La duda política

Por: Regina Oviedo

Twitter: @oh_regina

Desde que un mexicano tiene 18 años ya tiene derecho a participar en los procesos políticos de su país, es capaz de votar y puede ser nombrado funcionario de casilla por el gobierno en cualquier momento. Por otro lado, desde que todos llegamos a esta edad entendemos a qué se referían nuestros padres y los demás adultos cuando hablaban de la “flojera” y del “tedio” de llevar a cabo estos “procesos políticos”,  por tener que levantarse temprano y romper con el día para hacer algo a lo que ya no le damos la importancia debida y que no tiene la prioridad en nuestras actividades ni en nuestras mentes. El conformismo político está a flor de piel y esto debe cambiar lo antes posible.

El deber político es algo que ya no tiene importancia y es una gran pena. Por lo general ya no vamos a votar, y si vamos, debido a que cada elección es más difícil decidir, preferimos votar, sin siquiera haber investigado previamente, por el que “está menos peor”. La política ya nos da igual. Por esto tenemos que romper con el paradigma y dejar atrás el conformismo político que nos marca para comenzar a hacer las cosas bien.

El gobierno en cualquier país es esencial y la participación de su gente también, digo esto con temor de sonar a uno de esos anuncios que el IFE pasa en el radio o en la televisión constantemente, pero debo reconocer que tienen razón. Todos los mexicanos somos parte de un mismo  país y éste sólo funciona en medida en que su gente trabaje con el compromiso que se espera de cualquier ciudadano responsable.

Como los seres humanos que somos es natural pertenecer a una sociedad, por eso necesitamos del Estado, para poder darle un orden a nuestra sociedad. Platón hablaba de la responsabilidad que todo ciudadano tenía con su Estado, decía que era absolutamente necesario que cada uno participara políticamente en lo que le competía y que, además, al hacer esto llevara a cabo sus deberes de la forma correcta, sin corrupciones y con compromiso para poder ayudar, ante todo, a su Estado.

La justicia (término de gran importancia en el corpus platónico) se ha hecho sólo una palabra que se lee en utopías, ahora se que cree que ningún político es digno de confianza, ya nunca esperamos a un candidato que cumpla con nuestras más altas expectativas y ahora sólo nos conformamos con que no roben, o roben poco, mientras cumplan su periodo en el gobierno. Ya no hay ese concepto que designa dar a cada quién lo que se merece.

Hay que retomar la justicia como virtud y exigir que haya transparencia, pero, si no esperamos mucho, ¿cómo podemos exigirlo? México es un gran país que merece grandes dirigentes, sólo nos hace falta que el pueblo lo pida. Hay que ser justos nosotros para después pedir justicia a las autoridades. Si creemos que no son personas competentes es porque nuestra exigencia como ciudadanos, sobre todo ante aquél que se postule como candidato, ha bajado. Si nuestras peticiones fueran más altas y no hubiera conformismo podríamos hacer que la calidad de nuestros candidatos mejore y que, por tanto, el elegido por el pueblo podrá ser mejor dirigente y nuestro país se fortalecerá.

Es nuestra responsabilidad cumplir con el deber político que tenemos para con México. No hay que olvidarnos que la grandeza de un país se hace por su gente. La elección de los representantes es nuestra decisión, de ahí la importancia de informarnos al ir a votar. La transparencia del proceso electoral también se encuentra, en parte, en nuestras manos cuando nos piden ser funcionarios de casillas, así que podemos exigir que las cosas se hagan de manera correcta o sólo conformarnos con que salgan rápido. La justicia debe ser una consigna principal en nuestro pensar y actuar siempre.

Como mexicana que soy les pido ayuda para que nuestro país mejore. Levantemos la voz y exijamos cada vez mejores representantes y procesos más transparentes, ¿pero cómo exigir que esto pase si no somos capaces de levantarnos y dejar nuestras ocupaciones personales para cumplir con el proceso electoral? Con nosotros empieza la transformación de México, los ciudadanos somos su base y, si la base es firme sus pilares lo serán. Nos vemos en las casillas.

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