¿Existe una fórmula secreta para el éxito?

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

¿Quieres tener una vida y carrera exitosa? La mayoría de nosotros responderíamos que sí, por eso están a nuestra disposición en el mercado miles de libros, películas, seminarios, consultores y gurús de la autoayuda,  que nos sugieren “claves” y métodos para alcanzar el éxito. La mayoría de estas guías  exhortan a seguir los “secretos de los famosos” para lograr los mismos resultados excepcionales, de tal modo que para ser exitoso tienes que imitar las estrategias de Tiger Woods (antes de su crisis personal), Warren Buffett, Bill Gates, Lance Armstrong, Madonna o de Sir Richard Branson. A nivel de organización, sólo tienes que seguir los ejemplos de Apple, General Electric o Google. No suena nada mal para nuestros oídos alcanzar sus logros, ¿verdad?

Pero aquí hay una trampa. El primer gran problema con este tipo de asesoramiento es que no funciona y el segundo es que cuando la gente trata de hacer lo que se le recomienda, frecuentemente no alcanza los resultados propuestos; lo grave de esto es que sólo terminan desmotivándose más y más. Sólo tenemos que coger una revista o ver un programa de televisión donde los “perfectos” especímenes de la belleza se promueven como algo asequible para las masas y preguntarnos por qué millones de personas trabajan duro en los gimnasios, por qué se someten al último régimen de belleza o ponen en riesgo su salud tomando anfetaminas con la esperanza de lucir un cuerpo como el de las súper estrellas.

Sabemos que la mayoría de los hombres no tienen el físico de Ryan Gosling, ni la mayoría de las mujeres tienen las curvas de Gisele Bündchen. Son cientos de miles de personas las que, después de seguir las recomendaciones de alguna receta para el éxito, terminan sumergidas en una gran decepción y desesperación porque se sienten inútiles e incompetentes y esto no sólo en lo relacionado a la belleza, sino también en el éxito en lo profesional, en los negocios y relaciones de poder.

El rendimiento excepcional es frecuentemente la confluencia de la persona adecuada en el momento adecuado. Un gran problema de estas “recetas para el éxito” es que no toman en cuenta que los hábitos y habilidades se desenvuelven en un contexto espacio-temporal, es decir, no se desarrollan en el vacío. No es posible reproducir todas las variables de contexto para cualquier persona en cualquier momento, independientemente de las habilidades y capacidades que ésta tenga.

Además, si alcanzar el éxito de una súper estrella fuera algo tan fácil como seguir una larga lista de hábitos o trucos, entonces habría millones de personas de gran éxito y ya sería difícil de identificar a las súper estrellas. Por definición, sabemos que las súper estrellas destacan porque son pocas.

Investigaciones recientes abren nuevas perspectivas para reflexionar esta cuestión. Chengwei Liu de la Escuela de Negocios de la Universidad de Warwick, y Jerker Denrell de Oxford, publicaron recientemente un artículo en el que sugieren que es más seguro avanzar en los logros personales o empresariales si uno no se concentra en la recompensa que puede alcanzar, sino en dar un desempeño de calidad, resistiendo la tentación de imitar a las súper estrellas.

Pensar que los artistas famosos son los mejores es una creencia errónea, porque a menudo el rendimiento excepcional se produce en circunstancias excepcionales. Pensemos en Bill Gates, quien se convirtió en el hombre más rico del mundo. Decenas de escritores y “expertos” recomiendan seguir los hábitos y la ruta de Gates. Ahora, si bien Gates pudo haber sido muy talentoso para llegar a su situación actual, su éxito extremo nos habla más acerca de cómo las circunstancias independientes de su control concurrieron para que pudiera alcanzarlo. Por ejemplo, los antecedentes de clase alta de Gates le permitieron adquirir una experiencia de programación adicional y la conexión social de su madre con el presidente de IBM le permitió obtener un contrato con la empresa PC líder de ese entonces.

El estudio de Liu y Denrell muestra que en una investigación el 58% de los participantes asumían que los más exitosos eran los más hábiles, cuando claramente no lo son, sino que simplemente gozan de tener fama y eso lleva a creer que son mejores. Esto nos muestra que muchas veces la gente confunde la suerte con la habilidad. En el mismo sentido, Sir Richard Branson admitió en sus obras autobiográficas que no habría alcanzado tal éxito si su madre no le hubiera rescatado de dos graves dificultades financieras.

Entonces, ¿cuál es la alternativa al tratar de imitar a los más exitosos? Ya vimos que puede ser muy perjudicial seguir los tips de los famosos, por lo que tenemos que enfocar nuestros esfuerzos a potencializar más nuestras capacidades y aprovechar mejor los recursos que tenemos dadas las circunstancias concretas con las que contamos.

Tenemos que desarrollarnos más como personas y organizaciones razonablemente exitosas y envidiar menos a las súper estrellas. El desarrollo de un “segundo mejor”, más saludable y más realista, dilata mucho más la posibilidad de llevar una vida exitosa y feliz.

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