Sinfonía Linz

Autor: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

La pintura que quizás goce de más fama a nivel mundial es La Gioconda, mejor conocida como La Mona Lisa. Esta pintura, probablemente creada alrededor de 1505, es objeto de infinidad de réplicas, postales, tazas, llaveros y hasta rompecabezas, tan típicos en las jugueterías de hoy. Es éste último sobre el cual me gustaría compartir un par de ideas. ¿Qué tuvo que ocurrir para que tuviéramos un rompecabezas de la Mona Lisa? Además de los años transcurridos para que se desarrollara el ingenioso juego del rompecabezas, necesitamos una imagen digna de armarse, ya que después de tanto esfuerzo llegamos a ser partícipes de la creación de la obra más conocida de Leonardo da Vinci. Entonces el proceso básicamente se resume en pasos muy sencillos: primero alguien pinta la imagen y después la hacemos pedacitos para armarla.

Ahora imaginen ustedes que Leonardo no hubiese tenido tiempo de hacer la pintura y que se hubiera visto en la necesidad de hacer por encargo un rompecabezas. El genio de Leonardo hubiera tenido que resolver el pintar pieza por pieza, sabiendo exactamente en qué lugar de la pintura va cada una, qué color lleva, qué proporción guarda con respecto a las otras y de qué manera se conectan los puntos, las líneas y demás elementos de la imagen. Entonces revertimos el proceso: primero alguien pinta los pedacitos y después aparece la imagen completa por primera vez, sin sacrificar calidad artística ni proporción ninguna. El pintor hubiera tenido que concebir la obra antes de hacerla y luego crearla por pedacitos para armarla después. Esto, queridos lectores, lo hizo Wolfgang Mozart en 1783.

Linz es una ciudad en Austria que se usaba de paso entre Salzburgo y Viena, ciudad que en ese entonces era la residencia de Wolfgang y Constanza, su esposa. En el verano de 1783 hicieron un viaje a Salzburgo, y de regreso, como era costumbre, fueron muy bien recibidos en Linz. Su estancia sería por pocos días y fue una sorpresa para Mozart el que le invitaran a dar un concierto con alguna de sus obras cuatro días después de su llegada. Mozart no tenía ninguna partitura con él y se vio obligado a componer la famosa sinfonía No. 36 K. 425 en, literalmente, un día.

Como ustedes saben, una sinfonía es una pieza para orquesta en la que los instrumentos tocan voces distintas al mismo tiempo. Los compositores escriben lo que se conoce como un score, es decir, una partitura en la que aparece la línea de todos los instrumentos y con la que cuenta el director para llevar a cabo su labor en concierto. Las partituras que tienen los músicos de la orquesta se llaman particellas, en las que solamente aparece su parte y generalmente son transcritas por editores u otras personas.  Es el conjunto de todas las partes al mismo tiempo lo que hace sonar la sinfonía.

Como Mozart no tuvo tiempo de hacer un score para que alguien más hiciera las particellas, tuvo que concebir la pieza completa en su cabeza, después escribir cada instrumento individualmente en papel separado, dirigir el concierto (probablemente sin ensayar) y finalmente hacer un score después. No conforme con esto, el nivel de arte que ejemplifica la pieza es comparable a una pintura de Leonardo da Vinci, pues la trascendencia es tal que sigue impresionando al público, empezando por mí. Es una verdadera maravilla musical, sin perder su típica forma clásica, con cuatro movimientos y elaborada en el más puro estilo mozartiano. Para ser sincero, debo confesar que hace unos años no conocía esta obra y me toco escucharla por primera vez en Carnegie Hall en Nueva York. Yo, como estudiante de música, tenía ya una cierta noción de cómo debía ser una sinfonía clásica y decidí poner mis conocimientos en práctica, pues quería disfrutarla al máximo. También sabía cómo Mozart siempre sorprende al público rompiendo reglas pero haciéndonos creer que las sigue. El impacto que causó la sinfonía en mí fue tan fuerte que años después es fuente de inspiración para escribir este post. Es simplemente impresionante, típica obra por la cuál Mozart sigue estando en la categoría más alta de los genios de la humanidad.

Para terminar, queridos lectores, les comparto una versión de la sinfonía Linz.

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