La efervescencia del arte

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

 

Muchas veces me ha sorprendido el optimismo furioso de los manifiestos vanguardistas, esas declaraciones de estilo que rebasan los límites del arte para dictar órdenes no sólo a la sociedad, sino a la vida misma. Los manifiestos me parecen extraordinarios, además, por la diversidad de formas que pueden adoptar: aunque la mayoría son escritos, también puede considerarse manifiesto una acción, una obra en particular, un performance o incluso el apropiarse de un espacio, como hicieron los dadaístas al fundar el Cabaret Voltaire.

El tono de los manifiestos suele ser un despliegue de energía, un derroche de entusiasmo que, no obstante, no puede reducirse a lo ingenuo, porque lleva detrás la experiencia de años de tensiones, crisis y enfrentamientos entre los países europeos, pero también un avance tecnológico imparable que trajo consigo la aparición del avión, el auto y el cinematógrafo, por ejemplo. Quizá sea por eso que muchos manifiestos tienen un tono tan atrayente: su efervescencia de ánimo y su voluntad de arriesgar van siempre acompañadas de la conciencia del absurdo de muchos aspectos de la civilización moderna, y la certeza de que el momento de su nacimiento está marcado por la urgencia.

Es notable, además, que el arte se toma como plataforma para lidiar con el rompecabezas social, político y económico de su época. Es decir, aunque los manifiestos son la apuesta entusiasta por un nuevo estilo artística, su ámbito de influencia no se limita al arte. La separación entre el trabajo artístico, el compromiso personal y el entorno social se diluyen y se ven involucrados en un mismo vórtice de acciones y de principios. El publicar o adherirse a un manifiesto significa asumir un cambio drástico de estilo de vida y buscar, desde la práctica artística, un ideal social específico.

Además, algunos manifiestos se implican entre sí, de modo que se entrecruzan en redes de voluntad que constituyen todo un tejido de máximas y vociferaciones. Sin embargo, aunque en efecto había coincidencias entre ellos, en su forma de expresar sus objetivos los manifiestos solían ser totalizantes, declarando sin reparos que era suya la nueva y auténtica forma de hacer arte (y de vivir), el nuevo estilo que debería adoptarse como hegemónico y que marcaba el camino que todos los demás deberían seguir. Aunque con tales declaraciones los movimientos vanguardistas construían mundos alternativos, cada uno de esos mundos excluía, por su tono y su voluntad total, a los demás. Las ansias de libertad y de expandir los límites los llevó a negar otras posibilidades. Por eso la era de los manifiestos también puede llamarse la era de la ideología.

Con los manifiestos, el arte se vuelve tema de sí mismo. Gira la mirada hasta sus propios medios y busca la pureza de su práctica. Al tiempo, se lanza a afirmar y dictar cómo debe ser el verdadero y único arte, dando como resultado una multitud de estilos únicos y con pretensiones hegemónicas, cada uno con la certeza de que encarnaba la esencia filosófica del arte. Se llevarían una sorpresa al dar un paseo por nuestra época, que ha dejado atrás los manifiestos y con ellos la exhuberancia de ánimo, las ambiciones y los alardes, para contemplar un vasto paisaje desnudo, sin límites. Después de ese frenesí de definiciones y redefiniciones, ¿cómo reaccionarían al escuchar a tantos decir que el arte actual escapa a la definición?

Los dejo con dos de mis manifiestos favoritos: el futurista (http://t.co/IESbvNp ), de Filippo Tommaso Marinetti en 1909, y el manifiesto estridentista (http://www.mexicanisimo.com.mx/anteriores/no7/siglos.html), de Maples Arce, Germán List Arzubide y otros, publicado en Puebla en 1923.

 

 

2 comentarios en “La efervescencia del arte

  1. Hola Liz, sólo quería sugerirte que en este tipo de textos estaría bueno que metieras algunas citas directas de los manifiestos que ejemplifiquen lo que dices. Hasta donde entiendo este sitio intenta ser introductivo o de difusión y los lectores que no conocen nada sobre el tema podrán leer al menos alguna cita directa. Al final, los manifiestos son textos de hace un siglo y su lectura no es de fácil acceso para el público en general.
    Saludos,
    Chema.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s