Evita ser fumador de la negatividad

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Por: Ana Belén Díaz Enríquez

Twitter: @anabee2

Mientras estemos en contacto con otras personas siempre nos encontraremos a alguien que se dedica a expresar su inconformidad sobre lo que lo rodea. Como somos seres humanos y vivimos en sociedad estamos expuestos a una lluvia constante de negatividad y, ya sea de manera permanente o esporádica, la lluvia siempre termina mojando.

Podemos pensar “bueno y eso a mí qué me importa, yo no soy negativo”, pero, aunque no parezca, la negatividad de algunos termina afectando a todos los que lo rodean. Basta recordar lo que ocurre cuando vamos a una fiesta: muchos de nosotros no fumamos, sin embargo, al regresar a la casa olemos a cigarro, por no decir los efectos que causa el humo a nuestros pulmones. Lo mismo ocurre con la negatividad, el escuchar las quejas, reclamos y enojos nos convierte en “fumadores pasivos” de la misma.

Hay muchos libros, estudios, escritos y material donde podemos documentarnos sobre las implicaciones físicas y emocionales de la negatividad en el ser humano, y es por eso que quiero enfocarme hacia el otro lado de esta situación: cómo aprender a vivir con el pesimismo y evitarlo en nuestra vida diaria y en el trabajo.

Cuando te das cuenta que estás en un ambiente desagradable, debes detenerte un momento y preguntarte: esa negatividad,  ¿es de alguien más o es mía?. Reflexiona durante unos segundos para identificar tu negatividad.

Si no eres tú quien la genera, descubre quién es aquella persona que está causando ese malestar. Debes de ser muy observador, pues la negatividad se contagia y en ocasiones es difícil detectar su origen, pero hacerlo es indispensable para poder frenar su influencia sobre el grupo. Una vez que lo hayas localizado, trata de mostrarle que hay soluciones posibles, enséñale las opciones que tiene. Si no te escucha no te desgastes tratando de convencerlo, pon distancia y hazle saber que no estás interesado en entrar a ese círculo de negatividad.

Hasta el más positivo puede tener momentos en los que cree que todo está mal, y nadie está exento de sentirse en algún momento pesimista. Es en este punto donde entra el verdadero espíritu optimista, pues como dicen “es muy fácil ser feliz en los tiempos buenos, lo complicado es serlo  en los malos”. El optimista no es aquel que ve todo bien, que cree que no hay ningún problema, eso sería estar fuera de la realidad. La manera en la que enfrentamos nuestros problemas es lo que nos hace ser pesimistas u optimistas.

Cuando te das cuenta que algo te está molestando, déjalo ir, cuando nos alejamos un poco de las preocupaciones y los problemas es cuando empezamos a ver las soluciones. A veces conviene más darse unos minutos de descanso y distracción antes que seguir frustrado intentando resolver un problema o escribir un reporte que no nos sale, por ejemplo.

Cuando tienes un problema o una situación negativos y te enfrentas con actitud pesimista, estás contribuyendo con más negatividad. Date cuenta que a lo mejor no sabes como mejorar la situación, pero convéncete que hay muchas soluciones para resolverla, no te limites al problema, ábrete a las soluciones.

En pocas palabras, dejar la negatividad significa aceptar la realidad, con sus aspectos positivos y negativos, aceptando también nuestra responsabilidad en la situación y construir a partir de ahí una solución al problema en lugar de buscar los motivos por los cuales no lo puedes resolver.

Dejemos de ser el problema para empezar a ser la solución.

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