Sobre los contactos, palancas, recomendaciones y otras cosas…

ImagePor: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

Tengo la fortuna de tener un buen empleo. No sólo le llamo bueno por la cuestión económica, también lo hago por la forma en la que se trabaja. Cuento con mucha libertad, he hecho verdaderos amigos, en fin, el ambiente que predomina aquí, donde trabajo es agradable, propicio para pensar, para ponerse uno retos y cumplirlos, pues las herramientas abundan. Soy asistente de investigación. De hace un año que estoy aquí, en este empleo, a la fecha, he sido tomado en cuenta un par de veces por el área de recursos humanos para recomendar colegas filósofos que puedan llegar a la empresa y suplir las vacantes que van surgiendo. La intención de contar esto no es sentirme importante por ser tomado en cuenta. Más bien se cuenta porque servirá para dar dos opiniones respecto a la empresa como comunidad.

Primeramente, debo parafrasear a Aristóteles, pues él afirma que el todo es anterior a la parte. Esto quiere decir que siempre una comunidad tiene prioridad sobre un individuo. Siguiendo este razonamiento, debo decir que, en lugar de sentirme importante por ser tomado en cuenta para este tipo de recomendaciones, debo pensar primero que quien me pide este tipo de ayuda, busca a otro individuo que al llegar ayude a funcionar mejor esta sociedad en la que trabajo. Del mismo modo, al cooperar recomendando a alguien lo importante no es que yo sea escuchado, sino que gracias a mi recomendación, la sociedad funcionará mejor. Los individuos sólo importamos en la medida en que nuestras aportaciones ayuden, primeramente, al mejoramiento de la comunidad en la que nos desenvolvamos.

Pero, ¿en qué medida recomendar a una persona afecta el rumbo de una comunidad? A simple vista la respuesta parece sencilla: si recomiendas a alguien virtuoso, el rumbo de la comunidad se verá afectado para bien y, caso contrario pasará si se recomienda a una persona viciosa (entiéndase vicio como lo contrario a la virtud). Sin embargo esto suele complicarse por las relaciones que mantenemos con las demás personas; es decir, a veces creemos equivocadamente que una persona es virtuosa sólo porque es amiga nuestra, o familiar, etc. También pasa lo contrario, a veces creemos que una persona es viciosa porque la desconocemos, porque no tenemos algún vínculo con ella.

 Por lo anterior es que podemos hablar de contactos y de palancas -como coloquialmente se llama a las personas que pueden colocarnos en algún puesto laboral-, como dos cosas diferentes. Creo que todos nosotros al escuchar el término palanca, en este contexto, entendemos lo mismo: Tener palanca es tener algún familiar, algún amigo, algún conocido en un puesto más o menos bueno que le permite colocarnos a nosotros en algún puesto laboral sin la necesidad de ser evaluados previamente al ser colocados. Cuando una palanca nos coloca en el puesto prometido no es necesario demostrar que tenemos las habilidades necesarias para realizar las tareas propias de éste; basta con tener un buen vínculo con él para lograr el puesto. Por eso es poco ético conseguir un puesto de este modo.

Muchas veces se entiende tener un contacto como sinónimo de tener palanca. Personalmente creo que hay una gran diferencia entre ambas posesiones, pues mientras que una palanca te coloca sólo por “amistad”, el contacto no lo es así, permítaseme la explicación: cuando uno logra, a través de un contacto, obtener un puesto laboral, si debe demostrar la posesión de habilidades necesarias para realizar las tareas que ese puesto arroja. Es decir, cuando un contacto nos recomienda para un puesto de trabajo, lo hace porque cree que somos capaces de desempeñarnos bien en ese puesto y no porque somos amigos, familiares o conocidos.

Las diferencias así quedan expuestas: una palanca recomendará a alguien buscando siempre un beneficio individual: lo recomiendo porque es de mi familia, lo recomiendo porque es amigo mío. En cambio, un contacto nos recomendará buscando el beneficio de la comunidad a la que él pertenece. Lo recomiendo porque creo que es el que puede desempeñar mejor todas las tareas de ese puesto, de este modo ayudará a que la comunidad sea  más virtuosa.

Aristóteles en una ocasión dijo: “Platón es mi amigo, pero es más mi amiga la verdad”. Y es lo que yo hoy quiero proponer: seamos, ante todo, más amigos de la verdad. En la medida en que seamos más amigos de la verdad que de nuestros amigos, en la medida en que seamos más amigos de la comunidad que de un vínculo afectivo lograremos que esa comunidad a la que pertenecemos genere mayor bienestar para todos y no sólo para mí o para un solo individuo conocido mío.

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