¿Importan más nuestras creencias o las de los demás?

Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

Si yo le preguntara a mis lectores cuánto tiempo y energía gastan en preocuparse por lo que los demás piensan de ellos, la respuesta generalizada seguramente sería algo como: “a mí no me importa lo que piensen los demás”, cuando la realidad es muy diferente. Creo que muchos no nos damos cuenta el nivel de importancia que le damos a las opiniones ajenas sobre el valor que tiene nuestro trabajo, nuestros deseos y cualidades. Piensa en aquella vez que a partir de la descalificación de alguien sobre tu proyecto te cuestionaste si lo que planeaste es verdaderamente bueno o “pertinente”, y finalmente “te diste cuenta” que “no valía la pena”, o aquella situación en la que tus amigos te bajaron de las nubes diciéndote “las verdades” de tu pareja. Que los demás te den comentarios sobre tu vida es positivo, lo peligroso es cuando esas opiniones definen tus certidumbres, sentimientos y deseos, pues estarás al vaivén de las opiniones de otros y no de tus propias decisiones.

Como seres racionales, la mayoría de nosotros hemos formado una idea de lo que somos, o de lo que creemos ser. Esa idea no se desarrolla de una manera aislada e introspectiva, sino que tiene como base el contexto cultural, la educación, los diversos roles sociales que operan, el sentido de auto-estima, y las experiencias y valores que se transmiten en el hogar. Creamos nuestra identidad a partir de nuestra auto-percepción y de la auto-percepción refleja, que es la percepción que tienen los otros sobre nuestra persona. Entre estos dos factores hay una constante retroalimentación, y cuanto más poder le damos a las opiniones ajenas, más nos definimos a partir de sus afirmaciones. Está en nuestras manos lograr el equilibrio y, especialmente, valorar los sentimientos y pensamientos propios.

Si la fuerza de nuestra identidad radica en elementos externos a nosotros fácilmente perdemos la seguridad y fuerza interna de decisión. Y ¿qué pasa cuando no podemos decidir por nosotros mismos? Nos vamos alejando de lo que más deseamos. Por ejemplo, es natural que dudemos al momento de tomar una decisión  en torno a un cambio de trabajo o una compra particular, si un amigo o un hermano tienen una opinión que difiere de la nuestra. La reconsideración genuina debería quitarle potencia a la duda interna que tenemos a causa del malestar que nos causa la opinión que tienen los otros sobre nuestras decisiones. En vez de legitimar o permitir que otras personas determinen nuestro nivel de confianza y el sentido de nuestras acciones, debemos darnos cuenta que quienes mejor reconocemos la situación somos nosotros mismos, por lo que somos los más adecuados para tomar las decisiones de nuestra vida. Y en esto no hay que tener miedo al error, pues ninguna decisión es mala en sí misma, todas brindan enseñanzas y experiencia que nos servirá en la vida.

Creo que en realidad es muy simple lograr el equilibrio entre la auto-percepción y las opiniones que tienen los otros sobre nuestra persona: la clave radica en reconocer que todo el mundo tiene una opinión -y, en general, la mayoría piensa que su opinión es más correcta que otras- pero las opiniones son precisamente eso: opiniones. No son argumentos definitivos y contundentes, sino el pensamiento personal de alguien al respecto de algo. No se trata de dejar de escuchar las opiniones de otros, sino simplemente tomarlas no de un modo definitivo, sino como otro punto de vista que bien podemos considerar o no.

Una vez que nos desembarazamos de la tiranía de las opiniones de los demás, nos encontramos con que muchos de nuestros obstáculos auto-creados pierden fuerza, de modo que, aunque Fulanito piense que yo no tengo habilidad para el arte y que mi decisión de entrar a clases de pintura es una tontería porque yo sólo soy bueno para las ciencias exactas, pierde relevancia. No permito que la opinión de Fulanito afecte en mis decisiones y en mi deseo de adquirir nuevas habilidades y experiencia, y, como no lo tomo de manera personal, no me enojo por sus opiniones ni pierdo su amistad.

Mientras más evidencia reunimos para revelarnos a nosotros mismos nuestra fuerza creativa y bondad, con más ímpetu seguimos el camino que nos brinda las experiencias que nos plenifican.

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