Las empresas cuidan al mundo

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Por: Juan José Díaz Enríquez

Somos seres necesitados de cuidado. Empresarios, recuérdenlo todos los días: es desde el cuidado de donde emerge su irrenunciable responsabilidad social.

Muchas veces hemos leído la importancia de cuidar a las personas, al medio ambiente, a las comunidades, sin embargo, por lo general aventamos el énfasis hacia la segunda parte de la oración: hacia el algo que debe ser cuidado. Hagamos un ejercicio diferente: pongámos énfasis en el cuidado de sí mismo.

Todas las empresas, en virtud de su existencia en este mundo, están en relación con el mundo que las rodea. Esta relación se descubre mediante los verbos más usados en la jerga empresarial: producir, cultivar, usar, abandonar, dejar perderse, emprender, llevar a término, discutir, determinar, entre otros. Lo interesante es que estos verbos ponen de manifiesto la naturaleza de la relación de la empresa con el mundo: todos nos hablan de un ocuparse.

En alemán, ocuparse se dice con el verbo “Besorgen” que tiene dos características interesantes: 1) en ella misma la palabra se esconde el verbo “cuidar”, Be-sorge-n; y 2) además de ocuparse, el verbo también puede usarse como procurarse algo en el sentido de conseguirlo. Así, cuando la empresa se ocupa de algo, lo cuida y lo procura.

Quiero notar una particularidad de este verbo. Cuando una empresa compra o vende realiza una acción que, inmediatamente ocurrida, desaparece. No existe una empresa que compra y venda todo el tiempo y sin descanso. Todas las actividades empresariales son intermitentes. Todas, salvo el ocuparse. La empresa, por el simple hecho de existir en el mundo, se ocupa de ese mundo sin ninguna intermitencia. Dicho de otro modo: cuando una empresa deja de ocuparse del mundo, deja de existir.

Esto tiene consecuencias muy importantes para las empresas porque ellas no tienen un mundo circundante. Las empresas no poseen el conjunto de cosas que las rodean, así que no ejercen dominio real sobre él. Lo que llamamos “grupos de interés” no son propiedad de la empresa ni efecto de ella. Por el contrario, la empresa aparece en medio de esos grupos de interés que le permiten existir.

La empresa tiene una responsabilidad con sus grupos de interés y es prioritaria incluso a su actividad. La responsabilidad empresarial surge del mundo que rodea a la empresa y que le ha permitido existir, nunca de ella ni de sus convicciones. Si una empresa busca ser responsables a través de la visión del dominio del mundo, a lo más que llegará es a hacer filantropía, pero se quedará coja frente a la realidad.

Este ocuparse propio de la empresa puede definirse como: un anticiparse a sí (porque no depende de la empresa, sino del mundo que ya estaba ahí cuando la empresa apareció) estando ya (porque no puede darse sino hasta el momento exacto en que la empresa aparece) en un mundo (que es quien da esta posibilidad). Lo repito, el ocuparse de una empresa es un anticiparse a sí estando ya en un mundo.

Parece muy complicado pero no lo es. Lo único que acabamos de hacer es definir la actividad primordial de cualquier empresa y mostrar cómo desde ella aparece la responsabilidad social a la que está atada.

Este ocuparse es, entonces, cuidar del mundo circundante. La responsabilidad social empresarial no es otra cosa que la actividad originaria de toda empresa.

Cuidar al mundo no es ser hermanita de la caridad preocupada por no cortar árboles y por dar buenos alimentos en el comedor de empleados. Todo eso son actividades secundarias. Cuidar al mundo es volverse a él y ser capaces de verlo en su totalidad. Los latinos llamaban a esta capacidad la circunspección: ver todo lo circundante. Cuando una empresa es capaz de esta circunspección entonces cuida al mundo, o dicho en palabras más comunes, cuando una empresa sabe ver al mundo que la rodea, encuentra fácilmente las propuestas de valor necesarias para ese mundo. (Recuérdese ahorita que “valor” es, dicho rápido y mal, aquella cosa que satisface una necesidad concreta).

Cuando la empresa se atreve a cuidar al mundo se obliga a hacer un ejercicio de circunspección que le arroja las necesidades de sus grupos de interés. Cada necesidad se satisface con un valor concreto y ese valor es el que la empresa debe ser capaz de ofrecer. Cuando los grupos de interés reciben esas propuestas de valor, entonces la empresa está siendo socialmente responsable.

Esto no quiere decir, bajo ninguna circunstancia, que la responsabilidad social de una empresa sea solamente generar los valores económicos y prácticos propios de su giro de negocio. La responsabilidad social no es producto ni efecto de la actividad productiva de la empresa. Lo que quiere decir es que el cuidado que la empresa ponga en su mundo debe ser una verdadera propuesta de valor. Todo lo demás son galimatías y sueños efímeros o lavaderos de conciencias.

Cuando una empresa comprende su actividad originaria como un ocuparse del mundo, y cuando este ocuparse lo acepta como un cuidado de todos sus grupos de interés, entonces se erige como institución autónoma que realiza acciones concretas de responsabilidad social. No por moda, ni por marketing, ni por obligación con terceros (Global Compact o medio ambiente, lo mismo da), sino por la aceptación de una normativa moral interna que abraza de manera libre. A partir de esta autonomía la empresa pasa de un estado de introspección (ensimismamiento) a uno de circunspección (cuidado, ocuparse de) que le permite ponerse al servicio del mundo y entimemáticamente a la persona en el centro.

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