Yo no sabía que me interesaba la empresa

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Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

Durante mucho tiempo, escuchar hablar de empresarios y negocios me parecía fastidioso y poco interesante. Creía escuchar acerca de un mundo pretencioso y despiadado en el que el principal interés era incrementar las ganancias económicas a costa incluso del bienestar de sus trabajadores, obligándolos a ser modelos de productividad y sacrificar su desarrollo en otros ámbitos. Puesto que mis intereses giran en torno a la reflexión, la creatividad, la escritura y el arte, pensaba que mi ámbito natural de trabajo estaría forzosamente lejos de ese entorno de negocios.

Sin embargo, colaborar en Eudoxa me ha dado una perspectiva distinta del mundo empresarial y me ha permitido conocer una noción de empresa centrada en las personas y concebida como un modo de aportar valor al mundo y, de esa forma, transformarlo. Hoy me parece que una empresa es un espacio privilegiado para concebir y perseguir una misión; un espacio que no sólo permite fijar un objetivo que beneficia tanto a los involucrados como a la sociedad en su conjunto, sino que genera la riqueza suficiente para lograr ese objetivo.

Una pieza clave en este sentido es entender la riqueza no sólo como el beneficio económico que se obtiene, sino como una noción que engloba también el producto o servicio producido por la empresa con su valor específico; de este modo, la riqueza se reparte en ambas direcciones —hacia el interior de la empresa y hacia su entorno—.

Además, una empresa me parece el lugar donde de forma más natural, en la sociedad actual, podemos explorar posibilidades de desarrollo, proyectar ideales, desarrollar carácter y habilidades específicas, y formar parte de una comunidad que comparte objetivos y virtudes. Una empresa es una oportunidad para recuperar el placer del trabajo bien hecho, fortalecer nuestras capacidades, medir nuestro desempeño y contar con compañeros y guías que nos ofrezcan retroalimentación y orienten nuestra labor.

El mundo empresarial es un espacio cada vez más versátil y sus posibilidades son cada vez mejor comprendidas. Es en una empresa donde hay lugar para una visión; es el vehículo por el cual muchos ideales pueden alcanzar su materialización. Es un entorno motivador en el que cada uno puede establecer retos y vencer sus propias marcas, con un propósito que da dirección y sentido a nuestra acción diaria. Es un ambiente en el que hay espacio para la creatividad, la innovación y el desarrollo integral de quienes la conforman.

Por supuesto, aún son pocas las empresas que cumplen con estos ideales; el trabajo es transformar las nociones de empresa y empresario para construir estas condiciones. En este ámbito se concentra una buena parte del talento de nuestros días y donde deberían existir las estructuras para potenciarlo. Me atrevo incluso a decir que una empresa honesta, virtuosa y responsable puede ser esa tan buscada alternativa al capitalismo voraz —para el cual nos es más fácil imaginar catástrofes universales que otros modelos de trabajo—. Ante todo, es un espacio no forzado, sino natural, en el cual recuperar el placer y el sentido del trabajo.

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