Reconociendo la mezcla

Por: Regina Oviedo

Twitter: @oh_regina

El mexicano tiene su propia identidad, el problema es que muchos nacidos en México no se reconocen como parte de su patria. A lo largo del año escuchamos a muchos que dicen: yo soy de origen español, francés, alemán, etc. Esas personas que buscan ser todo menos mexicanos y cambian su opinión en el mes de septiembre, en el cual exclaman al unísono “Viva México” el grito de reconocimiento de los nombres de personajes históricos.

Es cierto que México ya no es esa grandeza del México Tenochtitlán en donde se adoraban a los dioses por medio del sacrificio al tiempo que se rendía tributo a los caciques, pero tampoco somos aquellos españoles (o extranjeros) de piel notablemente más clara por regla y con tecnología más avanzada que vinieron a conquistar y a civilizar. Hoy en día, somos una mezcla entre conquistador y conquistado, y eso es algo que debemos tener bien claro. El mexicano actual es una fusión entre dos culturas principales y sólo al reconocernos como los mestizos que somos podremos tener el sentido de pertenencia que tanto nos falta. Una patria a la cual sostener con orgullo un saludo respetuoso es lo que necesitamos.

Dejar de lado el malinchismo y la xenofobia será un primer paso cuando evitemos catalogar a nuestro vecino como “indito” o “gachupín” (ambos términos usados de forma despectiva) y verlos como lo que realmente son: ciudadanos mexicanos y por tanto, nuestros iguales. Esto nos llevará a un progreso notable, porque al reconocer a nuestro vecino como igual, le prestas apoyo y el trabajo en equipo se fomenta, haciendo que la sociedad funcione de una mejor manera incluso con tu patria porque lo que quieres ahora es el bien de tu comunidad. Reconoces que es más conveniente trabajar juntos por estar bien en general, que buscar el beneficio propio por querer distinguirse de los demás.

Tomemos por ejemplo el típico caso de corrupción en nuestro país que se da con las mordidas. Supongamos que un día estacionaste tu coche en una calle que tenía un letrero de “No estacionar” detrás de un árbol y que, cuando regresas, ves a la grúa colocando el arnés a tu coche para remolcarlo. El policía, que efectivamente está haciendo su trabajo, señala el letrero detrás del árbol y dice que llevará tu coche al corralón. Lo siguiente que piensas es “maldito policía que quiere mordida”.

Abriendo un paréntesis aquí, hay que hacer notar  que efectivamente el policía está haciendo lo que le corresponde y que, si llega a pensar en mordida, es porque las personas sí se las dan y hay veces que hasta las proponen.

Una persona que no tiene una verdadera identidad mexicana seguirá el juego de la mordida, pero es aquél que se sabe parte de su patria como mexicano, el que ve por el bien de sus iguales y de su patria, y que, por tanto, hará lo correcto.

Cuando un ciudadano mexicano se reconoce como tal no dará mordida, a diferencia de otros, porque pensará que, aunque quizá no sea la salida más fácil para él, sí será la opción más favorable para la comunidad a la que pertenece. Buscará lo mejor para su patria, evitando la corrupción.

Con este ejemplo se hace más claro como el reconocer la mezcla de la que formamos parte nos traerá un bien. Les propongo, queridos lectores, que tomen postura y reconozcan sus orígenes mestizos ya que, no habrá mejora marcada en nuestro país hasta que adoptemos la identidad que realmente nos pertenece y formemos parte de nuestra comunidad. Hacernos de la evidente mexicaneidad que tenemos en nuestra historia será un primer paso para el progreso de nuestra nación.

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