Mi sociedad narcisista y su culto al cuerpo

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

En la actualidad muchos olvidamos el auténtico sentido y significado de nuestro cuerpo y lo reducimos a un objeto de consumo, de poder o de placer. Echemos un ojo, ¿con qué relacionas la siguiente lista de palabras?: dietas, pesas, silicona, peelings, cremas, masajes, cirugía plástica, tatuajes, perfumes, moda, estética, anorexia, light, lápiz labial, aeróbicos y rímel. Sin duda, las relacionas con el cuerpo humano y la sociedad de consumo.

El cuidado del cuerpo no tiene nada de malo, pero si este cuidado se vuelve obsesivo es un mal síntoma. En este siglo surgieron enfermedades que antes ni eran mencionadas, como la anorexia, la vigorexia y la bulimia, todas estas relacionadas a una distorsión de la autopercepción y autovaloración.

En el fondo, todos queremos ser aceptados, todos buscamos ser queridos. Muchos sabiendo esta necesidad, manipulan a las personas haciéndoles creer que el modo de alcanzar la estima de los demás es a través de la belleza estética y otros mecanismos superfluos (drogas, sexo desmedido) que generan sensación de “seguridad”.

Lamentablemente, vivimos en una cultura en la que nuestro cuerpo se reduce a su mera apariencia física, a ser un objeto de consumo más. Millones de personas invierten cantidades vertiginosas de dinero en sofisticadas técnicas de belleza.

El interés mercantil en la sociedad ha convertido al cuerpo humano como una nueva oportunidad de negocios. En los medios masivos vemos cómo se burlan o elogian a las personas sólo por su aspecto físico o su modo de vestir, a su vez muchas personas están dispuestas a exponer su intimidad sólo con el fin de ganar popularidad, lo vemos en programas como “Big Brother” y “Laura en América”,  entre otros.

Esta búsqueda de aprecio por medio del exhibicionismo y belleza estética son síntomas de una enfermedad social: el narcisismo.

El narcisismo actual se inspira en el mito de Narciso, joven cuya extraordinaria belleza atrajo a muchos pretendientes a los cuales trataba con desprecie e indiferencia. Un día Narciso se acercó a una fuente para saciar su sed, y al ver su reflejo en el agua se enamoró de sí mismo, y murió ahogado al tratar de abrazar su imagen.

La personalidad narcisista del siglo XXI se caracteriza por su egocentrismo, su ideal de belleza, su gran necesidad de admiración y prestigio, sus relaciones interpersonales superfluas e insatisfactorias, y el amor por su yo idealizado que no se corresponde con el yo real.

Havelock Ellis utilizó por primera vez en 1898 el término narcisismo para describir la tendencia psicológica a estar en constante contemplación de sí mismo. Un año después, Nake empleará el concepto para referirse a la perversión sexual de una persona que trata a su propio cuerpo como objeto sexual y hace lo mismo con el cuerpo de sus parejas. Como un ejemplo de esta situación, podemos citar el caso de “Casanova” de Fellini: En una fiesta, Casanova compite con un criado para determinar quién es capaz de tener más relaciones sexuales en un tiempo determinado. Toda la gimnasia sexual la realiza sin ningún goce  y sin ningún sentimiento de amor. Si bien, Casanova gana la competencia, en su triunfo narcisista contrasta con el dolor de su compañera sexual.

Basta con prender un momento la Tv y observar cómo se promueve el narcisismo. Los modelos a imitar son personas que tienen vidas superfluas, que se valoran y valoran a los demás según su peso, vestimenta,  poder adquisitivo y su relación con celebridades.

Vivimos en una sociedad cuya plataforma ideológica es la mercantilización y fetichización del cuerpo que define  el valor de una persona por su capacidad de darnos beneficios en términos de placer y de poder.

Este culto narcisista al cuerpo es consecuencia de la incomprensión de la dignidad de la persona y su valor, conlleva a la tergiversación de la direccionalidad del amor y de la comunicación. Me causa una gran tristeza que la veneración que hay hacia nuestro cuerpo no se deba a la profundidad y dignidad que conlleva, sino por el juego de apariencias que se maneja socialmente. Sin embargo, ésa situación es óptima para repensar sobre el valor de la persona y el sentido de su ser: Narciso muere no por amor a sí mismo, sino por el amor a la imagen de sí mismo. No debemos valorarnos por nuestra apariencia externa, sino por lo que realmente somos. Ahora bien, para encontrar nuestro verdadero yo, necesitamos del otro “yo”. Nuestra identidad y el reconocimiento de la misma no se dan en la soledad, sino en la relación con otras personas. Es el otro el que me invita al diálogo, a salir de mi egoísmo y ensanchar mis horizontes de acción y comprensión.

3 comentarios en “Mi sociedad narcisista y su culto al cuerpo

  1. Aunque estoy de acuerdo contigo en lo general, me gustaría hacer algunos comentarios sobre el texto.

    El mito de Narciso es antiquísimo. Lo mismo, creo, son los problemas que describes en este escrito. Pienso en los cuellos altos de las mujeres africanas que se meten collares por la fuerza, en los pies pequeños y deformes de las mujeres chinas, en los cráneos estilizados de algunas culturas prehispánicas deformados por la fuerza, etc. ¿Qué nos dice la historia de este problema, si al parecer casi todas las sociedades del mundo han valorado la estética de un cuerpo idealizado? ¿Verdaderamente es un problema característico del siglo XXI?

    Decir que “no debemos valorarnos por nuestra apariencia externa, sino por lo que realmente somos”, a mi parecer, es el extremo opuesto al narcisismo: parece una frase que pretende eliminar la importancia que puede tener la apariencia. Pero ésta es una parte de “lo que realmente somos” después de todo.

    La apariencia externa puede delatar problemas de salud o reflejar la buena condición de la misma. Nos ayuda a expresarnos en distintas maneras: nos vestimos de negro si estamos de luto, por ejemplo, o nos arreglamos especialmente para alguien a quien queremos mucho. Somos seres muy visuales y eso no creo que tenga nada de malo.
    Entiendo que caer en el exceso es el problema, entonces, ¿no estaría mejor dicho: “no debemos valorarnos sólo por nuestra apariencia externa, sino por todo lo que nos conforma”?

    Otra observación al margen: hablando del problema de la anorexia y demás desórdenes alimenticios, teniendo la intención de ayudar, hay que tener cuidado para no caer en el extremo contrario.

    ¿No consideras que hay gente que acepta como sano y correcto rechazar la imagen de una mujer anoréxica? ¿No la juzgan a ella también sólamente por su imagen?

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    1. Alberto, muy interesante punto de vista el que presentas. Por medio de nuestra exterioridad (accesorios, tatuajes, tonos de vestimenta, etc) expresamos nuestro mundo interno. Como bien dices, la apariencia es también parte de nuestra esencia, el problema está cuando nos juzgamos y juzgamos a los demás sólo por la mera exterioridad.

      Sigo considerando que neustra corporalidad es un misterio, y no sólo ella sino toda nuestra condición humana. Ninguno de nosotros quiere enfermarse ni envejecer, y deseamos lo mismo para las personas que amamos. Este tema de una u otra manera se relaciona con la muerte y nuestro ser finito, limitado. Vivimos experiencias que nos desgarran, y si bien tal vez no las vivimos en carne propia, esa capacidad de empatía y de amar, hacen que aveces las suframos más que el prójimo….

      Ahora, respecto al tema de la anorexia. Es algo mucho más complejo que una distorsión de la propia percepción. En el fondo la persona que padece esa enfermedad ya no valora su vida, y siente que no tiene control de ella, y trata de remediar esa carencia por medio del control de su ingesta de alimentos, sus pensamientos, sus relaciones, ect. Como todo lo humano, es algo complejo que contiene múltiples factores en juego.

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