El té: la bebida de la honestidad

Por: Zaira Rodríguez

Twitter: @reduxrgz

Curiosamente, el té es una bebida ligera proveniente de las hojas del té, singular árbol oriental, que en un principio sólo era usado por la realeza china, pues los emperadores lo empleaban desde hace cuatro mil años como una bebida energizante e introspectiva, ya que representaba el poder de la naturaleza, poder necesario para gobernar plenamente.

Desde la antigüedad existen 3 principales tés: el verde, el bermejo y el imperial, este último era cortado de los jardines con tijeras de oro, a finales de febrero, según la tradición. Sin embargo, la tradición del té tiene un profundo uso religioso y data desde el siglo XIII en India, donde los brahmanes usaban hojas de menta y canela para aliviar los “males del alma”. Después los budistas le dieron otro sentido al uso del té, pues en sus monasterios se empleaba como bebida alimenticia ya que además de aliviar ciertos desequilibrios corporales relajaba la mente y el espíritu, volviendo al hombre más ligero. Con esto era más fácil adquirir la concentración necesaria para una buena meditación, que en un principio empezaba por la reflexión en la naturaleza. La naturaleza del té es similar a la del agua con ciertos elementos de la tierra, que en infusión se vuelven uno.

Este proceso nos remite a la metáfora de Li ki quién se expresaba así en sus textos:

De la ligereza y la transparencia del agua, el hombre aprende a conocer el fondo de su corazón y de su mente, hombre aprende también a enfocar sus actos en sus pensamientos, así el hombre aprende a ser ligero y honesto, para entonces trabajar con los demás hombres…

Li ki era un monje budista del siglo XIV quién junto con Nei Pan, el padre del Wu Wei, se encargaba de divulgar la doctrina en los palacios chinos. Li ki, además de ser monje y religioso, era bienvenido en los palacios de la dinastía Ming, ya que gustaba mucho de las artes culinarias y dotaba de grandes ideas a los cocineros reales. Su ritual para beber el té era muy sofisticado a pesar de sus humildes orígenes.

Los políticos de esa época eran muy bien educados, se dice que dominaban casi todas las técnicas marciales y de meditación, de modo que eran hombres virtuosos que desarrollaban la singular tarea de gobernar a los pueblos como si se gobernaran a sí mismos. Para ello la ética y la profunda religiosidad eran disciplinas notables en su quehacer político que debía ser honesto, ligero y transparente, virtudes que nos remiten a la naturaleza del té. Parte de su naturaleza también es una fuerza ligera que nace en la tierra, con el poder y el amor de la transmutación de la naturaleza. El hombre toma amablemente su esencia y el resultado es una bebida digestiva y estimulante, que se puede perfumar con diversos aromas, sencillos como el del jazmín o salutíferos como el de la salvia. Si es ofrecido en algún banquete o reunión es símbolo de hospitalidad, quizá una de las razones principales por las que se ha internacionalizado tan exitosamente, pues hoy en día tanto en Oriente como en Occidente, el té es símbolo de buen gusto y de un delicado acto reflexivo.

El uso del té trascendió de China a Japón donde se le da más vigor a su uso, incluyendo otros elementos en el ritual del té. Por ejemplo, actualmente, en algunas universidades se utiliza para llevar a cabo la explicación de temas fuertes y críticos como la política, la administración y la filosofía, conjunto de estudios que nos remiten a la ética y que llevan al hombre a reflexionar sobre el gobierno y el pensamiento de su país.

Al aprender de la naturaleza del té, reflexionamos y analizamos cada momento. Por ejemplo, considero que si en los negocios nos comportáramos como el té, y fuéramos empresarios honestos, transparentes y ligeros, podríamos fluir con nuestro entorno. Así, coordinaríamos nuestros pensamientos con nuestros actos y sería más fácil comunicarnos con los otros en un simple acto de coherencia, dejando atrás el ego y las consecuencias viles que la deshonestidad trae consigo.

Al ser deshonestos con nosotros mismos omitimos nuestros errores, pasamos por alto nuestros vicios y volvemos nuestras brillantes ideas en una serie de incoherencias en acto y, lo peor, si transmitimos esas incoherencias a nuestra empresa, la llevamos a la ruina; sin embargo si volvemos el acto reflexivo un ejercicio cotidiano, realizaríamos más fácilmente nuestros proyectos, porque una vez que tenemos la idea, con el acto reflexivo podemos controlar todas las perspectivas posibles, hallando así sus virtudes y sus defectos.

Una vez modificados y desechados los errores, tendremos una idea concreta, que podremos expresar de la forma más simple. En una empresa, sabemos que si desde el principio conocemos nuestras fortalezas y nuestros puntos débiles podemos enfocarnos a trabajar en las debilidades hasta volverlas virtudes; sin embargo en este proceso la honestidad juega un papel importante porque sólo mediante esta virtud podemos hallar esos defectos y esas fortalezas. El ejercicio no servirá de nada si no somos sinceros con nosotros mismos, pues hallaremos todo perfecto y fallaremos a futuro sin conquistar nuestros objetivos. Recordemos que por esa razón el té conquistó hasta los más lejanos territorios y actualmente en México, podemos saborear una rica taza de té de nuestra elección, disfrutando su claridad, aroma, sabor y esa sutil reflexión que nos invita a la honestidad.

3 comentarios en “El té: la bebida de la honestidad

  1. Hace ya un tiempo que en uno de mis tantos viajes introspectivos con marihuana había empezado a notar (me gusta mucho el té) que siempre lo acompañaba con té.
    La profundidad de mis pensamientos creo que en parte son gracias al té.

    Este artículo confirmo lo que mi intuición me dijo. Gracias por compartir.

    Saludos,

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  2. Zaira: me gustó mucho la idea de tu reflexión. La honestidad y la transparencia quizás sean de los principales ingredientes del té y no me refiero a la planta, sino a su motivo, a su verdadera esencia. Yo soy muy fan del té. Me parece que es una bebida aristócrata y no por tratarse de ricos o pobres, sino porque la vulgaridad no la alcanza por ningún lado. Creo que un ritual de té tiene la extraordinaria virtud de introducir en el absurdo de nuestras vidas, una brecha de armonía serena… y honesta, claro, como tú lo dices. ¡Muchas felicidades por estrenarte con tan bello tema! ¡Éxito! 🙂

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    1. Mil gracias Margoth! no te había podido contestar.
      De igual manera, el té no es tan popular en los paladares, sin embargo los usos y costumbres de éste también varían. Comparto la “aristocracia” del té así como la alquimia que por su naturaleza encierra.

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