Reivindicación del error

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

 

Hay una frase que me gusta mucho de Woody Allen que dice: “si no te equivocas de vez en cuando, es que no lo intentas”.

El ser humano en general le teme al error, a nadie le gusta equivocarse. Sin embargo, todos podemos reconocer que es necesario tropezarse de vez en cuando para aprender a pararse. Somos seres que estamos hechos para aprender de nuestros errores, cualquiera puede aceptar esto en la teoría, ¿pero cómo funciona en la práctica?

Hace algunos años, un amigo mío que trabajó en una empresa japonesa me contó una anécdota que me llamó mucho la atención al respecto de nuestra reacción ante los errores. El jefe de la compañía vino desde Japón para visitar la planta que tenían en México. Mientras él estaba aquí, uno de los empleados mexicanos cometió un error con repercusiones fuertes para la empresa. Cuando el jefe intentó investigar qué había pasado, todos se aventaban la bolita y nadie tomaba la responsabilidad por lo sucedido. El empresario japonés, bastante consternado, le dijo a mi amigo: “No entiendo qué pasa. En Japón, si alguien comete un error pide perdón y lo corrige. Aquí parece que no lo quieren corregir.”

Mi amigo le tuvo que explicar que no era ese el problema; no es que no quisieran corregir el error, es que les daba miedo reconocer que lo habían cometido porque no querían que los regañaran. La perplejidad del jefe japonés puede parecernos graciosa dentro de la anécdota, pero creo que también nos enseña algo sobre nuestra cultura laboral. La reacción del empleado fue intentar esconder su error para evadir las consecuencias. Le tenía miedo al regaño del jefe al igual que un niño pequeño le teme al castigo de su mamá cuando hizo una travesura. Es una muestra de inmadurez que, desgraciadamente, se da en todos los niveles de trabajo, incluso entre directivos.

Me parece que esta situación se da porque le hemos dado un mal enfoque al error. Lo vemos como algo que no debe darse bajo ninguna circunstancia, y que debe ser penado severamente. Y no sólo en México, pues el deseo de perfección es algo natural en el hombre. Sin embargo, aunque sea algo normal, debemos ser capaces de entender que es inalcanzable. El ser humano es falible, ni modo, pero esto no es tan trágico, pues, más que una debilidad, podríamos considerar a esta falibilidad como una oportunidad para fortalecernos.

Los errores son inevitables, pero no son tan terribles como pensamos, en especial si podemos aprender de ellos. Las equivocaciones, salvo en casos muy reducidos, no son fatales y eso es algo que tenemos que lograr transmitir en la cultura de nuestras empresas.

Correr riesgos implica equivocarse de vez en cuando. No es coherente pedir innovación, creatividad y nuevas propuestas al equipo de trabajo para después reprenderlos severamente por los errores. Siempre que se emprende se corren riesgos, y cuando suceda un error, hay que asumirlo y resolverlo, no cortar cabezas. A lo mejor, si el empleado de la empresa japonesa hubiera conocido la forma de pensar de su jefe, no se habría escondido de él.

También me parece importante recalcar que esto no es algo propio de los empleados: los líderes también pueden equivocarse y deben reconocer sus faltas (incluso reírse un poco de ellas) para que el equipo comprenda que es natural cometer errores y que no les teman tanto. También el líder (y especialmente él) debe aprender de sus propios errores y de los errores de los demás. En él cae la responsabilidad de investigar qué pasó, llamar la atención al equipo y hacer que comprendan en dónde estuvo la falta, cómo se puede remediar y qué hacer para no volver a cometerla. Enojarse y sacar la frustración y el estrés en la persona que se equivocó no va a ayudar en nada, es importante hacer todo el proceso de aprendizaje en conjunto.

El jefe también debe saber cuándo llamar la atención y cuándo apoyar a alguien que ya de por sí se siente abatido por las consecuencias de su error. A veces sirven y motivan más el apoyo y la comprensión que el regaño. Ahora, esto no significa que los errores deban ser bien vistos y que se promuevan, para nada. Simplemente propongo que se vean como algo que de hecho puede pasar -dada la naturaleza humana- pero que también se pueden corregir y evitar en futuras ocasiones, siempre y cuando se reconozcan y se aprenda de ellos.

Me gustaría terminar con una cita del gran poeta alemán Johann Wolfgang Goethe, que refleja en una frase lo que yo intenté desarrollar en todo este post: “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.”

 

 

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