El mundo virtual y sus maravillas

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

Quienes han leído algunos de mis posts anteriores tal vez hayan notado que hay temas recurrentes: la creatividad, el arte como modo de conocimiento, distintos modos de cuestionar el mundo, el cruce de disciplinas, etcétera. Pues bien, uno de los puntos en los que convergen todos esos temas es el conocimiento en Internet.

Me explico, me gusta argumentar que, en el mundo contemporáneo, una sola disciplina no puede dar respuestas absolutas ni encargarse de todas las cuestiones que quisiéramos resolver. Aunque nos gustaría que la física o la biología bastaran para responder a nuestras preguntas de modo total, hace falta que otras disciplinas —incluso aquellas que tradicionalmente no se consideran precisas u objetivas— participen en el diálogo. Es así como podemos considerar al arte, por ejemplo, como un modo válido de cuestionar el mundo y de responder a tales preguntas, con el mismo derecho que la ciencia o la filosofía.

Se trata de una idea que muchos no aceptarán, diciendo que el arte no tiene la precisión, el método, el lenguaje ni la capacidad de responder de forma clara a las preguntas que formulamos. Sin embargo, se trata solamente de modos distintos de responder a tales cuestionamientos: podemos responder a la muerte (o a la vida) con una razón científica, pero también con una sinfonía, una obra de teatro, una pintura o desde alguna otra disciplina creativa, es decir, desde la razón estética.

Con esto, nos encontramos un panorama interesante: en lugar de considerar a la ciencia como la pieza central del conocimiento humano, la hallamos entretejida en una red de disciplinas que colaboran para dar respuestas más integrales a nuestras preguntas. Este cruce de disciplinas, además, favorece la creatividad: el encuentro con metodologías y lenguajes distintos a los de cada especialidad abre posibilidades que antes no cabían, en una especie de alquimia del conocimiento. Lejos de resultarle ajeno, un doctor puede encontrar en un texto literario alguna idea o imagen mental que desate un cabo inexplorado en su pensamiento; del mismo modo, un artista puede desarrollar un proyecto a partir de alguna teoría física que pareciera encontrarse muy lejos de su área de especialización. Como una flama, el conocimiento crece cuando se comparte.

Ahora bien, uno de los ámbitos que mejor reflejan y favorecen esta situación es el mundo virtual. El modo de leer y explorar en internet potencia el cruce de disciplinas y el contagio de ideas. Cuando leemos en Internet, decidimos el rumbo que queremos tomar a través de los hipervínculos y, de cierto modo, moldeamos nuestro camino a medida que avanzamos. La exploración puede ser tan larga como cada quien lo decida. Podemos ir siguiendo las señales de personas con intereses similares a los nuestros que han dejado pequeñas recopilaciones de ideas interesantes en distintos sitios de la web —en las redes sociales, por ejemplo. Y podemos, nosotros también, hacer selecciones y clasificaciones de la información que consideramos valiosa y ponerla a disposición de otros. Este modo de explorar e investigar es activo; incluso si no producimos contenido en sentido estricto, el recopilar y ordenar la información que encontramos es ya un modo de contribuir y enriquecer el entorno de la red. Se trata de una especie de curaduría virtual, que exige trabajo y profesionalismo. Hay quien lo explica como el agujero de Alicia en el país de las maravillas: entras por un sitio y terminas en rutas inesperadas.

Es ahora cuando llego al punto del que quiero hablar: para mantener vivos y activos estos canales de información, es necesario no cortar su flujo. Así como citamos cuando tomamos sin cambios algún texto o damos crédito al autor de alguna imagen, es deseable que lo hagamos del mismo modo cuando damos con información valiosa a través de alguno de los sitios que se dedican a recopilar y clasificar las ideas que circulan en la web. Sólo de este modo podemos mantener activa esa cadena de información y dejar abiertas las posibilidades para los demás. Un modo ya generalizado de hacer esto es decir via fulano cuando compartimos la información que alguien más encontró. Pero ha empezado a extenderse también el uso del hat tip o ht: un gesto de cortesía, tal como el saludar levantando el sombrero ligeramente, hacia aquél que, con alguna frase o contenido, desencadenó nuestras propias ideas. Es decir: cuando tomamos algo sin modificarlo, se usa via.  Pero también cuando encontramos algo y lo modificamos es útil señalar su origen y abrir los caminos, usando hat tip o cualquier otra indicación. Es un gesto de colega a colega, una señal de complicidad entre quienes se saben afortunados habitantes del mundo virtual y sus maravillas.

 

(Por cierto, este código doble para dar créditos virtuales se llama “The Curator’s Code” y lo pueden encontrar aquí. El ejemplo de Alicia y su agujero cuasi infinito también procede de ahí.)

 

 

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