Y… ¿Dónde está la rentabilidad?

 

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Uno de los grandes retos de las pequeñas empresas que quieren ser socialmente responsables es encontrar el modo de volverse rentables. La creatividad propia de los emprendedores su pasión social muchas veces encuentran un camino escarpado hacia su rentabilidad. 

Y no es casual. Hay dos premisas que se esconden detrás de este problema y que solamente una vez que las hayamos resuelto podremos comenzar a caminar hacia nuestro ser rentables. La primera es la idea errónea de la separación entre los negocios y la bondad, o lo que es lo mismo, entre el ser rentables y otorgar un bien a la sociedad.

La segunda premisa es que hay cosas que no son rentables per se. Ésta quizá sea la más grave de las dos. Pensar que, por ejemplo, un músico se muere de hambre o que de la filosofía uno no puede vivir, son prejuicios tan arraigados que levantan una muralla infranqueable a la mente empresarial.

En sentido estricto, no hay nada que no pueda ser rentable. Las obras que no dieron de comer a Mozart, hoy son el producto estrella de disqueras que dan trabajo a mucha gente en todo el mundo. Los tres mosqueteros, una obra “invaluable” de la literatura francesa, se vendió por fascículos al periódico donde se editó y Dumas pudo disfrutar, seguramente, un vinito y algún jamón gracias a ellos.

La idea es la siguiente: la rentabilidad no es algo que se dé por sí misma. Tiende a esconderse detrás de las mejores ideas. El trabajo del empresario es encontrarla.

Muchas veces, la dejamos oculta por falta de imaginación, flojera, desesperación o porque es más fácil buscarla en otros lados. ¿Puede una orquesta ser rentable? Quién sabe, mejor hay que poner una fábrica de cajas…

¿Dónde está la rentabilidad?

La respuesta es: en el valor a la sociedad. Cuando descubrimos ese valor que le aporta un bien real a nuestros clientes, la rentabilidad comienza a brillar. Déjenme les platico un caso que ocurrió dentro de la misma Eudoxa.

Los filósofos tenemos muchas herramientas que no parecen ser rentables. La Teoría de la Argumentación es una de ellas. Durante dos años nos enseñan a construir, evaluar y validar argumentos que nos permitan alcanzar la verdad y persuadir a nuestros interlocutores. Créanme: pocas cosas son más áridas que dicha materia. Pues bien, con base en esta materia construimos un Taller de Pensamiento Crítico que se divide en tres módulos: Comunicación Efectiva, Negociación y Pensamiento Crítico.

Gracias a este taller nuestros clientes han podido capacitar a su personal en tres habilidades indispensables para cualquier trabajo: escuchar, llegar a acuerdos y analizar su propio pensamiento y el de los demás. Escuchar es la base de las relaciones laborales; llegar a acuerdos permite alcanzar metas que beneficien a todos; analizar pensamientos es la base de cualquier esfuerzo estratégico. Así, la Teoría de la Argumentación, árida como es, se ha vuelto uno de nuestros productos que más valor aportan.

¿Qué valor aporta tu empresa a la sociedad? En ese valor se esconde la rentabilidad.

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