Un paréntesis para pensar

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Hoy no hablaré propiamente de Responsabilidad Social. Lo haré, quizá, de manera tangencial, pero no es la finalidad de mi texto de hoy. Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión corta, pero de altísima relevancia para el mundo empresarial mexicano.

Ahora más que nunca, cuando un cambio de régimen se ve a la puerta, los empresarios debemos ser puntos de referencia para el país. Como líderes, tenemos la obligación de no olvidar el pasado y de pensar, casi sistemáticamente, tres preguntas fundamentales: ¿dónde estamos?, ¿a dónde vamos? y ¿de dónde venimos?

Si las respuestas a estas tres preguntas se nos escapan de las manos, entonces es muy posible que permitamos el resurgimiento de errores ya superados, el agravamiento de fallas que aún no solucionamos y el nacimiento de tropezones que podríamos evitar. Como empresarios no debemos permitir que esto pase. Y nuestra mayor arma se llama pensar.

Hace ya un tiempo participé como ponente en un seminario de maestría en la UPAEP. El tema que tuve que exponer, junto a mi colega Arturo Ortega, giró en torno a la historia del pensamiento mexicano. En este momento creo que cobra un poco de relevancia regresar a la conclusión con la que cerré mi participación en aquel seminario. Se las comparto:

“¿Cuál es la historia del pensamiento mexicano? Esta pregunta se puede reformular en otra: ¿dónde está la belleza de todo lo que ha pasado? Bello es lo armónico, lo que va bien. Lo bello de la historia es lo que le va a la historia; lo bello de la historia del pensamiento es, por lo tanto, lo que le va al pensamiento en la historia.

¿Y qué le va al pensamiento en la historia de México? Le va lo que le es propio. AL pensamiento en México le es propio México. Es el eterno retorno de lo mismo. El retorno del pensar sobre sí mismo. El retorno de México sobre México mismo. Así, la respuesta a la pregunta planteada es que México se piensa, es decir: el pensamiento de México es él mismo.

Hoy vivimos un momento de auge para los diagnósticos. Para todos los problemas  buscamos diagnosticar. Pero hay un problema: todo diagnóstico, aunque fuera correcto, no piensa. Tan sólo señala realidades y (posibles) soluciones y, de este modo, sólo funciona, si funciona, como signo. Signo que remite a algo más, por ello un diagnóstico nos servirá para otros menesteres, pero no para pensar. Y hemos dicho que México se piensa.

Dijimos [durante el seminario, citando a Heidegger] que pensar no es otra cosa que construir. En este sentido, cuando México piensa, construye a México. El México que piensa a México, construye a México: supera todo diagnóstico, supera todo análisis. No importa el discurso, ni la pose, ni nada. Sólo construye. Pensar a México –reitero- construye a México. Quizá por eso “lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos” [Heidegger, M. ¿Qué significa pensar?].

Acaso en otras épocas pensamos. Acaso en otras épocas México se pensó… acaso en otras épocas México se construyó. (…) Pero ahora, ¿se piensa?

Afirmo que no. Ahora se diagnostica, se justifica, se edifica, pero no se construye. México se define, se identifica, se igualiza, se fraterniza… pero no se construye, porque no se piensa.

Es posible que lo que tengamos que hacer ahora es volver a pensar. O comenzar a pensar en esta época nueva. Pero pensar para construir y, una vez construido, para habitar.

¿Qué piensa hoy México cuando se piensa? Quizá 200 años nos puedan enseñar a pensar. (…) Tenemos que aprender a pensar, para aprender a construir. Aprender a pensar a México es aprender a construir a México.

¿Qué piensa México, cuando piensa a México, si acaso piensa México?”

Hasta aquí mi clausura. Hasta aquí mi reflexión. Creo que como empresarios nuestra labor principal es construir a México: si no construimos, ¿qué hacemos? Vendemos, comerciamos, intercambiamos cosas por centavos… pero no emprendemos. Emprender es construir y por eso afirmo que el empresario es filósofo. Emprender es pensar. Y ahora es indispensable hacerlo. Hacerlo a diario y desde nuestra oficina. Es nuestra obligación construir a México construyendo nuestras empresas…

…y en ese sentido: ¿qué piensa tu empresa, si piensa tu empresa, cuando se piensa?

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