5 pasos para definir los valores de mi empresa

Por: Juan José Díaz

twitter: @zoonromanticon

 

¿Cómo puedo definir los valores de mi empresa? Es una pregunta que pocas veces es formulada, pero que vive escondida en la mente de muchos directivos y dueños de empresas.

Gracias a la vorágine axiológica que heredamos del siglo XX muchas empresas han intentado desarrollar un código de ética que contenga valores morales que les ayuden a hacer bien las cosas. En estos ejercicios uno encuentra valores tan variados como: puntualidad, honestidad, clientes exitosos, rentabilidad, integridad…

En un intento por aclarar lo que sí son y lo que no son los valores, muchos consultores y conferenciantes hacen malabares argumentativos que terminan por confundir más a sus clientes. Yo mismo he tomado cursos donde el expositor argumenta, al mismo tiempo, que un valor es algo relativo (dependiente de las circunstancias y del tiempo), pero que si se modifica es síntoma de nuestra incoherencia. En una palabra: según él, los valores son relativos y absolutos al mismo tiempo.

Otros introducen los “principios” como una especie de supra-valor que le da sentido al ejercicio de nuestros valores. Son valores que no se mueven jamás porque los encontramos dignos de ser respetados siempre. Y entonces las empresas tienen una declaración con principios inamovibles y con valores medio relativos.

¿Y al final qué se hace con ello? Honestamente no tengo idea. Entre tantas vueltas y complejidades siento vértigo y mareo, y no dudo que muchas empresas se sientan igual.

Para resolver este problema podemos seguir los siguientes 5 pasos que le darán a nuestra empresa la declaración de valores que busca, sin tanta complicación innecesaria:

 

  1. Haga una lista de las cosas que son importantes para su empresa

Piense todas las cosas que son importantes, sea exhaustivo. No importa si cree que son poco o mucho importantes. Si lo son, anótelas. Ejemplos de estas listas pueden incluir: “la ética”, “ser puntuales”, “vender mucho”, “no robar”, “ser felices”. No incluya objetivos propios de la estrategia o de su plan de negocio. Ejemplos de lo que no debe poner: “cambiar de oficinas”, “aumentar 100% las ventas”, “demandar a Juan”.

 

  1. Jerarquice su lista

Jerarquizar significa ordenar los elementos de su lista según alguna prioridad. Usted pone la prioridad: ¿qué es primero para usted, vender mucho o ser puntuales? Sea honesto. Al final deberá tener una lista donde hasta arriba tenga las cosas más importantes y hasta abajo las menos.

 

  1. Esté dispuesto a renunciar a lo menos importante o a lo que genera contradicciones

Es posible que en la lista aparezcan contradicciones. No es posible que sean importantes tanto la puntualidad como la libertad de horarios, por ejemplo. Tiene que escoger qué es lo verdaderamente importante y sacrificar lo otro. También es posible que los últimos lugares en su lista no sean tan importantes como para defenderlos. Reduzca su lista lo más que pueda, un buen parámetro es no excederse de 5 cosas verdaderamente importantes.

 

  1. Responda la pregunta “¿qué hábitos buenos necesito para conseguir lo que me es importante?”

Un hábito es una acción libre que se realiza automáticamente. Lavarse las manos después de ir al baño o cepillarse los dientes después de comer son hábitos, porque podríamos no hacerlos pero estamos tan acostumbrados que nos salen en automático. Pues bien, así como hay hábitos buenos para la salud (lavarse las manos y los dientes), también los hay para conseguir las cosas que son importantes. Por ejemplo, si me es importante “la calidad” los hábitos buenos que me llevan a alcanzarla pueden ser “persistencia”, que es el esfuerzo de alcanzar una meta a pesar de los obstáculos.

 

  1. Responda la pregunta “¿qué hábitos malos me alejan de lo que es importante?”

Los hábitos también pueden ser malos para mis objetivos. Fumar es un hábito malo si mi objetivo es la salud pulmonar, por ejemplo. Una vez que tenga los hábitos buenos piense qué hábitos lo separan de las cosas importantes. En el mismo ejemplo de “la calidad”, un hábito malo es “la desidia”, que es el poco esfuerzo para alcanzar una meta.

Al final le quedará un cuadro o una tabla donde vea las cosas importantes para su empresa, así como los hábitos que lo acercan y que lo alejan de las mismas. Esa tabla es su declaración de valores. Cada cosa importante es un valor y de cada hábito puede deducir los comportamientos que espera de sus colaboradores.

Esta tabla incluso le permitirá medir con cierto grado de acierto qué tanto se acerca su empresa a sus valores y cuán grande es la brecha que todavía falta por recorrer.

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