La conferencia que cambió mi vida

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Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

El otro día, mientras preparaba una ponencia sobre responsabilidad social, encontré un video de una conferencia a la que asistí en 2007. La conferencia la dictó para algunos miembros de la Coparmex el C.P. Agustín Irurita, ex director general de Grupo ADO.

Su conferencia versa sobre la importancia de la vinculación social y el liderazgo de los empresarios en la promoción de un país más justo y próspero. Es un video que, junto con los de Steve Jobs, o algunos de las charlas TED, vale la pena que todos los que estamos inmersos en alguna organización y tenemos algún puesto de liderazgo, veamos.

El video lo pueden revisar en la siguiente liga: bit.ly/N3sogm

Hoy no quiero hacer una interpretación sobre lo que se dice en el video. Creo que es claro por sí mismo. Quisiera que ustedes, si gustan, me compartan sus interpretaciones y comentarios: intentemos construir juntos conclusiones al respecto de nuestra labor diaria, ¿les parece?

Mientras tanto, les comparto que este video tiene un carácter importante para mí porque documenta el momento en el cual nació mi afán emprendedor al presenciar la conferencia.

En aquél entonces yo era un estudiante de licenciatura que me estaba encaminando a la academia filosófica. La empresa no me interesaba en lo más mínimo y el mundo comercial me parecía lejano y misterioso. Quería dedicarme profesionalmente a la investigación y, nunca de los nuncas, a la empresa.

Era tan ñoño que, como anécdota, hacía mis propias traducciones del griego para mis trabajos mensuales e investigaba temas tan extravagantes como la relación de la teoría del caos y la teoría aristotélica de los lugares naturales… en fin, yo era lo que se conoce científicamente como nerdus insufribilis.

¿Qué hacía, entonces en esa conferencia? Fui de escribano y aprendiz, pues trabajaba para Coparmex y mi jefa me pidió que asistiera a la conferencia y, evidentemente, me faltaba comprender mucho del mundo de los patronos. Yo era capaz de distinguir entre el intelecto agente y el intelecto paciente (lo que ello quiera significar), pero para mí todos los empresarios eran una masa ingente de puercos capitalistas y magnates tan alejados de mí como los dioses del olimpo.

¡Cuál fue mi sorpresa al enfrentarme a un hombre que hablaba con una claridad de ideas que sólo puede alcanzarse con la experiencia! Una claridad de ideas que, incluso en un discurso que académicamente era imperfecto, develaba grandes luces de verdad y una clara invitación a replantear mi premisa: los empresarios somos humanos, tan humanos como cualquiera y ahí radica nuestra gran responsabilidad.

La conferencia detonó en mí un cambio tal que me arrojó a la vida empresarial. Me hizo partícipe de una idea de liderazgo que acepté e intento asumir día a día con mis colegas en Eudoxa y en todos los demás ámbitos de mi vida. Me quitó el lastre de la pedantería intelectualoide y me obligó a replantear mi vida.

Hoy sigo siendo un ñoño y, en algún sentido demasiado amplio, un académico. Pero también soy un empresario. Hoy, gracias a esa conferencia, trabajo día a día persiguiendo la construcción de una empresa cuyos cimientos sean el pensamiento firme de la academia y la vinculación social de un liderazgo humano.

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