Dodecafonismo

Por: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Imaginen ustedes una manera de hacer música en la que la regla no es hacer que suene de un modo específico tradicional sino más bien basarla en parámetros matemáticos; una composición cuya norma principal es que los doce sonidos de la música (las doce notas de una escala cromática) sean reproducidos en un orden que escoja el compositor pero que no pueda repetir ninguno hasta que las doce notas hayan sido tocadas primero.

Esta idea surge en el siglo XX y se llama serialismo, estilo en el que se escoge un grupo de notas y es desarrollado en un orden específico. Primero surge con pocas notas, es decir, una serie de cinco o seis notas. Cuando esta serie se expande a las doce notas adopta el nombre de dodecafonismo o música dodecafónica (doce tonos).

Al entrar el siglo XX las artes en general estaban ávidas de cambio y necesitaban tomar nuevas direcciones, algunas experimentales y revolucionarias. En otra  ocasión habíamos hablado de Arnold Schönberg, compositor austríaco que fundó la segunda escuela vienesa. El creador del dodecafonismo, pues,  es él. Inspirado en la necesidad de innovar, Schönberg va en contra de toda regla tonal y prescinde de la necesidad natural de la existencia de jerarquías en los sonidos; es decir, se olvida de la música tradicional en la que unas notas son más importantes que otras (como cuando hablamos de una pieza en re mayor o en mi menor) y crea un sistema matemático en el que la pieza toma un carácter atonal.  Se crea, por así llamarlo, una democracia sonora.

Ustedes pensarán que, si solo tenemos un patrón de doce notas establecidas, esto podría ser una limitante muy grande para componer. Schöenberg soluciona este problema pues existen 48 formas básicas de tocar una serie determinada:

a)     La forma normal en la que aparece la serie.

b)     La forma invertida de esta serie.

c)      La forma retrógrada de la serie (de adelante para atrás).

d)     La forma retrógrada de la inversión de la serie.

Estas cuatro formas se multiplican por doce, pues cada una de estas series puede empezar en cualquiera de las doce notas de la escala cromática.

Pero después de tanto rollo, escuchemos cómo suena una composición atonal de estas características:

A pesar de lo extraño que pueda sonar este estilo, es mucho más tradicional de lo que imaginamos. Con el atonalismo de Schöenberg podemos escribir cánones, fugas, minuetos, sonatas, conciertos, cuartetos de cuerda y cualquier otro género de la música occidental europea, pues la única regla es no repetir los tonos de la escala.

Sin embargo, explorando al límite esta técnica, otros compositores encontraron la idea de Schönberg muy inspiradora y adoptaron su corriente atonal. Pierre Boulez es un claro ejemplo de esto pues lleva al extremo el dodecafonismo estableciendo los patrones no solo en las notas, sino también en el ritmo, las dinámicas, la instrumentación, la articulación y los demás elementos básicos de la música.

Boulez, compositor contemporáneo francés, es el cerebro detrás de lo que hoy llamamos serialismo integral o serialismo total, estilo completamente matemático sin elementos tradicionales aparentes. Boluez es uno de los genios de la música que actualmente viven.

He aquí una de sus piezas :

Este post ha sido un paso más en mi intento por describir los estilos que surgen en la historia de la música. Seguiré hablando de nuevos estilos musicales que han surgido durante el siglo XX y XXI más adelante.

Un comentario en “Dodecafonismo

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