Rituales contemporáneos

Por: Elizabeth G. Frías
Twitter: @elinauta

Comer doce uvas para celebrar el año nuevo; pintarse la cara con los colores del equipo favorito, usar su camiseta y unirse al rugido colectivo; gritar ¡Viva México! cada 15 de septiembre; participar en una especie de trance masivo a la mitad de un concierto; unirse al llanto ceremonial para despedir a quien acaba de fallecer; celebrar un logro con una copa de vino compartida; reunirse en torno a la televisión siempre a la misma hora; contemplar extasiados la inauguración de los juegos olímpicos; arreglarse para ser parte del coqueteo, emborrachamiento y baile casi ceremoniales en un antro; incluir en el atuendo de boda un objeto azul; emperifollar a las quinceañeras con vestidos dignos de cuentos de hadas: todos los anteriores podrían considerarse ejemplos de rituales contemporáneos.

Pese a que, en primera instancia, relacionamos la palabra ritual con las ceremonias de las grandes religiones o con las tradiciones y cultos de sectas o de culturas antiguas, nuestra vida diaria está repleta de pequeños rituales que no siempre reconocemos como tales. No me refiero simplemente a actos repetitivos —como tomar café todas las mañanas o lavarse los dientes—, sino a secuencias de acciones en las que estamos conscientes del contenido simbólico de cada paso. Sabemos bien que lo que hacemos es significativo y nos entregamos a ello con una solemnidad casi equiparable a la de los manuales de etiqueta.

Lo curioso es que todos estos rituales contemporáneos —algunos provenientes de tradiciones muy antiguas, otros más recientes y otros más producto del sincretismo cultural más impresionante— ocurren en una época en la que el afán desacralizador se extiende rápidamente. En muchos ámbitos, nuestra época busca quitarle lo ceremonioso, lo superfluo y lo grandilocuente a las cosas que nos interesan. Yo misma he defendido (aquí, aquí o aquí, por ejemplo) que es útil dejar de considerar al arte como algo sagrado, intocable y sólo susceptible de contemplación para considerarlo algo cercano, criticable y repleto de significado no impuesto por una autoridad o institución, sino encontrado e incluso creado por el espectador.

Pero es justo gracias a este afán desacralizador que nuestros contemporáneos han erigido nuevos dioses y nuevas autoridades. No debe sorprendernos encontrar bodas que siguen al pie de la letra la ceremonia descrita en El Señor de los Anillos o que están ambientadas hasta el mínimo detalle en los libros de Harry Potter. La búsqueda de símbolos y de significados a los cuales aferrarse seguramente no terminará de un día para otro. Sin embargo, la ventaja de notar la arbitrariedad de muchos de los significados y de los ritos que carga nuestra cultura no es simplemente derrumbarlos por mero arranque cuasiadolescente, sino apropiarse de la capacidad de crear significados nosotros mismos. No tocaré aquí el tema de la religión, que tiene implicaciones mucho más complejas.

Apropiarse de la propia capacidad de crear significado a través de pequeños rituales es una herramienta más común de lo que creemos. Muchos creadores lo incluyen como parte de sus recomendaciones para trabajar incluso cuando la famosa musa inspiradora simplemente no tiene el ánimo de llegar a visitarlos: hay que hacerse de ciertas ceremonias que nos pongan en la disposición de concentrarnos y crear, como construir cuidadosamente un ambiente propicio, utilizar siempre las mismas herramientas, tomar alguna bebida —como agua o té—, tener cerca ciertos objetos que contribuyan a enfocar el pensamiento, etcétera.

Lejos de ser frágil o dudoso, un ritual creado por nosotros mismos contiene todos los elementos que sabemos que tendrán efecto en nuestro comportamiento. Será como tener un brujo a domicilio que, cual médico especialista, analice con detenimiento cada uno de nuestros síntomas y necesidades para confeccionar un ritual contemporáneo que se ajuste a nuestro pedido. Desde colocar una foto o una imagen cerca para recordar nuestras motivaciones, escuchar cierto tipo de música para mantener la concentración y rodearnos de un ambiente apropiado o de un color específico, hasta tomar un paseo antes de dedicarnos a hacer ciertas actividades o reservar un momento de reflexión para mejorar los resultados diarios, seguro que sabremos encontrar las acciones precisas que capturen el significado que requerimos para los momentos clave del trabajo diario.

3 comentarios en “Rituales contemporáneos

  1. ¡Oh! qué bueno que tocan el tema, yo también he escrito sobre rituales y aunque mucha gente sigue pensando que se trata de un asunto religioso, lo cierto es que también seguimos creando nuevas formas de hacer rituales, ¡qué monótona sería la vida en una rutina racional!

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  2. Me llamó la atención esto: “La búsqueda de símbolos y de significados a los cuales aferrarse seguramente no terminará de un día para otro.” ¿Tú crees que algún día termine?

    ¡Yo creo que nunca lo hará! Somos degustadores de símbolos (por usar ese gastronómico modo de decir que somos seres simbólicos) y necesitamos encontrarle significado al mundo en todo momento…

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