Nunca se trató de Ferran Adrià

Por: Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

La semana pasada, como ya todo el mundo sabe, Ferran Adrià, el cocinero más influyente del mundo, ofreció una conferencia en el Auditoria Nacional frente a miles de jóvenes en resplandecientes filipinas blancas. Entre los estudiantes estábamos colados pensadores, empresarios, chefs, periodistas y demás. De esta conferencia y las ideas en ella expresadas por Adrià ya se ha hecho un estupendo recuento en este blog.

Podría pensarse, tras una breve búsqueda en Google, que ya todo se ha dicho al respecto de este evento. Y quizá así sea, pero me gustaría compartir con ustedes mi experiencia, que incluyó la afortunada situación de asistir a una pequeña sesión de prensa después de la conferencia.

Yo no soy un periodista. Soy gastrónomo, pensador y empresario y me fascinan los llamados “game-changers”, como Adrià, a quienes me gusta intentar comprender para poder aplicar sus puntos fuertes en mi empresa y en aquellas a quienes ofrecemos consultoría. De modo que al asistir a la conferencia, me pareció mucho más interesante lo que el gran chef expuso de su forma de trabajo y conceptos que lo que dijo de su cocina técnico-emocional (o como quieran llamarle).

Aunque de ningún modo es tan buen orador, Adrià me recordó al ya legendario Steve Jobs. Efectivamente, ambos cambiaron paradigmas en su medio, pero hay algo más que los conecta: su evidente actitud constante de desafío a lo aparentemente imposible. En la conferencia, Adrià se mostró desafiante y muy seguro de sí al afirmar que las personas que nos dicen “no puedes hacer esto” quieren manipularnos. Es una palabra fuerte: manipulación. El desprecio de Adrià por la gente que le ha dicho “eso no se puede” fue tangible. Y en este breve video Jobs expresa exactamente la misma idea: este mundo está hecho por personas y puede ser cambiado por ellas.


“La gente ordinaria puede hacer cosas extraordinarias”, dijo Adrià. Y quizá sea una frase que suena a cursi, que suena a Disney o a idealismo infundado, pero pensemos que Adrià se considera ordinario, como más tarde reflejaría con su actitud a una pregunta que tuve la oportunidad de hacerle.

Ya en la conferencia de prensa, los presentes tuvimos oportunidad de hacer una o dos preguntas a Adrià. El tiempo apremiaba y los periodistas presentes se notaban nerviosos de sólo tener dos preguntas para realizar su trabajo. Yo era quizás el único que estaba ahí por un interés más personal, sin obligaciones laborales de por medio. Les dije que me contentaría con una pregunta y fui el primero en tener la oportunidad de hablar.

Adrià entró, se sentó justo frente a mí y la tensión expectativa de los presentes en el cuarto se hizo evidente, más espesa quizá que aquel desprecio por los críticos que se sintió en la conferencia. A un metro de mí, esperando mi pregunta, el hombre más influyente del medio culinario internacional. Es sólo un hombre, pero la verdad es que sí me encontraba nervioso.

¿Qué le preguntas a Ferran Adriá? ¿Qué le preguntas que no todo el mundo ya le haya preguntado, que no puedas leer en internet, que no le fueran a preguntar los reporteros que seguían en la línea después de ti? Mis intereses eran muchos (la creatividad, la colaboración, la Bullipedia, la Fundación, la transparencia, ¡el paradigma de la sinceridad!) pero terminé cediendo a preguntarle algo que no fuera sólo para satisfacer mi curiosidad, sino que pudiera resolver uno de los conflictos que afligen al medio gastronómico nacional.

“Ferran -le dije-, tú sales en la tele, en las portadas de las revistas, eres el entrevistado y el que da conferencias en todo el mundo. Aunque has dicho que el trabajo de cada quien en el equipo de elBulli es importante, ¿cómo le comunicas a tu equipo que no se trata de ti, de tu gloria, de tu proyecto, sino el de todos?”

Me miró como si le hubiera hecho la pregunta más estúpida de la tarde (los genios no suelen ser muy diplomáticos). Su respuesta fue un recordatorio de que el proyecto de elBulli es “un espíritu”, algo que se comparte. Fue muy breve y escueta, pero su mirada fue el catalizador que hizo que en mi cabeza se juntaran todas las piezas de un rompecabezas que finalmente me dio la respuesta…

El proyecto de elBulli no nació de la noche para la mañana, inicialmente el restaurante ni siquiera era de Adrià. Con el trabajo de décadas y el apoyo de socios, cocineros y su inseparable hermano Albert, elBulli creció a lo que ahora todo el mundo conoce. El proyecto de la Fundación, como dijo Adrià en la conferencia y a otros entrevistadores, es para que lo sobreviva, para que exista muchos años más que él, para ayudar a los nuevos innovadores ofreciendo los medios necesarios, “para cambiar el mundo”, accesible de forma gratuita a todo quien tenga una conexión de internet… pero esa apertura ya existía desde el restaurante, donde ningún secreto fue guardado, donde todo fue enseñado.

La frase final de Adrià en la sesión de prensa, muy lejana a mi pregunta inicial pero finalmente respondiéndola de manera culminante, fue: “el gran reto es que esto (el ser cocinero) sea un oficio digno”.

¡Claro que mi pregunta fue estúpida!

No había necesidad de comunicar que no se trataba de él: nunca se trató de Ferran Adrià.

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