Las trampas del conformismo colectivo

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

Los seres humanos nos ordenamos como los animales de manada; sobrevivimos sólo cuando habitamos dentro de grupos altamente coordinados. Ésta es la conclusión a la que han llegado filósofos, biólogos, psicólogos e investigadores de diversas áreas relacionadas con la antropología.

Somos seres altamente simbólicos y miméticos. Cada uno de nosotros está diseñado de tal manera que podemos reconocer y comprender el significado de un signo según el contexto en el que se encuentre; de este modo cuando veo en una revista el dibujo de unos cubiertos, inmediatamente pienso que el anuncio se refiere a un restaurante, y este tipo de procesos cognitivos se van haciendo cada vez más complejos, pues hay más factores y relaciones en juego.

En este post me interesa explorar este proceso pero desde una perspectiva social, y así mostrar cómo la información que se maneja en nuestra cultura influye en nuestro comportamiento tanto individual como colectivo (y la mayoría de veces de un modo inconsciente o no deliberado).

En clases suelo hacer el siguiente ejercicio: le pido a dos estudiantes voluntarios que salgan del salón. A los estudiantes que se quedan dentro les doy la indicación de que eviten toda interacción con los compañeros que están fuera; les digo que si cumplen con su tarea y la realizan exitosamente les aumentaré unas décimas en la calificación final. A los voluntarios les pido que realicen en el salón una actividad en la que se involucren los otros miembros del salón. Ya se imaginarán qué sucede cuando los dos voluntarios llegan al salón: viven una experiencia muy amarga ante las constantes respuestas negativas (e incluso agresivas) por parte de sus compañeros. Después de varios minutos, les pido a los dos voluntarios que nos comenten cómo se sintieron. Nos dicen que se sintieron avergonzados, rechazados y que todo fue terrible porque no había manera de hacerlos cambiar de conducta.

Finalmente, les pido a mis estudiantes que adivinen cuál es el propósito de este ejercicio. Generalmente suponen que es una tarea diseñada para conocer lo que es el rechazo social y las dificultades con las que se encuentra un extraño. Pero el propósito en realidad es otro: mostrar lo fácil y automático que nos resulta el cumplimiento de la “tarea del raleo”.

Les digo: “Ninguno de ustedes se negó a seguir mis instrucciones, simplemente se conformaron con lo que les indiqué. Acaban de pasar 10 minutos tratando de una manera miserable a sus amigos y ninguno se paró a decirme: profesora yo no participaré en esta tarea porque no voy a tratar mal a mis compañeros sin motivo”.

Frecuentemente no somos conscientes de este modo automático de actuar, es nuestro modo por defecto.

Nos apoyamos en dos tipos de señas sociales que nos sirven para mantenernos cómodos en el conformismo. En primer lugar, simplemente observamos a los demás para obtener información sobre lo que está pasando (señales informativas). En segundo lugar, miramos a otros para ver qué hacer al respecto (las señales normativas). Inmediatamente empezamos a buscar estas pistas.

El concepto de uno mismo se cristaliza a partir del segundo año de vida, este proceso no se realiza en la soledad, sino que depende fuertemente de los procesos sociales, empezando por la familia. Así, cuando el niño cae al suelo reacciona ante ese suceso según cómo reaccionen sus padres. El niño al caer mira para arriba, si la mamá reacciona asustada y grita, el niño hará lo mismo; si la madre reacciona serena, el niño también tomará con naturalidad y calma esa situación. Esta atención temprana a las señales de información se llama “referencia social”. A medida que transcurre el tiempo, el niño comienza a alinear su comportamiento con los del grupo con el objetivo de ajustarse bien a las expectativas y señales normativas compartidas.

Algunos estudios muestran que las señales informativas pueden sernos beneficiosas y hacernos acertar. Así los datos acumulados de muchos pueden servir para resolver problemas más grandes, al igual que el esfuerzo físico acumulado puede ayudarnos a mover obstáculos pesados. No obstante, también pueden inducirnos a error, este punto lo quiero ilustrar con el siguiente ejemplo: En 1938 el programa de Orson Welles generó graves escenas de pánico cuando interrumpió una emisión radial para dar el anuncio de que los marcianos habían aterrizado en Norteamérica, con el fin de liquidarnos a todos. Los oyentes que no escucharon la introducción de la emisión radial se imaginaron que se estaban dando noticias reales, y con ello el pánico y el horror se apoderó de la gente: la comisaría de policía y las redacciones de noticias estaban bloqueadas por las llamadas de oyentes neuróticos que buscaban el modo de salvarse del “ataque marciano”. Todo este caos se generó por la desinformación de los radio escuchas. Éste es uno de los muchos casos que muestran cómo a lo largo de la historia, la información obtenida de otras personas mal informadas, ya sea por ser ilusos o incluso mal intencionadas, han sido responsables de más de una calamidad militar, financiera y personal.

Aquí les dejo un video documental en el que se relata el caso “La guerra de los mundos”. En mi próximo artículo me centraré en lo relativo a las influencias normativas y cómo dependemos de ellas para sobrevivir y prosperar. Podremos discutir algunos estudios que sugieren que las señales normativas son más potentes cuando están incluidos aspectos afectivos, de tal modo que si quieres saber si tu hijo fuma marihuana, pregúntate si sus amigos lo hacen. Si lo hacen, seguramente el también, independientemente de los valores que la han enseñado. Cuestión grave, ¿verdad? Será muy interesante discutirla.

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