Una ventana que se abre cada seis años

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Por Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehlem

Cuando le digo a otras personas que me tocó ser funcionario de casilla para estas elecciones, todos me ven con lástima y conmiseración. Un amigo hasta me dijo: “pobre de ti, pero ni modo, a alguien le tenía que tocar”, como si se tratara de una mala broma del destino.

Sí es cierto que es algo muy cansado y que requiere de tiempo y paciencia. Hay que aceptar el nombramiento que nos dan, asistir a la capacitación y aprenderse los innumerables pasos que hay que seguir para no cometer algún error. Uno tiene que levantarse tempranito el domingo para montar la casilla, tratar con los representantes de los partidos y los observadores electorales y atender a las personas que irán a votar. Después hay que dividir los votos, contarlos y recontarlos en frente de todos los observadores, llenar las actas, recoger todo y guardarlo con cuidado milimétrico para que nadie diga que las cosas se hicieron mal.

Es un enorme trabajo, pero para mí también es una gran oportunidad. No sólo es una forma de contribuir al desarrollo democrático de nuestro país (que es algo que a mí sí me emociona, aunque sé que a la mayoría no le interesa mucho), sino que también es una ventana hacia en interior de una institución que tiende a ser bastante criticada y que, incluyo hoy en día, goza de muy poca credibilidad.

Es cierto que el mismo IFE se ganó esta desconfianza por los descarados fraudes que sufrimos durante la dictadura del PRI. Sin embargo, doce años sí han sido suficientes para regenerar a esta institución desde la raíz, a pesar de las múltiples acusaciones que sigue recibiendo. Me ha parecido muy interesante participar de cerca en este proceso, pues me he dado cuenta de que realmente está muy difícil que pueda haber un fraude.

Todo el proceso electoral está perfectamente planeado para que en todo momento haya gente vigilándolo. De entrada, los funcionarios de casilla somos personas elegidas al azar. No nos conocemos entre nosotros ni sabemos las preferencias políticas de ninguno. Los observadores electorales son voluntarios, de los cuales tampoco sabemos nada, y que tienen la facultad de impugnar una casilla si ven algo irregular.

Los representantes de los partidos están siempre presentes, desde que se monta la casilla, hasta que se cierra, ya con los votos contados varias veces en frente de ellos. Además ellos también tienen que firmar el acta para que los votos puedan ser considerados válidos y la casilla no sea impugnada, así es que nadie puede salir de la casilla hasta que no estén todos de acuerdo en las cuentas.

La caja en donde se entregan las actas y los votos separados debe ser sellada frente a todos, de modo que si los sellos llegan violados al IFE, se presume que hubo una manipulación de los votos de esa casilla y se anulan. Los mismos funcionarios del IFE son ciudadanos que no pueden pertenecer a ningún partido, a pesar de sus preferencias personales.

Éste es un enorme resumen del tipo de cosas que incluye el proceso electoral. El otro día, en mi capacitación, tuve que aprender que todo se sella, se firma y se ordena con precisión, además de que tenemos la obligación de dejar por escrito y firmada un acta con cualquier irregularidad o suceso fuera de lo normal, por más mínimo que sea.

Cometer un error en este proceso está muy difícil, y hacer trampa es prácticamente imposible. Sin embargo, es diferente que a uno le cuenten estas cosas a vivirlo en carne propia. Todavía hay muchísima gente desconfiada que clama la intención del IFE de llevar a cabo un enorme fraude estas elecciones.

El otro día leí en facebook una acusación al IFE de haber cambiado las crayolas para votar por lápices, los cuales “pueden ser fácilmente borrados y cambiados”, decía la publicación.

Sí, efectivamente el IFE cambió las crayolas por unos lápices especiales. La razón es que los crayones a veces se reblandecían con el calor y soltaban cera, la cual podía marcar otro recuadro en una boleta doblada y anular el voto. Estos nuevos lápices están hechos especialmente para evitar este problema, pues son más gruesos y contienen más arena de grafito que arcilla para evitar que se ablanden en cualquier clima. Por lo tanto, estos nuevos lápices resisten y pintan mejor.

Aún así, el IFE anunció que quien desconfíe de los lápices puedes llevar su propia pluma, crayón, sharpie, o estilógrafo, siempre y cuando se asegure de tener cuidado de que la tinta seque para no manchar otro recuadro.

Aunque esta información está al alcance de quien la quiera saber (y creer), el ser funcionario de casilla me ha permitido tener una visión mucho más cercana de este tipo de problemas y me ha hecho consciente del enorme trabajo que implica mantener un sistema democrático en un país. Es un puesto que brinda un sentimiento de unión y simpatía para con los demás ciudadanos, sean de las preferencias políticas que sean. Creo que no puede haber una mejor situación para mí en estos tiempos electorales tan divididos y violentos.

Pero no se preocupen, si no tuvieron la suerte de que les tocara ser funcionarios de casilla para sentirse orgullosos y tranquilos ante la seriedad de nuestras instituciones, tendrán que soportar el álgido ambiente social tan sólo un par de días más. Después del domingo, podremos empezar a llenar las redes sociales con publicaciones sobre las Olimpiadas.

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