“Biológicamente incorrecto”

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Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

De algunos pocos años para acá se habla mucho de la equidad de género: hombres y mujeres son iguales ante la justicia, ante la sociedad, ante las oportunidades y ante el trabajo, entre otros escenarios. Quisiera en esta ocasión reflexionar un poco acerca de esta equidad sobre todo en cuestiones laborales. ¿Realmente hay un trato de igualdad entre hombres y mujeres dentro de una empresa? Sabemos por estadísticas, y algunas de ustedes por experiencia, que aún no existe esta equidad de género en cuestiones laborales. Salvo muy pocas excepciones, una mujer suele obtener menos ganancias que un hombre cuando los dos desempeñan exactamente el mismo cargo dentro de una empresa, especialmente cuando se trata de un puesto alto. Ése es un problema que no puede permitirse a estas alturas de la evolución de la sociedad. Si defendemos la equidad de género en la sociedad y ante la justicia, ¿por qué no se respeta en cuestiones laborales?

La realidad indica que este problema no es puramente social, sino que tiene un origen más profundo. Hablando con la verdad, el origen de este problema no es un problema en sí mismo, sino más bien una diferencia natural que, enfocada de otro modo, lejos de causar problemas podría ser beneficiosa para las empresas. Me refiero a la cuestión biológica; es decir, que una mujer sea menos estimada actualmente en las empresas se debe en el fondo por las condiciones físicas que su sexo imprime en ella. Explico: se considera que es más fácil contratar a un hombre y “más eficaz”, pues si éste, por ejemplo, quiere formar una familia, no necesita embarazarse, ésa no es una condición biológica propia de su sexo. Cuando un hombre quiere formar familia nunca interrumpe su carrera laboral, por lo que se piensa que no representa riesgo alguno para su empresa. Lo único que tiene que hacer, según la tradición actual, será proveer su hogar con lo suficiente para la vida buena de su familia. Por el contrario, cuando una mujer quiere formar familia debe embarazarse. Esta condición biológica propia de su sexo la obliga a tener cambios en su carácter, en su forma de ver las cosas y finalmente, la obliga a frenar su carrera profesional, desde que nace su hijo y a veces, hasta que comienza a ir a la escuela. Por eso las empresas prefieren hombres en puestos claves. No cortan su carrera, no abandonan la empresa para llevar a cabo sus planes familiares.

Desde este punto de vista la situación laboral para la mujer se torna difícil. Es común que un hombre se considere más atractivo para el sexo opuesto mientras más exitoso sea en su trabajo; esto aumenta sus posibilidades de contraer matrimonio y tener familia. Por el contrario, una mujer, entre más éxito profesional acumule, será menos atractiva para contraer matrimonio con ella y luego formar una familia. La razón sigue en torno a lo biológico: un hombre necesita a una pareja que pueda cuidar de los hijos para poder desempeñarse en su trabajo y una mujer exitosa profesionalmente por lo general no puede, pues su tiempo lo tiene invertido en su trabajo. Así, muchas veces la mujer se ve obligada a decidir entre su profesión o entre formar una familia.

Muchas personas hoy en día discuten esta situación y la califican de estereotípica. Se habla mucho de que tanto mujeres como hombres deberían dividirse las tareas del hogar y del cuidado de los hijos y además encargarse de su carrera profesional. Sin embargo, si somos sinceros con nosotros mismos y con nuestra capacidad, es extraordinariamente difícil mantener este tipo de acuerdos porque la estructura laboral no permite la flexibilidad necesaria para que ambos puedan dedicar el tiempo necesario a las dos cosas. Por eso la tendencia, aún hoy en día, es que el hombre sea el proveedor de la familia y la mujer, que de hecho tiene una limitación biológica al momento de tener hijos, sea la que trabaja en el hogar.

Por esta razón hay quienes opinan que la solución es que los hombres son los que deben trabajar en el campo laboral y el trabajo de las mujeres está en el hogar, no por una cuestión de superioridad o inferioridad, sino porque así estamos “diseñados” naturalmente. Ésta tampoco puede ser una solución, pues además de que la situación social y económica actual no permite limitar a la mujer al ámbito privado, se perdería una enorme riqueza que las mujeres pueden aportar hoy en día en el mundo laboral. Por mencionar tan sólo un ejemplo, está comprobado que las mujeres suelen ser más efectivas en áreas laborales donde se necesite creatividad para la resolución de problemas. Ellas, por lo general, son mejores que los hombres para estas tareas. Sería una pérdida terrible para una empresa carecer de miembros femeninos que podrían aportar mucho al trabajar en equipo con los elementos masculinos.

En mi opinión el problema es que seguimos enfocando la situación desde la perspectiva incorrecta. Hablar de “igualdad” absoluta entre hombre y mujer en el campo laboral es infructuoso porque de hecho no somos iguales y sí existen diferencias biológicas. Para de hecho abrirle un lugar a la mujer en el campo laboral en el cual pueda desarrollarse como profesionista y ganar un sueldo justo es necesario reconocer abiertamente las diferencias y las consecuencias que conllevan. La diferencia biológica que se presenta de modo natural en hombres y mujeres no trae ventajas o desventajas ni características superiores o inferiores con respecto de un sexo a otro. La diferencia biológica sólo presenta eso: diferencia en las capacidades innatas de los sexos que, al mirarlas como complemento, podemos aumentar mucho el beneficio de una empresa.

Para aprovechar mejor a las mujeres trabajadoras, y no obligarlas a decidir entre su carrera laboral o su vida familiar, algunas empresas han generado nuevas jornadas laborales donde tienen largos descansos (aproximadamente 3 horas) que pueden ocupar para recoger a sus hijos del colegio y comer con ellos; luego, pueden volver al trabajo. Está comprobado que las mujeres que trabajan así son más productivas, porque se generan en ellas sentimientos de lealtad, de compromiso hacia la empresa, que aquellas que tienen jornadas laborales tradicionales, es decir, de 8 horas continuas. Las ideas para dar apoyo a las mujeres (y hombres) para que puedan congeniar sus responsabilidades laborales con la vida familiar son infinitas, solamente tenemos que estar abiertos a pensar en las diferencias y en cómo podemos aprovecharlas, sin miedo a caer en estereotipos de género.

La conclusión, pues, está allí: en la medida que aceptemos nuestras diferencias biológicas y las complementemos con las del sexo opuesto, estaremos más cerca de obtener el bienestar social y el de la empresa.

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