Young enough to care

Por: Elizabeth G. Frías
Twitter: @elinauta

Lo sé, la cita original es “Old enough to know better, young enough not to care”, pero hay ocasiones en que esta versión cuadra mejor. Pienso específicamente en una película que vi hace poco, The Lady. Entré al cine desprevenida, acompañada de dos adultos. La cinta, dirigida por Luc Besson, cuenta la historia de Aung San Suu Kyi, la activista birmana que dejó su hogar y familia en Londres para participar en la lucha por la democracia en Birmania.

Siguiendo los pasos de su padre asesinado cuando ella era una niña, la activista –apodada “la orquídea de acero” y ganadora del Premio Nobel de la Paz– se convierte en el estandarte del movimiento contra el régimen militar y moviliza a miles de simpatizantes, hasta que los militares deciden mantenerla bajo arresto domiciliario durante casi 15 años, con visitas muy limitadas de sus hijos y de su esposo. Ella mantiene su convicción y su firmeza incluso en situaciones como la enfermedad terminal de su esposo o un grupo de militares apuntándole directamente con sus fusiles.

Lo impactante de la cinta es que no sólo se trata de una historia real, sino actual: la historia de Aung San Suu Kyi sigue desarrollándose mientras nosotros estamos sentados en la sala de cine. En 2010 la activista fue liberada tras la presión internacional y unos meses antes de que la película se estrenara en México la Liga Nacional por la Democracia ganó 43 asientos en el Parlamento, con miras a las elecciones previstas para 2015.

Aún más sorprendente para mí fue que, al terminar la película, no se destinara más de medio minuto a comentarla antes de pasar a temas tan trascendentes como el clima o la cena. ¿Será que la capacidad de sentirse involucrado e indignado se pierde con los años? I’m young enough to care. Quizá sea lo mismo que decir que soy suficientemente ingenua como para interesarme o pensar siquiera que mi interés tiene alguna relevancia. No importa.

La película ha recibido críticas por no abordar el tema con todos sus matices, por centrarse en el drama personal de la protagonista y no profundizar en los conflictos sociales que se desprenden de su lucha. Tampoco importa demasiado. El arte –sin pretensiones, sin mayúscula, sin grandilocuencia y en cualquiera de sus formas– también puede ser un vehículo para transmitir un mensaje importante y, en este caso, resultó ser uno muy eficaz. Sí, los recursos cinematográficos –las tomas de las multitudes gritando al unísono, la delicadeza y serenidad de la actriz, sus crisis de tristeza, las marchas de monjes budistas hasta su casa– están usados deliberadamente para conmover a la audiencia, y lo consiguen. Por supuesto, requieren de un espectador crítico, como no me canso de repetir, para encontrar los matices que hacen falta. Pero si un filme así  logra dar a conocer de forma cercana esta historia, vale la pena.

Me recuerda otro caso reciente: el artista y activista chino Ai Weiwei bailando Gangnam Style en un video difundido mediante su cuenta de twitter. En su versión, el famoso paso del caballo lleva el nombre de “Grass Mud Horse Style”, que es un animal cuyo nombre, en chino, suena muy similar a un insulto que ha sido prohibido en las redes sociales permitidas por el país. Los usuarios mencionan el nombre de este animal para evadir y protestar contra la censura. En cierto momento del video, el artista aparece con un par de esposas entre las manos y baila con ellas, quizá haciendo referencia al periodo que él mismo pasó encarcelado. El video, por supuesto, ya fue bloqueado en China.

Ai Weiwei ha sido calificado de frívolo y oportunista por este recurso –al que ya se sumaron otros artistas–. Hay quienes comentan que sabe exactamente cómo manejar a los medios, mejorar su nombre en el mercado del arte occidental y atraer los reflectores sobre sí mismo. Y puede ser que sí, que el elegir como medio la canción pop con dos billones de visitas en YouTube en lugar de una pieza más cerebral y conceptual sea una salida fácil. Pero también es probable que, para los objetivos que buscaba, eso sea irrelevante. El mensaje está ahí. El arte, de nuevo sin ninguna pretensión ni grandilocuencia, no está obligado a comunicar algo específico, ni a tener una moraleja, ni siquiera a ser comprensible. Pero a veces lo hace, y entonces hay que dejarse de pretensiones y escuchar. Es simple. Quizá ser joven ayude.

Aquí está el tráiler de The Lady y el video de Ai Weiwei.

Un comentario en “Young enough to care

  1. Me gustó esa noción del “arte sin mayúscula” 😉

    No creo que la importancia que damos al mundo y a sus cambios sea algo que tiene que ver con la edad. Creo que más bien es cuestión de personalidad. No me imagino que tú llegues a perder esta sensibilidad que tienes, así tengas los años que tengas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s