Cocinar no es cualquier cosa

Por: Margot Castañeda

Twitter: @martxie

Cocinar no es cualquier cosa. Se cita en nuestra película animada favorita, Ratatouille, que “cualquiera puede cocinar” y quizás tengan razón, pero esta frase no implica que cocinar sea fácil. No entraré en los temas técnicos, porque no soy ninguna experta cocinera y para serles sinceros, creo que son temas delicados y por tanto deben ser tratados con seriedad. Lo que quiero decir es que ser cocinero en esta –o cualquier otra época– implica mucha más responsabilidades de las que alcanzamos a ver desde la superficie.

¿Se han dado cuenta de que todas las “invenciones locas” de los cocineros mexicanos –famosos o no– implican un conocimiento profundo tanto técnico, como emocional, histórico, cultural, práctico y sensorial?

La cocina requiere de grandes habilidades, pensamiento y planificación: no es sólo una cuestión de “hacerlo”. Janet Theophano argumenta que las personas de habilidades culinarias “evolucionan con el tiempo y en muchos casos, el valor puede imbuir al cocinero con autoridad cultural”.

En este sentido, la cocina puede ser considerada como una práctica reflexiva, ya que requiere obtener una cierta cantidad de conocimiento y entrenamiento o formación en un proceso acumulativo y transformador. El conocimiento se expande y se aumenta cada vez que cocinamos y así comenzamos a incorporar a la cocina como una práctica reflexiva.

También gozan de gran importancia los libros de cocina y las recetas en el desarrollo, consolidación y ampliación de los conocimientos en la cocina. Los libros de cocina (editados o hechos en casa) son importantes en este análisis porque los cocineros los utilizan para mejorar su práctica de cocina, pero también obtiene placer coleccionándolos.

El entrelazamiento del conocimiento y la práctica nos provee una disyuntiva en el conocimiento dualista; los cocineros tienen que saber para ser capaces de hacer, sin embargo también tienen que hacer con el fin de saber.

Para todos los cocineros, cocinar se basa en una práctica incorporada. Quizás usamos los libros de cocina y las recetas como guía, pero aplicamos cada vez las habilidades adquiridas para cocinar.

La filósofa Lisa M. Heldke apoya la idea de que un cocinero goza de un conocimiento más profundo que el teórico, habla de un equilibrio entre conocimiento corporal (práctico) y mental (teórico). Heldke explica que la cognición efectuada al preparar y comer alimentos es conocimiento encarnado, pues el cuerpo y los sentidos, lejos de ser algo externo a la cognición, son parte integral de ella, el medio a través del cual se adquieren conocimientos antes del control de la razón, y muchas veces más allá del control de la misma. Esto no presupone que la cognición corporal sea irracional; Heldke más bien va más allá de la separación dualista entre cuerpo y mente (una posición que, por lo general, hace caso omiso del cuerpo a favor de la función intelectual “superior” usada por la razón), y argumenta a favor de un tipo de conocimiento que no descarta al cuerpo.

Yo también creo que la elaboración de los alimentos contiene un conocimiento emocional y sensorial que puede servir como una alternativa a la noción tradicional del conocimiento como “objetividad neutra”. En la preparación de los alimentos la objetividad neutra, que es la norma en la investigación científica, no es lo ideal en la cocina; la buena cocina es buena en parte debido al apego emocional que se tiene con aquellos para quienes se cocina.

Cocinar permite que el sujeto que cocina intime con los alimentos y con las prácticas alimentarias dentro de su contexto cultural. A través de los alimentos también se puede intimar con otras personas. En la novela de Laura Esquivel “Como agua para chocolate” los personajes desarrollan este tipo de relación íntima con la comida, se comunican a través de ella y perfeccionan su manera de conocer a través de los sentidos, en especial del gusto y del olfato.

“Parecía que habían descubierto un código nuevo de comunicación en el que Tita era la emisora, Pedro el receptor y Gertrudis la que sintetizaba esta relación, a través de la comida. Pedro no se resistió, la dejó entrar hasta el último rincón de su ser sin poder quitarse la vista el uno del otro. Le dijo: -nunca había probado algo tan exquisito, muchas gracias-.”

Este ejemplo me gusta mucho porque, aunque es bastante romántico y no deja de tener tintes de ficción, nos muestra que Tita (el personaje principal, que es cocinera) tiene un don especial que le permite entender al mundo de la comida y expresarse a través de sus habilidades culinarias. Cocinar quizás es un súper poder del que no todos gozamos. Sí, hay mucho trabajo mecánico, también mucho conocimiento científico, pero lo que a muchos se nos olvida a veces, es que cocinar también es una actividad emocional. Ésa, quizás, es la que más se dificulta en la vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s