Mujer y mundo laboral, ¿cómo va la revolución?

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

Sabemos que la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad de oportunidades con los hombres no ha sido una tarea fácil. Las falsas creencias que nos calificaban como incompetentes en el mundo laboral se fueron desmoronando con vigor en estas tres últimas décadas.

En los años 70’s cuando las mujeres comenzaron a integrarse a las escuelas de postgrado y a tomar banda en las carreras que antes estaban reservadas sólo para los varones (medicina, derecho, negocios) comenzó a gestarse una revolución.

Ahora que estamos insertas en el ámbito laboral hemos demostrado que somos un recurso humano proactivo y de suma importancia para el desarrollo social y económico a nivel mundial.

La economista Claudia Goldin menciona que son las mujeres quienes ganan casi el 60 por ciento de todos los grados de licenciatura, y más de la mitad de todas las maestrías y doctorados. Usualmente se piensa que la brecha salarial de género es desigual debido al machismo aún inserto en la cultura; sin embargo, Carrie Lukas, director ejecutivo del Foro de la mujer independiente, sostiene en el Wall Street Journal que las discrepancias salariales están vinculadas directamente con las decisiones de la vida y las opciones de carrera: las mujeres son menos propensas a tomar empleos que requieren mayor exigencia física. Sin embargo, los hechos nos indican que en estos 30 años, las mujeres han sido capaces de desempeñarse bien en el lugar que se propongan: desde el campo de batalla para defender la patria, hasta la oficina de director general de General Motors en México.

El INEGI reporta que por cada diez personas económicamente activas, seis son hombres (62.7%) y cuatro mujeres (37.3%). Ahora, uno de los principales retos a los que se enfrenta la mujer es la conciliación trabajo-familia. Es importante que a nivel de políticas públicas, empresarial y familiar se realicen ajustes que permitan que  la decisión de una mujer al formar una familia no sea excluyente con su  desarrollo profesional.

Jack Welch, ex CEO de General Electric, gurú de la gestión, dijo en una intervención en la conferencia anual de La Sociedad de Gestión de Recursos Humanos en Nueva Orleans: “Hay elecciones de vida y trabajo y cuando las toma tienen consecuencias (…) No hay tal cosa como un balance entre la vida personal y el trabajo”. Tomar un período de descanso para estar con la familia “puede ofrecer una buena vida”, dijo Welch, “pero las posibilidades de alcanzar la cima usando ese camino son menores”.

Duras palabras las del magnate Welch para las mujeres que queremos destacar en el ámbito laboral sin dejar la posibilidad de formar una familia. Sin embargo, la última palabra aún no está dicha; Nancy McKinstry, presidenta de la editorial holandesa Wolters Kluwer NV dice que las mujeres pueden “tomar unos cuantos años de licencia” para criar a sus hijos y aun así alcanzar la presidencia ejecutiva, éste fue su caso.

Otro punto de vista es el de Megan Basham, en su libro Beside Every Successful Man observa que la elección es como un binario. Basham propone que la mujer debería abandonar su carrera y poner toda su energía en ayudar a su marido avanzar en la suya. Su razonamiento es que se puede compensar la pérdida de un cheque de pago, poniendo en común los recursos para maximizar el otro. Además, escribe, las mujeres no quieren realmente las carreras: “Pregunte a un grupo de madres si quieren seguir trabajando a tiempo completo si no se tiene que hacer necesariamente y la respuesta abrumadora será: ¡No!”.

Una buena esposa, sostiene Basham, cuenta con “todo el maravilloso talento, inteligencia y habilidad que posee para ayudar a su esposo salir adelante”. El pago de esta actividad es: contar con más tiempo para compartir en familia y mantener la unión. El libro, como era de esperar, recibió críticas de azufre. Pero también llamó la atención.

Viendo esto: ¿Cómo va la revolución? ¿Hemos avanzado en la equidad? ¿Estamos las mujeres ganando terreno?  Hay argumentos estadísticamente maleables para apoyar a las tres posiciones previamente mencionadas. Como vemos la actividad de las mujeres fuera del hogar da mucho que reflexionar. Es un asunto que ha provocado un desajuste en el orden social establecido por lo tanto requiere de respuestas y trabajo en conjunto para modelar una sociedad más justa, que permita que todos sus miembros potencien sus capacidades y ejerzan sus derechos sin sacrificar su vida familiar o laboral. Para lograr este equilibrio es importante que participemos absolutamente todos los agentes sociales: familias, empresas, políticas públicas, pues el bienestar de las familias y de la sociedad en general no depende sólo de las mujeres.

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