Las trampas del conformismo colectivo Parte II

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

La filósofa Hannah Arendt tiene un trabajo sumamente interesante “Eichmann en Jersusalén” escrito en 1963,  en donde habla de las  atrocidades del Holocausto, y a su vez hace un análisis de Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia. Comenta que esos males de la humanidad no fueron causados precisamente por psicópatas o mentes criminales, sino por gente común – así como tú,  el vecino y yo  – viviendo bajo una presión extraordinaria para el cumplimiento de las actividades que les asignaron.

Según Arendt, Adolf Eichmann actuó  como lo hizo simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus actos fueron  resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias. Para Eichmann, todo era realizado con celo y eficiencia, y no había en él un sentimiento de «bien» o «mal» al momento de actuar. De este modo, es como la filósofa empieza hablar de la “banalidad del mal”, expresando de esta forma cómo algunos sujetos no se detienen a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos, sino que sólo actúan cumpliendo ordenes siguiendo las reglas del sistema al que pertenecen.

Y bien, les comento este caso para retomar el punto que había quedado pendiente en mi post anterior: el conformismo y la influencia normativa en nuestra conducta.

El conformismo puede ser la identificación, la obediencia, sumisión, adaptación o aceptación de la norma social. Esta actitud la podemos encontrar en el caso de Eichmann, en la obediencia de un soldado o en las reglas de cortesía, en donde se mantienen patrones de conducta a través de la conformidad con el fin de adaptarse a la estructura social a la que pertenecen.

Tres meses después de que Adolf Eichmann fuese sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad, el psicólogo Stanley Milgram realizó un experimento para estudiar la conformidad. Buscaba responder las siguientes preguntas: ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?

A los voluntarios del experimento no  les fue dicho que participarían en una prueba que mediría su disposición para obedecer órdenes. Se les informaba que el experimento estaba siendo grabado, para que posteriormente no pudieran  negar sus acciones, pues muchos de ellos siguieron las instrucciones que un supuesto científico  les daba, a pesar de que éstas pudieran ocasionar dolor a un inocente o ir en contra de su propia conciencia.

En el experimento participaron tres personajes: el “experimentador” (la autoridad), el “aprendiz” (la víctima) y el “enseñante” (el agente). Los dos primeros son actores, pero el agente es el objeto de estudio. Mediante un sorteo trucado, se asigna al sujeto ingenuo el papel de “enseñante” y al cómplice el de “aprendiz”. Repartidos los papeles, se invitó al aprendiz, a sentarse en una “silla eléctrica” colocada en la habitación contigua a la que ocuparían el enseñante y el experimentador. Se le ataba con unas correas y se fijaba a una de sus muñecas un electrodo supuestamente conectado a un generador de descargas (la máquina de castigar) que manipularía el enseñante; ésta tiene indicadores numéricos de voltaje, ordenados desde 15 hasta 450 voltios. El enseñante debía aplicar una descarga eléctrica en el “aprendiz” cada vez que respondiera mal una pregunta. Pues bien, este experimento causó una gran conmoción y desconcierto cuando después de las pruebas se documentó que el 65% de los sujetos que participaron como “maestros” en el experimento administraron el voltaje límite de 450 a sus “alumnos”. Ningún participante paró en el nivel de 300 voltios, a pesar de que sabían que ponían en riesgo la vida de la víctima, y todo por obedecer a la “autoridad” y participar en un experimento científico.

Los resultados del experimento de Milgram, si bien son sorprendentes, también son especialmente preocupantes; según Milgram tanto el problema como la solución del mismo están en el grupo, pues el grupo es la fuente de la conformidad y rebelión.

Roitman comenta respecto a los males del conformismo: “A todos nos entristece la injusticia, nos afectan emocionalmente las noticias que hablan del renacer de la esclavitud infantil, de la venta de órganos humanos, del comercio de niños, de la muerte por hambre. Es más, llegamos a encolerizarnos cuando nos muestran fotos y escenas donde se observan los horrores de las guerras. No soportamos tampoco a dictadores, caudillos y somos alérgicos a la arbitrariedad. Llegamos a defender el medio ambiente y la naturaleza. Nos identificamos con todo tipo de causas justas y valoramos en mucho la amistad, pero nuestro quehacer cotidiano es contrario a dichos postulados. Nos convencemos de la paradoja del conformismo”

A partir de lo mencionado, considero que es muy atinada la afirmación de Hanna Arennt, ésta tendencia ha sido en gran medida la responsable de la miseria humana. Sin embrago, la solución a este problema no es imposible, pero sí requiere la toma de conciencia  y la participación comprometida de cada uno de nosotros, especialmente de aquellos que son educadores, padres de familia, y que son guías en alguna medida. A veces nos cuesta parar, tomarnos un tiempo para reflexionar sobre cómo actuamos y analizar si los objetivos que buscamos son verdaderamente valiosos y necesarios, pero debemos hacerlo, no podemos mantenernos indiferentes o mudos ante la inmensa cantidad de problemas e injusticias que encontramos cotidianamente. Es importante que busquemos modos de afirmar nuestra capacidad de vencer el conformismo, de transformar y embellecer la realidad por medio la reflexión y la acción.

A continuación les comparto un link en el que podrán  leer la obra de Hanna Arennt “Eichman en Jerusalem”.

http://fadeweb.uncoma.edu.ar/carreras/materiasenelweb/abogacia/teoria_del_derecho_II/fichas/Arendt,%20Hannah%20-%20Eichmann%20en%20Jerusalen.pdf

Y también les muestro este video que explica el proceso del experimento de Milgram.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s