Piensa, trabaja, crea, comparte

Por: Margot Castañeda

Twitter: @martxie

“La investigación se afirma como nueva característica del proceso creativo culinario. Pero lo más importante es que se crea en equipo”

Ferran Adrià

 

Él es el cocinero más entrevistado y analizado de nuestra época, del que más se ha hablado y escrito en la historia. Ha sido aclamado por colegas como genio y profeta, venerado por aficionados, incomprendido por críticos, imitado por gran cantidad de cocineros de todo el mundo, acusado por otros tantos. Algunos están de acuerdo con él, otros no lo aceptan, pero todos lo toman en cuenta, quieran o no.

Ferran Adrià introdujo el elemento más sorprendente a la cocina de vanguardia: el desconcierto. Cambió la jugada de las sensaciones e invitó a los comensales a pensar los sabores y a expandir sus límites sensoriales. Con esta pequeña “locura” dio pie a toda una revolución.

Sin duda es el cocinero más influyente de nuestra época. Ha sido el más polémico y mediático de todos y todo lo que se puede decir de él, de su cocina o su restaurante ya se ha dicho. Así que no es mi interés en este espacio reflexionar sobre lo ya analizado, sino compartirles lo que realmente me cautiva de él: su gran habilidad de hacer mundo, de ser líder y de trascender a través de su trabajo.

El principal estímulo de Ferran Adrià fue la imaginación y la idea de elementos inexistentes. No se conformó con adaptarse a las tendencias de su actualidad, sino que tomó diferentes elementos de su entorno (ciencias, humanidades y artes) y construyó una ideología culinaria completamente nueva. Innovó.

Pero antes de ser lo que es, fue pionero y picó piedra: primero se dedicó a investigar y a experimentar, dio rienda suelta a su creatividad y se arriesgó a ser diferente. Después llegó a la cima del mundo gastronómico y comenzó una noble labor en pro de la responsabilidad social al compartir su conocimiento. Se dedicó, con la misma seriedad con la que trabajaba en la cocina, a documentar con fino detalle toda la información recopilada en su prestigiado taller, la organizó y la puso al alcance de todos (incluso de manera gratuita en su página web).

Su filosofía fue la libertad para crear y tuvo la delicadeza de vivir su propio lema, así que invitó a sus colegas a participar en su causa. Jamás pretendió ser el único, ni se molestó porque lo imitaran. Mucho menos censuró o “certificó” las contribuciones de otros cocineros, ni siquiera de los no famosos. Al contrario, preparó el terreno y compartió sus secretos para que sus homólogos supieran hacer lo que él hacía. Los alentó a formar parte de su historia, los motivó a crear y les enseñó el camino. Eso es lo que un líder hace.

Fue exitoso, influyente y muy poderoso. Pero también fue consciente del impacto que su trabajo tenía en el mundo y tomó la responsabilidad que esto implicaba. Supo que cada decisión y acción que tomaba, no sólo influía a su propia empresa, sino que moldeaba también la cultura gastronómica de su país. Trabajó con calidad, seriedad y, sobretodo, sinceridad. Preparó un legado y dejó que este viajara y se instalara en las cocinas del mundo. Trascendió como haría un líder.

Y después de trascender y llegar a la meta… se detuvo, re-pensó su proyecto y lo re-inventó. Cerró su restaurante y emprendió una nueva aventura con elBulliFoundation. Lo hizo de nuevo, se adelantó y comenzó a crear un nuevo mundo.

Ferran Adrià comprendió la importancia de la cooperación multidisciplinaria para hacer cocina innovadora, real y de calidad. Sabe que la receta para poner en alto cualquier actividad gastronómica que su país ofrezca al mundo, es la sinergia de diferentes talentos. Así, con elBulliFoundation está creando una comunidad y nos invita a ser parte de ella para trabajar con un mismo fin: libertad para crear nuevas experiencias gastronómicas. Esto es lo que un líder hace: impulsa la retroalimentación, interrelación y proyección de  muchas mentes creativas, cerebros activos que ansían derramar ideas.

La historia de Ferran Adrià, de elBulli y de elBulliFoundation, es en realidad propiedad de todos porque él así lo quiso, porque esa fue su forma de liderar un proyecto tan exitoso: piensa-trabaja-crea-comparte-enseña-retroalimenta-aprende. Es un círculo virtuoso y honesto que termina por fomentar el crecimiento y la madurez del tema gastronómico. Además, de este círculo de virtuosismo y cooperación resultan muchos beneficiados: su país y su gastronomía, sus colegas, sus alumnos, su empresa, sus socios y por supuesto: él mismo, como una de las más grandes figuras de la gastronomía en la historia. Un líder que supo inspirar a los demás.

No se trata de nada más admirar lo que otros hacen, sino de aprenderles lo bueno. ¿Será que nosotros, como moldeadores (mayores o menores) de la industria gastronómica en México tenemos algo que aprenderle? Yo creo que sí: piensa-trabaja-crea-comparte-eneseña-retroalimenta-aprende. Es una receta muy noble para lograr un trabajo sinérgico y exitoso en el tema gastronómico y de hecho, también aplicable a ejercicios de cualquier otra índole.

 

 

 

 

 

 

 

 

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