Un giro de 137.5 grados

El otro día, leyendo la versión electrónica de la HBR me topé con dos videos que me hicieron mucho sentido a la luz de la responsabilidad social. Uno es el que encabeza este texto, el otro lo pueden ver aquí.

En resumen, ambos videos comparten la inquietud de transmitir contenidos complejos de un modo novedoso. Y fue a partir de ellos que caí en la cuenta de lo que la RSE puede (y debe) aprender del pensamiento creativo.

Hoy sabemos que para generar valor económico y social, las empresas tienen tres rutas establecidas y probadas:

  • Expandirse hacia mercados de bajos ingresos
  • Redefinir la productividad dentro de su cadena de valor
  • Impulsar clusters sociales

Sin embargo, proponer estas tres rutas no resuelve el cómo hacerlo. Y el ejercicio creativo para seguir estos tres caminos es muy grande. ¿Cómo puede una empresa repensar la productividad con la que vive día a día? ¿Puede una empresa encontrar nuevas oportunidades de negocio en un sector desfavorecido económicamente?

Para resolver estas y las demás preguntas que surgen en el análisis de las tres rutas se necesita pensamiento creativo. Y es aquí donde entra el pensamiento creativo.

Kahn, el fundador de KahnAcademy encontró un modelo de transmisión de contenidos complejos tan eficiente que hoy es ejemplo de innovación educativa en los Estados Unidos. Su propuesta, a grandes rasgos, la podemos resumir en una inversión del modelo tradicional de aprendizaje: la tarea se hace en el aula y las lecciones se toman en casa.

Esto permite a los estudiantes vivir los ejercicios en un ambiente de colaboración (el aula) y avanzar en la asimilación de contenidos de un modo adecuado a las propias capacidades (en la casa, vía videos).

¿Cómo llegó Kahn a esta idea?

La respuesta la adiviné viendo el video sobre las series de Fibonacci y la disposición de las hojas de una flor… Ante la pregunta sobre cómo lograr que las hojas de una planta reciban la mayor cantidad de luz posible, llegamos a una serie de posibilidades que conforme son las más evidentes resultan, además, las menos eficientes.

La mejor respuesta es, interesantemente, la más “creativa” y menos evidente de todas: hay que organizar las hojas en un ángulo de 137.5º. Aunque propiamente no se puede hablar de una creatividad en la naturaleza vegetal, la analogía funciona.

Así como las plantas tuvieron que “imaginarse” una disposición óptima para sus hojas, así los empresarios necesitan descubrir esas disposiciones que permitirán ganar más “luz de sol” o, lo que es lo mismo, más participación de mercado, más utilidades, etcétera. Sin estas soluciones creativas, jamás podremos resolver los retos que implican la reinterpretación de la productividad dentro de nuestra cadena de valor, ni el desarrollo de clusters sociales ni, mucho menos, la expansión hacia mercados emergentes o desfavorecidos.

Mientras que como empresarios pensemos en opciones tradicionales, estaremos dando respuestas recurrentes a problemas repetitivos. ¿Hay que ganar más dinero? Vende más caro; ¿hay que reducir costos? Corre colaboradores; etcétera.

Kahn lo que hizo fue dar un giro de 137.5º al sector educativo. Y ese es nuestro reto como empresarios en nuestro propio sector. No podremos dar respuesta a los problemas sociales internos y externos a nuestra empresa si no somos capaces de dar ese giro en nuestro modo de pensar.

¿A cuántos grados acomodas tus oportunidades?

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