La comensalidad y Hayao Miyazaki

Por: Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Cuando contamos una historia y hablamos de mundos de fantasía distintos al nuestro en muchos sentidos, es muy importante que el expectador o lector se sienta transportado a este nuevo mundo para que pueda comprender mejor la historia que se le está contando y le encuentre el gusto o le saque el mayor provecho posible.

El famoso director japonés Hayao Miyazaki es un conocido experto en crear mundos fantásticos en cada una de sus películas y también un aclamado contador de historias. Los mundos de Miyazaki, aunque presentados a nosotros en películas de dos horas o menos, se siente reales, complejos y completos.

Uno de los recursos que Miyazaki utiliza para transportarnos a sus mundos de fantasía es mostrarnos las costumbres cotidianas de sus personajes, incluyendo, desde luego, su gastronomía. Al hacernos partícipes de un convivio comensal con sus personajes, nos hace próximos a ellos, nos hace sentir como si los conociéramos, como si nos aceptaran en la intimidad de su historia para vivirla a su lado.

En la ganadora del Oscar, “El viaje de Chihiro”, por ejemplo, Miyazaki utiliza este poder unificador de la comensalidad en varias maneras. Los padres de la protagonista, Chihiro, rompen las reglas de comensalidad de un mundo mágico de dioses al que acceden por accidente al tomar comida sin autorización y son convertidos en cerdos por ello. Chihiro se niega a participar del robo y se salva del castigo, pero termina sola en el mundo de los dioses y comienza a desaparecer, por no pertenecer a él. Convidada por un misterioso chico a compartir el alimento con él, Chihiro se integra a ese mundo y ya no desaparece. Durante el resto de la película los alimentos son utilizados como premios, como objetos de deseo, gula y ambición (con su negativa consecuencia) e incluso como medicina mágica.

Compartiendo la comida de un mundo diferente.

En otra famosa película, “El increíble castillo vagabundo”, la comensalidad es utilizada también por Miyazaki para señalar la diferencia entre un simple lugar para vivir y un hogar. La mesa que se nos muestra al principio de la película dentro del castillo (sucia, descuidada, informal, sin modales) denota la ausencia de felicidad en él. Sophie, una inusual “anciana” de 90 años, llega a la casa y les mete orden y rompe los esquemas al preparar ella misma un desayuno del que todos participan y a partir del cuál se empieza a desarrollar una cercanía entre todos los personajes, que terminan siendo una verdadera familia. Por cierto, el dueño del castillo está bajo una terrible maldición por haberse bebido una estrella…

¡Qué falta de modales!

En ambas películas existe una curiosa situación: personajes que parecen villanos al principio resultan ser simplemente humanos, y tanto Chihiro como Sophie terminan compartiendo los alimentos con ellos, demostrando que una buena comida puede eliminar los resentimientos y resulta una actividad reconciliatoria muy efectiva.

Comiendo con los "malos".

Los ejemplos abundan y podría extenderme, pero prefiero que ustedes me compartan qué otros momentos de comensalidad encuentran en las películas de este gran director que, al comprender tan bien la mejor parte de nuestra humanidad, nos deleita constantemente con gastronomía de fantasía en su trabajo.

Itadakimasu! (¡Buen provecho!)

3 comentarios en “La comensalidad y Hayao Miyazaki

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