Un caudal de voces y preguntas

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

Being a scientist requires having faith in uncertainty, finding pleasure in mystery, and learning to cultivate doubt. There is no surer way to screw up an experiment than to be certain of its outcome.” —Stuart Firestein

Alguna vez un profesor de la universidad nos preguntó de qué manera invitaríamos a otros jóvenes a estudiar la carrera de Filosofía. Como en tantas otras ocasiones, mi pensamiento encontró una salida en forma de imagen: me dediqué a pensar la filosofía como un gran río de voces, ideas y cuestionamientos que corre desde los inicios de la civilización y que seguirá su curso imponente siempre que existan hombres en el mundo.

A lo largo de la historia de la filosofía —nos decían los profesores— las grandes preguntas son siempre muy similares. Los cuestionamientos fundamentales acerca del por qué de la vida, de los seres humanos y de su actuar; acerca de su propósito y su origen, han formado parte de todas las grandes corrientes filosóficas. Son preguntas primarias, enormes, complejísimas y al mismo tiempo increíblemente simples, que permiten entrar en diálogo con los más reconocidos pensadores. Sus respuestas pueden complementarse o contradecirse, pero en definitiva establecen una conversación con sus antecesores y sucesores. Se trata de un gran diálogo que atraviesa culturas, épocas y condiciones sociales y en el que todos los hombres están llamados a participar. Yo no perdería la oportunidad de estar dentro de este diálogo  por nada del mundo.

Un diálogo semejante podría considerarse la huella o la historia de estos curiosos seres que somos los humanos, capaces de preguntar, de cuestionar y cuestionarnos. Este diálogo rebasaría incluso las fronteras de la filosofía, pues —como también me gusta argumentar— el derecho a cuestionar el mundo y responder a sus interrogantes no es exclusivo de la razón. El arte, la ciencia e infinidad de manifestaciones culturales forman parte también de este diálogo milenario.

El carácter complejo de las preguntas que lo conforman hace que difícilmente se llegue a una respuesta definitiva, ni siquiera en la ciencia, pues está sujeta a nuevos descubrimientos y teorías que probablemente transformen el paradigma entero en que se sustentaba alguna respuesta pretendidamente verídica. Estas grandes preguntas son una especie de abismo al que cada hombre, si decide mantener los ojos y la mente abiertos, debe enfrentarse algún día. Constituyen una búsqueda de la humanidad entera, pero también una exploración individual que, si decide emprenderla, le permite a cada uno dar forma a su identidad. Participar en el gran diálogo de la humanidad nos abre la puerta a la autodeterminación.

Muchos dejan de lado estos cuestionamientos por la frustración de no encontrar una respuesta absoluta, fuera de toda duda. Además, el entregarse a estas preguntas implica aceptar la propia ignorancia al respecto —cosa complicada para tantas personas— y aceptar la incertidumbre mientras la razón encuentra una respuesta, así sea individual y provisional, siempre sujeta a nuevos cuestionamientos. Pero frente a ese malestar que provoca la incertidumbre podemos recordar la sensación de haber tenido una buena conversación cuando nos deja con más preguntas que respuestas: son  invitaciones al pensamiento, caminos que se abren frente a él y descubren panoramas nuevos. Las preguntas abren posibilidades para el pensamiento,  la investigación y  la exploración, casi como si en un juego de video descubrieras la entrada al túnel que conduce al siguiente nivel. Una pregunta puede surgir del asombro y conducir de regreso a él. Para entrar al diálogo de la filosofía, la ciencia, las artes y la cultura hay que cultivar el asombro y la duda, hay que estar dispuestos a cuestionar nuestras certezas, a reformular nuestras ideas y a entrar en diálogo con las voces de todos los hombres que han decidido cruzar por la vida con los ojos abiertos y la inteligencia despierta.

Un comentario en “Un caudal de voces y preguntas

  1. Hola soy tu fan… comento… estoy pasando por un truene (termino popular(muy popular) para referirse al rompimiento emocional entre 2 personas) por lo que trato de entender qué decía justo en el momento en que todo pasó y como estoy yo, hoy; desencadenamiento de agregados emocionales, que harán que mi cuerpo y mente aprendan, sientan o terminen de sentir, ajustarse a que la adrenalina se vaya; entre otras expresiones imperativamente humanas. Contextualizo esto, porque de mis reflexiones concluí, que no hay absolutos, no hay amor absoluto, bueno solo el de Dios (gran ser vetado de cualquier apreciación o diálogo filosofal), pero para los humanos, podríamos decir, que como Dios, las emociones humanas deberían de aportar más al conocimiento, que en conjunción deberían de hacer que todo sea lógico-emotivo, me parece correcto cambiar de Ipad cada año? me interesa que en China las condiciones laborales en donde hacen estas Ipads, son minimamente humanas? qué llevo puesto? es ecologicamente humano? sustentable? creo que la filosofía debería de aportar más a los sentidos humanos, tanto en su apreciación física como emotiva. El logos y los sentimientos, nos definen como humanos, en qué momento decidimos dejar de serlo?

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