¿Tu discurso es escuchado?

Por: Ana Belén Díaz

twitter: @anabee2

Uno de los mayores problemas dentro de una empresa es la falta de comunicación, ya sea porque los canales están bloqueados o simplemente porque los empleados no sabemos comunicarnos.

Si es la primera opción, es necesario que los directivos detecten dónde se encuentran los obstáculos, que pueden ser desde la falta de una tecnología adecuada hasta el hecho de que el trabajador no sepa con certeza a quien debe llegar la información.

Pero cuando el problema viene porque no sabemos comunicarnos implica un mayor reto dentro de la estructura organizacional. El saber comunicarse es una habilidad que las personas deben aprender, pues implica el tener el control para permitir a otros hablar sin interrumpirlos, escucharlos y analizar lo que nos dicen, y al mismo tiempo ser capaces de hablar de forma clara y exponiendo nuestras ideas con un lenguaje adecuado para la persona que escucha.

Para este post me quiero enfocar en dos puntos importantes: la forma en la que hablamos y la forma en la que nos escuchan.

El primer punto que debemos tener en cuenta es el lenguaje: la forma en la que hablamos. Muchos directivos o especialistas utilizan términos técnicos de su área, pero no se ponen a pensar que no todas las personas los entienden. Así como el hábito no hace al monje, el lenguaje rimbombante no hace al experto; y dentro de las empresas y en la vida cotidiana es mejor usar palabras comunes y explicaciones básicas para que la gente entienda, que utilizar un lenguaje técnico (que en general es el correcto) pero que evita la correcta comunicación.

Por otro lado, tenemos la capacidad de concentración: la forma en la que nos escuchan. ¿Cuánto tiempo es capaz nuestro interlocutor de prestarnos atención? Cuando hablamos en conferencias o damos clases, esperamos que nuestro público se mantenga atento por lo menos una hora, pero al momento de estar en el trabajo diario es mejor concretar las ideas, ser puntual y quitar aquellas expresiones o ideas que no sean totalmente necesarias. Si lo hacemos, evitaremos que el trabajador se quede con “paja” en lugar de concentrarse en lo realmente importante del mensaje. Un consejo: evaluar el puesto que la persona desempeña y la necesidad de información que tenga es fundamental para decidir qué y cuánta información se debe dar.

Lograr una comunicación efectiva en todos los niveles de la organización es indispensable para una sana convivencia dentro de la empresa, pues ayuda a evitar conflictos, permite la resolución de problemas entre las personas y facilita el adecuado flujo de información para el funcionamiento de la compañía, tanto dentro como fuera de la misma.

En pocas palabras como diría André Maurois: “ No decir más de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta.”  Y añadiéndole “como haga falta” es el elemento clave para lograr una buena comunicación.

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