Un laberinto multiforme

Typographic Links, Dan Collier, 2007

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

 

Imagina que caminas por un laberinto. Cada vez que eliges un camino distinto llegas a una pequeña sala que parece ser el centro. Después de un rato te das cuenta de que cada una de estas salas es de hecho el centro, pero ese centro se desplaza conforme tú te mueves. Además, a medida que caminas el laberinto se va ampliando en la dirección que hayas elegido. No tardas en darte cuenta de que no sólo descubres nuevos senderos, sino que vas construyéndolos con tus elecciones.

Por si fuera poco, tienes la posibilidad de explorar varios senderos a la vez, dejando en pausa uno u otro mientras averiguas qué te espera al final de un tercer o cuarto trayecto. El laberinto está en constante reconfiguración, su forma obedece al ritmo y a la dirección de tu propio andar. Parece interminable, pero también puede tener salidas cada vez que tú así lo deseas.

¿Te parece inverosímil? En realidad este laberinto es muy parecido a la experiencia de leer en un entorno virtual. Al leer este post por ejemplo, puedes encontrarte con un enlace que te conduzca a reflexiones similares vinculadas con las ciudades, con el arte o con la filosofía. Si decides seguirlos, abrirás caminos alternos que muy probablemente te conduzcan a su vez a otros sitios en un trayecto que puede alcanzar dimensiones tan grandes como tu curiosidad lo exija. El tema principal en cada caso irá variando ligeramente, como si el centro del laberinto se desplazara gradualmente conforme tú avanzas.

Los caminos que explores pueden resultar divergentes, convergentes o sólo paralelos. Será casi imposible obtener un mapa total del laberinto, pues sólo conocerás las rutas que recorras y a medida que las recorras. Estas rutas se entrelazarán con aquellas seguidas o construidas por otros internautas de modo que irán dando forma a una red creciente y vertiginosa en constante movimiento. Esta red no obedece a un discurso único, sino que articula múltiples discursos interrelacionados.

En muchas ocasiones a lo largo de este trayecto, tendrás la oportunidad de comentar la información que encuentras, de complementarla o incluso de alterarla. A través de la información que leas, comentes o generes irás configurando redes que te vinculan con otros usuarios.

A diferencia de la lectura de textos impresos, la lectura virtual es flexible y efímera. Su versatilidad difumina la distinción entre productores y consumidores de información, pues como usuario se tiene la oportunidad de moldear el texto, aumentarlo, matizarlo y redirigir su flujo. La lectura aún es lineal, pero se vuelve breve y multiforme, con variadas líneas posibles que se desarrollan de modo simultáneo y que admiten la coexistencia de opiniones diversas. Aunado a esto, la lectura virtual se enriquece con imágenes, vídeos, sonidos y demás contenido multimedia que forma parte irrenunciable de la experiencia.

Muchos dirán que estas características no hacen más que desviar la atención del lector, que la lectura virtual favorece la dispersión y que conduce al usuario por breves lapsos de concentración que no alcanzan la profundidad que caracteriza la lectura de textos impresos.

Pese a que efectivamente es sencillo perder el rumbo en el laberinto de lo virtual, el riesgo es bajo si hace posible disfrutar de las ventajas enumeradas arriba. Basta recordar el miedo que invadió a los eruditos con la llegada de la imprenta: el pensamiento se volverá volátil, decían, se mezcla con el aire. Así lo cuenta una cita de Víctor Hugo que, por cierto, es el centro de las investigaciones de un editor mexicano en estaUniversidad-editorial Holandesa. La lectura virtual es, en efecto, volátil y efímera, pero también es accesible, autodirigida y responde a los intereses del lector.

Las estrategias de lectura virtual se encuentran aún en su fase inicial, pero el panorama que ofrecen parece inquietante y atractivo. Quizá la forma de recorrer la red sea similar al modo en que funciona nuestro pensamiento. Ojalá que sus desconcertantes implicaciones abran pronto nuevos caminos en la educación, la investigación, la literatura y el encuentro con otras mentes. Entre tanto, les dejo un camino más: El jardín de los senderos que se bifurcan, un relato en el que Jorge Luis Borges lleva este esquema a regiones aún menos sospechadas.

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