La perversión de la democracia

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

A pesar de todo el dramatismo generado a últimas fechas por las elecciones presidenciales en el país, que como consecuencia han despertado dudas en algunos ciudadanos sobre la veracidad de la democracia mexicana, la crítica a desarrollar en las siguientes líneas no tendrá que ver con este tema, porque a parte de trillado, me parece que está mal enfocado. Su servidor tiene un interés más general: tratar de mostrar cómo la democracia actual arrastra algunos vicios que poco a poca la han degenerado hasta volverla, más que un medio para el bienestar común, un medio para obtener poder.

Recientemente, por mi trabajo, tuve que visitar mi Alma Mater. Estaba en el centro de cómputo cuando llegó un muchacho y nos ofreció a mí y a los demás presentes tacos y pantallas para ver el partido de fútbol entre Real Madrid y Barcelona. Yo le di las gracias, pensando que era trabajador de algún restaurancillo ubicado cerca de la escuela y le pregunté que dónde estaban ubicados. Él respondió: “estamos en jardín central [el jardín más grande de la universidad], tenemos muchas pantallas y tacos gratis, vayan, se van a divertir, pero recuerden, somos “el verde”.” Los tacos gratis me parecieron sospechosos, así que no pude evitar preguntarle a quien estaba a mi lado: “¿El verde? ¿Qué es el verde? ¿Por qué regalan tacos? ¿Qué se celebra?” Mi vecino en el centro de cómputo sólo respondió: “Habrá elecciones para la sociedad de alumnos”. En ese momento, lo comprendí todo; querían comprar mi voto.

Y aquí precisamente comienza la crítica. Si reflexionamos un poco, siempre, al momento de decidir por quién votar, de algún modo “vendemos” nuestro voto. El principio de la democracia es votar por quien ofrezca la mejor forma posible de llegar al bien de la comunidad. Así, bajo los principios ideales de la democracia, los protagonistas deberían tratar de comprar el voto de los electores mediante propuestas racionales, viables y posibles acerca de cómo lograr el bien común a lo largo del ejercicio del cargo al que aspiran. Sin embargo, la democracia que funciona en nuestro país es diferente: el voto trata de comprarse con objetos inmediatos, placenteros en ese momento, y que lejos de ser racionales alteran más bien nuestras pasiones, por ejemplo el sentido del gusto, al regalarnos tacos, o la pasión deportiva, al regalarnos una transmisión de fútbol. Ésa es una de las perversiones de la democracia: comprar sin argumentos y más bien con objetos cuya satisfacción a nuestros sentidos o  necesidades es inmediata, efímera e individual (es decir, ya no tienden al bien común). La perversión es aún más grave cuando quien da su voto está dispuesto a venderlo por esos objetos efímeros e individuales. Creo que aquí deberíamos frenar un poco y reflexionar: ¿es realmente responsabilidad de los candidatos ofrecer bienes individuales inmediatos y efímeros en lugar de argumentos racionales y posibles para lograr el bien común? ¿No será acaso más responsable quien acepta vender su voto a cambio de esos objetos sin exigir mejores propuestas? Quizá deberíamos culparnos a nosotros y no al sistema o a “la corrupción”, como si ésta fuera algo ajeno. Al fin y al cabo nosotros somos quienes decidimos si hacemos o no el intercambio.

Otro punto a criticar: ¿cómo esperamos tener una “democracia madura” (como dicen los especialistas) si los estudiantes universitarios, algunos de los cuales serán los futuros candidatos, desde ahora ya utilizan una democracia pervertida como medio para llegar a un puesto de poder? Alguna vez escuché en una conferencia que los políticos son corruptos porque la sociedad es corrupta. El argumento ya extendido dice que los políticos surgen de las sociedades. Si una sociedad es corrupta, el político aprenderá la corrupción allí, luego la utilizará en su puesto público. La anécdota que contaba al principio comprueba esta parte. En las universidades, que es donde deberían surgir las ideas críticas, los ideales, los pensadores del futuro, pasa lo contrario; se aprende a pervertir lo bueno para alcanzar un beneficio individual.

Finalmente, otro ejemplo donde la democracia se pervierte es en las redes sociales. ¿Cuántos de nosotros no hemos sido invitados por amigos para votar por su foto, o por su diseño, o por su frase dentro de una red social para que él gane un premio? ¿Un concurso así, donde debería ganar quien más votos tenga según la calidad de su trabajo, pero realmente gana quien tenga más amistades, es democrático realmente?

Tratemos de evitar pervertir a la democracia, vendamos nuestro voto bien, es decir, dentro de las comunidades donde estemos afiliados y pensando y reflexionando para dar el voto a quien propone cosas más sensatas, posibles y enfocadas al bien común. Renunciemos a dar el voto a quien sea nuestro amigo, a quien nos regala tacos, a quien nos regala dos horas de diversión con fútbol, dejemos de votar por nuestro jefe sólo porque si él llega al nuevo puesto “me va a ir mejor a mí”. El principio de la democracia en una comunidad son sus integrantes, pues ellos deciden quién debe representarlos y quién no. El principio de la democracia somos nosotros, así es que dejemos de pervertirla y de echarle la culpa a los demás.

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