¿Por qué nos juzgan por nuestra apariencia?

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

Sí importa el contenido, pero también importa la envoltura. Probablemente todos hemos escuchado este dicho o alguno similar que nos avisa que nuestra apariencia y modo de presentarnos es importante, ya sea para conseguir un empleo o ganar confianza, entre otros.

De alguna manera todos sabemos que la apariencia importa, pero la mayoría de nosotros no estamos conscientes de lo relevante que es para nuestra mente y lo difícil que es ignorar la apariencia de una persona al momento de hacer un juicio social. No me estoy refiriendo sólo a las relaciones de pareja: estoy hablando de todas nuestras interacciones humanas. Tampoco estoy hablando simplemente de la dimensión estética, sino también de muchas otras cualidades que se manifiestan en la apariencia de cada uno.

Por ejemplo, una persona que inspira confianza, que tiene visión, que está comprometida con su trabajo y que tiene la capacidad de guiar y trabajar en equipo, la reconocemos socialmente como líder. A partir de nuestras percepciones construimos el carácter de la gente.

En este proceso de construcción el inconsciente tiene un rol fundamental, pues es el encargado de completar la imagen que nos formamos de la persona; puede captar datos que a simple vista no se alcanzan.

Nuestra percepción de las personas y las percepciones que los demás tienen sobre nosotros parecen ser muy claras y reales, es decir, tenemos la capacidad de captar la realidad de tal modo que lo que pensamos del otro generalmente se adecua a lo que el otro es. Sin embargo, la mayoría de las ideas que forjamos sobre los demás no están basadas en hechos, sino en inferencias que hace nuestro inconsciente a partir de factores como el lenguaje corporal de una persona, su categoría social, su voz y su apariencia facial.

En determinado momento estudiaré a detalle cada uno de estos elementos, pero en este post me enfocaré en la importancia de la apariencia facial al momento de hacer juicios sociales.

La apariencia facial es uno de los más estudiados para los fines políticos, así que este es un examen especialmente apropiado para reflexionar sobre la contienda electoral que acabamos de vivir.

El escenario electoral es también un buen lugar para estudiar los efectos que alcanza la apariencia en general, ya que muchas de las decisiones sociales que tomamos son equivalentes a un voto: ¿a quién escogemos como pareja?, ¿a quién podemos confiarle un secreto?, ¿a quién puede delegarle una responsabilidad importante? Al igual que en esos casos, cuando votamos por un candidato político nos gusta pensar que estamos examinando y “escogiendo” a la persona por sus méritos y no por su aspecto. Pero, ¿es realmente cierto?

Pocos de nosotros nos damos cuenta que la apariencia determina en gran medida nuestro voto. Si el candidato presidencial se muestra como alguien que inspira esperanza, que está comprometido con el país y está especialmente interesado en nuestro bienestar económico y familiar, puede ganarse cientos de miles de votos, a pesar de que esa imagen sea una farsa total.

No haré comentarios directos sobre el logro y buen manejo de imagen que tuvieron algunos candidatos en estas elecciones -esa es una tarea que les dejo a mis lectores- lo que aquí les ofrezco son algunas evidencias más que muestran la fuerza que tiene la apariencia al momento de ganarse la confianza de alguien.

El profesor Rosenberg de la Universidad de Harvard, hizo una serie de estudios que demostraron que los candidatos podían ejercer cierto control sobre el factor de la apariencia. Para esto, los investigadores reclutaron 210 voluntarios para analizar imágenes de 70 mujeres. Según características de su aspecto, valorarían si tienen o no capacidad de liderazgo y gestión.

A partir de estas calificaciones se determinó que hay ciertos factores que contribuyen a lograr un aspecto de liderazgo, por ejemplo, ojos con mayor curvatura en la parte superior, pelo corto con la raya a un lado o peinado hacia atrás, una cara ancha y redonda y el toque especial, una sonrisa serena y franca.

Para terminar el estudio contrataron a un artista de maquillaje al estilo de Hollywood y a un fotógrafo para que hicieran uso de esos criterios y crearan dos imágenes de cada mujer: una que tenga las características que acabo de señalar y otra en la que no estén. El resultado de este estudio confirmó que la manipulación de imagen tuvo el efecto deseado.

Pues bien, como pueden ver la apariencia sí importa, y esto es más notable aún a la luz de los miles de millones de pesos que se gastan en el año electoral para anunciar a los candidatos, sus puntos de vista y cualidades personales que los hacen elegibles. Pero aquí lo realmente revelador es la idea de que la influencia que tiene la apariencia no se restringe a la arena electoral, sino que muchas de nuestras decisiones y juicios que hacemos sobre las otras personas cotidianamente tienen su base en esta fuerza. Por eso es muy importante darnos tiempo para conocer a las personas con las que compartimos, porque es muy posible que por meras inferencias inconscientes suponemos de los demás cosas que realmente no son ciertas, perdiendo así la oportunidad de descubrir la riqueza personal de aquellos con los que compartimos.

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