No te quedes en la flecha

Por: Regina Oviedo

Twitter: @oh_regina

Hay una anécdota que se cuenta sobre el filósofo alemán, Max Scheller, que dice que, siendo él profesor de ética, un día uno de sus alumnos se lo encontró en un burdel y al preguntarle qué hacía ahí, puesto que él enseñaba acerca de la ética, Scheller le respondió que él sólo era la flecha que marcaba el camino y que no tenía por qué seguirlo.

La falta de coherencia de Scheller puede hacer que las personas reaccionen indignadas. Después de haberlo visto en tal situación, lo más seguro es que el alumno se confundiera y cuestionara qué es lo que se debe hacer realmente. Posiblemente, fue disminuyendo la confianza y la credibilidad en él, ya que la ética busca el bien, pero, ¿qué pasó con el profesor que no sólo sabía qué es lo bueno y que enseñaba la verdad, sino que, además, hacía énfasis en que no tenía por qué llevar a la práctica el conocimiento que transmitía? Su mensaje perdió fuerza.

Podría asegurar, querido lector, que en este momento de elecciones el tema te suena familiar, pero en este post quiero hacer énfasis en incoherencias de otro tipo de organismos no necesariamente relacionados con la política. Dentro de escuelas, hospitales, empresas y demás instituciones hay este tipo de inconcordancias entre lo que se dice y lo que se hace.

La mayoría de las empresas tienen una declaración estratégica con su misión, visión y valores, ¿pero qué pasa cuando éstos se quedan en el papel y no se llevan a la práctica cotidiana? Por ejemplo, el otro día me enteré por un amigo que en un hospital muy importante de la ciudad que dice tener buena ética no aceptó a una persona que obtuvo la mejor calificación en el examen para entrar a su internado y, en cambio, aceptó a otro por ser familiar de un médico reconocido dentro del hospital, a pesar de que había reprobado el examen. El nepotismo fue evidente.

Las empresas que aseguran promover virtudes y que buscan el bien de sus empleados encontrarán lealtad. Los que no son coherentes sólo consiguen una gran decepción en los que antes creían en ellos y vicios en los que se quedan en su ambiente.

Los empleados pierden la confianza que les daba su empresa, a pesar de que ésta siga mostrando una máscara de virtud, porque saben que a pesar de tener excelente imagen exterior, si está corrompida en el interior, acabará por dañar a sus empleados hasta, incluso, llegar a quebrar.

Uno de los problemas más grandes a las que este tipo de actitudes lleva es que, al perder la confianza, los empleados disminuyen la calidad de su trabajo porque no importa al final que tan bueno seas, sino quién tiene los mejores contactos. A la par del descenso de la calidad interna de la empresa, los clientes de ésta también son afectados y nadie busca comprar algo que no les dé lo que esperan.

Si la empresa es coherente, los beneficios se incrementarán notablemente. Buscar calidad debe ser uno de los principales objetivos de toda institución y esto se da, entre otras cosas, con la confianza que los empleados tienen ante su empresa. La coherencia debe ser uno de los discursos principales, no hay que perder la conciencia de que ser coherentes es posible y no hay que dejarnos corromper por los que justifican su falta de ética diciéndonos que “así funcionan las cosas”.

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