Pensar con “dibujitos”

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

A las juntas de trabajo siempre llevo una libreta y una pluma, pues alguna vez leí que las ideas se procesan y se recuerdan mejor cuando las escribimos a mano que cuando las escribimos por medio de un teclado. Sin embargo, en una junta reciente estaba observando a una amiga del trabajo y vi cómo capturó una de las ideas que había dicho otro de nuestros compañeros: dibujó una pequeña caricatura del compañero y escribió a idea en un globo de texto que salía de su boca. Era un dibujito sencillo y muy pequeño, pero la idea encerrada en esa caricatura jamás se me va a olvidar. Este simple gesto de mi amiga me hizo pensar mucho sobre la importancia del pensamiento gráfico para el trabajo intelectual.

Las personas que nos dedicamos a pensar, en el más estricto sentido de la palabra, conocemos bien la relevancia del buen uso del lenguaje para la comprensión y transmisión de ideas. Particularmente a los filósofos se nos hace mucha burla por lo exigentes que somos en la precisión de los términos. Es clásico que en una discusión el filósofo interrumpa para hacer la odiosa pregunta: “pero, ¿qué están entendiendo por tal palabra?”. Y es que entendemos que las palabras se traducen en conceptos, y para pensar bien y estar de acuerdo, debemos coincidir en el entendimiento de los mismos conceptos.

Lo interesante del dibujo de mi compañera es que muestra que los conceptos también pueden ser transmitidos por otro tipo de abstracción distinto al de la palabra: la abstracción de la imagen.

Mi hermana, que es diseñadora, siempre se queja de que las demás personas suelen pensar que su trabajo consiste en “hacer dibujos bonitos”, cuando en realidad es una profesión que no sólo requiere creatividad y habilidades técnicas, sino también un profundo trabajo intelectual. Hace poco me estaba contando del logo de una compañía que se llama “Target”, que consiste en un círculo de color rojo con otro círculo más pequeñito en el centro. Es algo que cualquiera que sepa usar un vil Paint podría hacer, pero para llegar a esa idea hubo un trabajo previo para el que no cualquiera está capacitado. El reto del diseñador que creó ese logo fue lograr hacer una imagen simple y limpia que por sí misma resumiera y transmitiera una idea compleja. El grado de comprensión y abstracción que se necesita para llegar a eso es enorme, aunque el resultado se vea de lo más sencillo.

Afortunadamente para mi hermana, no todos creen que el diseño es un mero arte decorativo. Muchos pensadores se han dedicado a estudiar la importancia del pensamiento gráfico para el aprendizaje, la comunicación e incluso para hacer modelos de negocio. Roger Martin, director de la Rotman School of Management, afirma que las personas que se dedican a hacer negocios no sólo deben entender mejor a los diseñadores, sino que deben convertirse en diseñadores, es decir, pensar como ellos.

El trabajo de un diseñador implica apertura de pensamiento, pues tienen que buscar el mejor camino posible para crear cosas nuevas, descubrir y arriesgarse para generar varias opciones y transmitir ideas. Hoy en día, el papel del diseñador gráfico en la empresa no sólo consiste en hacer logos, páginas web e impresos, sino que también aportan en la generación de valor para los usuarios de los productos y servicios. Apple lo demostró con sus diseños: hoy en día no sólo compramos aparatos electrónicos funcionales, sino que también encontramos un valor en la estética de los mismos.

El pensamiento gráfico puede aportar mucho cuando queremos explicar conceptos muy complejos o relaciones de muchos conceptos. Las imágenes y dibujos nos ayudan a entender, a ver nuevos problemas y soluciones, a generar nuevas ideas. No es lo mismo explicar un problema con palabras que dibujarlo, pues las imágenes mandan un mensaje instantáneamente, son más rápidas, claras y se quedan con más fuerza en la mente de la persona que las ve, a diferencia de las palabras. El pensamiento gráfico facilita la creación y el trabajo en equipo, porque ayuda a tener claros los presupuestos y significados de lo que se está discutiendo: se obtiene mayor claridad y, por lo tanto, la calidad de la discusión aumenta.

Alexander Osterwalder e Yves Pigneur, autores del libro “Business Model Generation”, tocan el tema de la importancia del uso del pensamiento gráfico en los negocios, y mencionan que, por lo general, la gente que se dedica a pensar no sabe dibujar. Muchos pensadores y empresarios no usan este tipo de herramientas porque nos les da vergüenza que sus dibujos se vean infantiles o poco sofisticados, pero ellos recalcan que incluso los dibujos más básicos y burdos hacen mucho sentido, pues se apela a la imaginación de las personas.

Pero que no se nos olvide que las aportaciones que el diseño puede traerle a la empresa no se queda únicamente en las herramientas técnicas. Ya dijimos que el trabajo del diseñador no sólo consiste en saber usar los colores y las formas; también requiere la habilidad de imaginar lo que todavía no existe. A esto es lo que se refiere Roger Martin cuando dice que el empresario debe convertirse en diseñador: no sólo las herramientas, sino también la actitud del diseñador contribuye al éxito en la generación de modelos de negocio. Aprendamos, pues, a pensar como diseñadores.

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