El arte y lo mundano

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 Autor: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz  

Hace unos años tuve el privilegio de visitar el Museo de Arte Moderno de Boston. Al entrar inmediatamente noté que había una exposición temporal de una artista llamada Tara Donovan, quien inmediatamente captó mi atención. Sus instalaciones tenían una característica particular; todas estaban hechas con cosas mundanas, objetos comunes, sin valor. Trabajaba con vasos de plástico, popotes, palitos de madera, papel, etcétera.

El impacto que experimenté al contemplar su obra ha hecho que a la fecha recuerde vivamente aquel día, pues las figuras que lograba y la textura de sus esculturas fue algo muy especial. Olas de plástico formadas con vasos para beber, paredes con texturas tridimensionales, burbujas de papel celofán con distintos tamaños y colores son algunos ejemplos de sus ideas artísticas.

La explicación de su trabajo era bastante sencilla; se trata de elevar un objeto de uso común, como un simple pedazo de madera o un vaso desechable,  a un plano estético, un estado en el que el objeto pierde su esencia individual y en conjunto forma parte de una estructura completamente fuera del alcance de su función original. Ahora ese objeto adquiere una nueva tarea, una característica estética.

Tratando de encontrar la equivalencia musical de este tipo de arte, estuve pensando en diferentes ejemplos; entonces surgió la siguiente pregunta en mi cabeza: ¿qué tipo de música parte de un sonido mundano y común, que no tiene una función en particular, pero que es parte de todos los días? , o mejor dicho ¿cuál es ese sonido mundano? La respuesta vino a mi mente rápidamente: el ruido.  Así es, el ruido es el sonido más común y corriente que hay. Está en todos lados, se produce con los objetos más usuales y está presente todo el tiempo. Es tan frecuente que a menudo ni siquiera lo hacemos consciente.

Sin embargo el ruido no es música. Es necesaria la mano de un artista para elevarlo al plano estético en el que los objetos de Tara Donovan se encuentran. Recurramos pues al elemento más básico de la música: el ritmo. El ritmo debe tener un orden en el tiempo y un patrón de movimiento. Cuando el ruido tiene ritmo se convierte en música. Todo instrumento de percusión es un instrumento musical, pues cuando un músico lo hace sonar con rimo el ruido que produce se eleva a un plano estético.

Hay muchos ejemplos en la historia de la música que muestran con claridad esta idea. El primero es la música prehistórica, producida por palos y piedras, tambores de piel de animales y sonidos de la voz humana que imita a los animales. Otro ejemplo moderno es el compositor del que alguna vez ya hablamos en este espacio; me refiero al estadounidense John Cage, quien dentro de sus excéntricas ideas utiliza objetos comunes para producir nuevos sonidos y piezas nuevas. He aquí un ejemplo de una pieza para piano preparado, una obra en la que John Cage pone clavos y tuercas en las cuerdas del piano para hacer sonar al instrumento de una manera distinta.

Para terminar les dejo un ejemplo de un grupo que ha explorado esta idea al máximo y que les ha rendido fama a nivel mundial. Me refiero al popular grupo STOMP. Que lo disfruten.

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