sexo. Cuando uno ve esos anuncios le dan ganas de comprar el producto para ser tan sexy como quien lo anuncia, o para conseguir una pareja tan sexy como quien lo anuncia. Sentirnos sexys nos causará bienestar. Los publicistas nos mueven por el sexo, uno de los más fuertes instintos. De este modo están degradando a la persona utilizada para la publicidad, volviéndola solo un instrumento, un objeto. Como todos ustedes estarán de acuerdo, un instrumento sólo es un medio para obtener un fin (vgr. Un celular es un medio para comunicarse con otra persona, por tanto  la persona en este caso es el fin). Así, esos anuncios van en contra del imperativo categórico, pues toman a la persona sólo como medio, y no como un fin.

Desde mi punto de vista, el Teletón hace un poco lo mismo. El fin de ese espectáculo (recuerdo, desde mi punto de vista) es obtener una suma de dinero mayor a la del año anterior. Durante ese momento sólo importa eso, conseguirlo a como dé lugar. El medio para conseguirlo son todas esas personas que participan. El Teletón trata de convencernos, no mediante sexo como lo hace la mayoría de la publicidad, pero sí a través de sentimientos dolorosos: tristeza, lástima, compasión… Al igual que en la gran mayoría de la publicidad, en el Teletón la persona se ha vuelto un instrumento, un objeto para conseguir un fin. Nos incitan a ayudar y ayudar nos genera bienestar. Y no me refiero sólo a las personas discapacitadas de quienes cuentan sus anécdotas y salen en el escenario. También convierten en objeto a todos los artistas quienes actúan para convencer al público. Tanto discapacitados como artistas se vuelven en ese momento objetos, instrumentos, sólo medios y no fines.

Tan grave me parece utilizar a una persona para generar deseo sexual y convencer así de consumir, como utilizar a una persona para generar tristeza, lástima y donar dinero.

En esta ocasión no sólo quisiera criticar y poner sobre la mesa las cosas que veo éticamente mal, pero sin proponer nada. Una playa se conforma de pequeñitos granos de arena. Normalmente uno no tiene los recursos ni el tiempo para ayudar a todo el mundo, pero sí para ayudar a quien está en nuestra casa, a quien vive con nosotros, a quien es nuestro familiar y nuestro amigo. La invitación hoy es esta: comencemos con ayudar a una persona cercana a nosotros (sea o no discapacitada) hagamos acciones donde la tomemos como fin y no como medio. Pongamos sólo un grano de arena cada uno y formemos entre todos una playa. Yo no he donado al Teletón, pero he apoyado a las personas discapacitadas porque día con día ayudo a mi hermano en la medida que mis capacidades me lo permiten. Ese es el grano de arena que yo pongo para comenzar a formar una playa.

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