“A few moments of togetherness”

“La convivencia comensal armoniosa une a las personas, fomenta su compañerismo, levanta los ánimos y fortalece vínculos entre ellas. ¿Por qué no aprovechar eso para nuestros equipos de trabajo?”

Por Alberto de Legarreta

Twitter: @albertotensai

Una famosa banda de rock irlandesa incluye en una de sus canciones la siguiente idea: a house doesn’t make a home (una casa no hace un hogar). Tienen razón. A diferencia de un inmueble habitado cualquiera, un hogar es la residencia de una familia, un grupo de personas unidas por lazos afectivos que pueden o no tener parentesco entre sí.

Esos lazos afectivos tienden a fortalecerse y renovarse cotidianamente al momento de compartir los alimentos, gracias al poder unificador de la comensalidad. El convivio (el vivir-juntos) que se experimenta en la mesa le brinda tranquilidad y cercanía a los habitantes de la casa, les otorga una oportunidad de intimar, conversar y reír; le da “calor al hogar”, que precisamente es llamado así porque antiguamente se comía alrededor del fuego. Como aún sucede en algunas comunidades remotas, el hogar mismo era el centro de toda vivienda, de toda vida y de toda familia.

Una familia que no comparte regularmente en armonía los alimentos corre peligro de sufrir una ruptura real y definitiva, a falta de una actividad común y frecuente que mantenga a sus miembros unidos. (Es por esto que considero que los niños deben aprender desde pequeños a comportarse en la mesa). Pero así como la falta de convivencia comensal puede ser un problema, promover la misma puede ser una estupenda herramienta para unificar a un grupo de personas, quienes no necesariamente deben vivir bajo el mismo techo.

En muchos tipos de trabajos, la jornada es larga y es necesario un momento de descanso y de comida . Muchas empresas cuentan con comedores propios o facilitan a sus empleados el acceso a una comida económica, pero generalmente se considera que el tiempo de comida del empleado está fuera de nuestra gestión, que la única responsabilidad de la empresa al respecto es la de brindar una comida de buen precio y, en algunos contados casos, balanceada nutricionalmente.

Pero, como he dicho, la convivencia comensal armoniosa une a las personas, fomenta su compañerismo, levanta los ánimos y fortalece vínculos entre ellas. ¿Por qué no aprovechar eso para nuestros equipos de trabajo? Sí se puede y hay buenos ejemplos. Les comparto un video que muestra la opinión de alguien que conoce muy bien el beneficio de combinar comensalidad y trabajo en equipo. René Redzepi, chef y propietario del aclamado restaurante Noma, tiene muy claro que el momento de la comida de los empleados no es simplemente un momento para “llenar la panza”. Tanto así, que le llama family meal (comida en familia).

Pueden ver el video aquí.

Como podemos ver, el chef Redzepi procura que los jóvenes cocineros que trabajan en su restaurante, provenientes de más de 20 países distintos, se sientan a gusto y en confianza incluso con él en ese momento comensal. Llamarle comida familiar no es un truco publicitario engañoso, es un objetivo claro y sincero. En Noma, se busca que el menú de los empleados no se repita (al menos tres semanas deben transcurrir para que pueda repetirse un platillo), que se prepare con dedicación y calidad, incluso que los visitantes extranjeros en la cocina preparen los platillos que solían comer en casa.

Este último detalle es, además de una consideración interesante que brinda enorme variedad a las preparaciones, una oportunidad de compartir un poco de uno mismo al resto del equipo, una dinámica de integración en donde la oportunidad de intimidad es auténtica, sustancial y provechosa incluso para el alto nivel de creatividad necesario para el trabajo cotidiano en el que muchos consideran que es el restaurante número uno del mundo.

Sería un error pensar que estoy sugiriendo que las empresa o restaurantes deberían alimentar a sus empleados con grandes manjares, no se trata de aumentar costos innecesariamente. Pero sí estoy diciendo que el departamento de costos no es el único que debería preocuparse por la calidad del momento de la comida laboral. La buena noticia es que el poder unificador de la comensalidad es gratuito, lo mismo sirve con unos buenos frijoles con tortilla que con una experiencia de seis horas en un Alinea, Noma o el Bulli. Pero lo más importante es que la empresa debe procurar proporcionar las condiciones necesarias para que el ambiente sea armonioso: el momento de la comida de los empleados es gestionable y, pienso, tiene mucho que ver con nuestra responsabilidad social interna.

Estimado lector, me atrevo a preguntarte, ¿cómo te sientes al comer en tu trabajo? En la empresa donde trabajas, ¿cómo se fomenta el momento de comunión comensal? Además, ¿qué condiciones procuras tú mismo para tener una comida amena, que reponga tus fuerzas y tu ánimo para seguir trabajando?

Espero sinceramente que no estés comiendo solo.

Alberto

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