La segunda escuela vienesa

Por: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

¿Cómo apreciar la música del siglo XX que suena a “ruido”? ¿Cómo es posible que se pueda entender esta música si no tiene un orden aparente? Bueno, lo que hay que hacer es entender su evolución histórica y saber cómo llegó a ser lo que es. En este post intentaré explicar cómo la música atonal surge de la evolución natural en la música clásica.

Después de haber entendido la evolución de la música occidental europea, podemos comprender con mayor aprecio la música que Arnold Schonberg, Alban Berg y Anton Webern. La música de estos tres compositores es la continuación lógica en la evolución de la teoría de la composición y juntos conforman lo que ellos mismos denominaron la segunda escuela vienesa.

La primera escuela vienesa fue constituida por Haydn, Mozart y Beethoven, compositores que mantuvieron siempre una estrecha relación, no solo por ser contemporáneos, sino también por establecer las bases de la composición europea durante el clasicismo. Estos compositores juegan un papel importante en la historia, pues, si bien es cierto que son el siguiente paso natural después del barroco, también son el puente hacia el romanticismo.

Hablemos pues de la segunda escuela vienesa, ya que ellos son, del mismo modo, la continuación del romanticismo. Durante el romanticismo la armonía y la estructura de la música establecían patrones que complacían al oído a través de la resolución de las tensiones provocadas por las disonancias de ciertos acordes. Conforme avanzó el romanticismo las tensiones se iban expandiendo más y más, hasta que la resolución venía hasta el último momento de la pieza. Un ejemplo de esto es el preludio de Tristán e Isolda del compositor Richard Wagner, compositor representativo del Romanticismo tardío. He aquí el preludio:

Después de este tipo de música dejaron de haber resoluciones en la música y el concepto de tonalidad perdió importancia; ahora ya no existe el concepto de do mayor, o re menor o cualquier otra tonalidad en la nueva etapa de composición denominada atonalismo, pues nunca resolvemos hacia un acorde principal. La jerarquía de los sonidos está en segundo plano y lo que importa es la música por sí misma sin necesidad de una tónica.

Oigamos, pues, cómo suena la música de Schonberg después de haber tomado este giro:

Schonberg, siendo el primero de los compositores atonales fue maestro de Berg y Webern; ellos continuaron la tradición del atonalismo.

En el post pasado comparé a Picasso con Prokofiev, pues la manera en el que el pintor español delinea sus figuras y a la vez mantiene un estilo cubista y abstracto es similar a la música neoclásica del compositor ruso. Ahora me atrevo, una vez mas, a hacer una comparación, pero ésta vez con Jackson Pollock, pues ni siquiera las formas ocultas del estilo impresionista importan ya en los trazos indefinidos del pintor. Este es, entonces, un ejemplo pictórico de lo que a mi juicio es el equivalente en la música atonal.

Intentando hablar de la música, la pintura y las artes en general, este post hace referencia a un paso más en la evolución que la cultura del hombre ha ofrecido en sus distintas disciplinas. Seguiremos hablando pues de lo que ocurre más tarde en esta línea histórica y haremos referencia a lo que ocurre en nuestros días también. Hasta entonces, queridos lectores, les deseo felices vacaciones.

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