Yo sólo quiero comer solo

“El tiempo que dedicamos a comer puede ser aprovechado para consentirnos, regalarnos un momento de ocio y de placer sencillo, mientras que al mismo tiempo atendemos a nuestros pensamientos.”

Por Margot Castañeda

Twitter: @Martxie

“Es parte de la naturaleza humana el querer compartir los alimentos”. He leído esta frase por aquí, por allá y un poco más acá: en este mismo blog. Yo misma he dicho en repetidas ocasiones que, en gran medida, uno de los mejores placeres del acto de comer es el de la compañía. Decía Cicerón que “el placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”.

Es cierto. Por naturaleza tenemos un instinto de convivir, de compartir y de acompañarnos. Tiene mucho sentido que queramos compartir los alimentos, sobre todo cuando el otro no tiene nada qué comer o tiene menos. Nuestro instinto de supervivencia no se limita a la propia alimentación, sino que se extiende a la formación de una comunidad y la ocupación de que ésta se alimente y sobreviva. No somos los únicos, en el mundo animal muchas especies también lo hacen.

Además de este instinto animal, los seres humanos somos sociales y necesitamos de nuestra comunidad para compartir la vida. Buscamos confianza, compañerismo, familiaridad, amistad. Queremos amor y formamos lazos sociales que nos brinden –hasta cierto punto– lo que ansiamos. Buscamos comunión.

Una de las mejores y más antiguas formas de comulgar con nuestros seres queridos –incluso con los que ya no viven y también con Dios– es la de comer juntos. Compartir no sólo los alimentos, sino el momento en la mesa a la hora de comer es la más exquisita forma de unificar y reforzar lazos sociales y sentimentales. Por eso buscamos cenar, comer o tomar un café con los que queremos, sólo porque nos gusta su compañía o nos esperamos a tener la mesa repleta para cerrar algún negocio. Cualquier reunión de personas amerita algo de comer. Así sea una visita inesperada que llega de prisa o una gran fiesta planeada con anticipación.

Sí. Me ha tocado experimentar todo esto. Sin embargo, no siempre debe ser así. No sólo digamos que por estricta necesidad –a causa del trabajo, las distancias, el ritmo de vida, etc.– a veces tenemos que comer solos. La verdad es que comer en soledad es una actividad igualmente disfrutable.

He oído opiniones que rezan que comer solo es “patético”, incluso “vergonzoso” o simplemente muy triste. Por diversas circunstancias, un día común para mí significa comer sola y no tanto por necesidad, sino por gusto y decisión propia. Para mi sorpresa, me he topado con actitudes muy extrañas, tanto de los meseros que sirven “solamente una copa de vino” como de los comensales que a mi alrededor se encuentran insertados en conversaciones rutinarias mientras devoran sus alimentos.

Un día observé con atención el panorama. Mientras comía en una mesa en el rincón de un restaurante pequeño, me percaté de que era la única sentada sola en una mesa y también era la única que realmente estaba dedicando tiempo a comer. Algunas personas comían a prisa mientras intercambiaban un par de palabras obligadas, otras acompañaban sus tecleos en la computadora con una cucharada de comida cada media hora, sin hablarse casi para nada y otras más charlaban apasionadamente mientras comían con calma. Quizás el mesero, al verme solitaria y pensativa creyó que necesitaba compañía y se esforzó por hacerme plática. Al darse cuenta de que no necesitaba conversar, me ofreció cambiarme de mesa a una más cercana de la televisión. ¿Acaso es tan extraño que yo quiera comer sola?

Para mí no es triste, al contrario. El hecho de realizar una de las actividades que más me encanta –comer– a solas, con mis pensamientos y además disfrutarlo, me parece loable. Primero porque así me tomo el tiempo que yo quiera para disfrutar cada bocado o para comerlo a pellizcos, como me gusta. Es un descanso. Es un momento que no debería ensuciarse con trabajo u otras cosas que me quiten la atención a mí y a mi comida. Segundo porque me gusta estar con mis pensamientos. No necesito platicar con el mesero ni ver la televisión para sentirme bien. Eso me haría sentirme más sola que quedándome callada, comiendo. Al menos prefiero eso que comer y platicar como robot.

Entiendo la importancia de las relaciones sociales y sé que es natural reforzarlas con los alimentos, pero también sé que la soledad de vez en cuando es igualmente necesaria. Aunque seamos seres sociales, los humanos nacemos y morimos solos. Tenemos una individualidad y a veces se nos olvida dedicarnos tiempo de calidad para reflexionar. Pienso que el tiempo que dedicamos a comer puede ser aprovechado para consentirnos, regalarnos un momento de ocio y de placer sencillo, mientras que al mismo tiempo atendemos a nuestros pensamientos.

Comer a solas no tiene porqué ser triste o vergonzoso, sino todo lo contrario. Es una oportunidad para perdernos en el ocio, simplemente sintiendo lo que comemos, los sabores, olores y la satisfacción. Claro que advierto, hay que tener la valentía de enfrentarnos a lo que pensamos. Ustedes, ¿se atreven a disfrutar una comida en soledad?

6 comentarios en “Yo sólo quiero comer solo

  1. En lo personal creo que la sociedad actual dentro de sus múltiples etiquetas, promesas e imposiciones, no permite admitir que una persona pueda ser feliz al estar sola. Actualmente nos han vendido formas de vida inalcanzables, nos dicen que para ser feliz debemos estar constantemente rodeados de personas, sonriendo, consumiendo, gastando, derrochando dinero, etiquetando a toda persona que no cumpla con estas normas de: “diferente”, antisocial o enferma. Creo que una persona tiene derecho a estar sola y disfrutar de su persona sin ser mal vista, después de todo no hay mejor maestro o consejero que uno mismo 🙂

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  2. Siempre he adorado comer sola, no hay placer más grande y más relajante que disfrutar mi comida sola, y sólo en compañía de mis pensamientos. Y esto al margen de la gente que no tiene modales para comer, es una tortura tener que compartir la mesa con gente que no sabe comer o, por otro lado, que está pendiente, cuán examinador, de lo que uno hace y cómo hace, al comer. Un fastidio, por eso le hago el quite a las comidas con más personas.

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  3. A lo mejor llego un poco tarde :). Como solo a diario, trabajando en una empresa de mas de 1000 empleados. Me encanta estar solo y estar con gente pero comprendo que hay un momento para todo. Como saber cual es el momento de estar solo, si te apetece y nos viene bien. Simplemente. Perdemos libertad a menudo por hacer lo que se supone debemos hacer. Me gustaria que reflexionaramos sobre cuantas cosas hacemos y cuando no nos apetece. Bastaria decir No. Saludos. Buen blog.

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  4. A lo mejor llego un poco tarde :). Como solo a diario, trabajando en una empresa de mas de 1000 empleados. Me encanta estar solo y estar con gente pero comprendo que hay un momento para todo. Como saber cual es el momento de estar solo, si te apetece y nos viene bien. Simplemente. Perdemos libertad a menudo por hacer lo que se supone debemos hacer. Me gustaria que reflexionaramos sobre cuantas cosas hacemos y cuando no nos apetece. Bastaria decir No. Saludos. Buen blog.

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  5. A mi me gusta comer sólo por que no soportó los malos modales de mi familia para comer mi padre más que nadie ( que hable con la boca llena, se sienta mal en la silla, sorbe, se limpia la nariz no se suena pero deja la servilleta en la mesa) por eso prefiero comer sólo por que no lo soportó!

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