No todo es malo: el workohólico funcional

Por Ana Belén Díaz E.

Twitter: @anabee2

La sabiduría popular dice: “ni muy muy, ni tan tan”, la del filósofo: “la virtud es el término medio entre dos vicios”; tú puedes elegir la frase que más te guste pero, en ambos casos, llegarás al mismo resultado: es tan malo ser flojo como ser workohólico.

El término workohólico surge en los años 70 para designar a aquel trabajador que presenta rasgos característicos del alcohólico pero enfocados al trabajo. Es muy diferente que te guste el trabajo y lo realices lo mejor que puedes, a obsesionarse con él al grado de que afecte en otras esferas de tu vida.

No es extraño encontrar personas con un gran éxito profesional, que han crecido dentro de su empresa mediante el trabajo duro y sacrificios personales, que aparentemente están autorrealizadas y se presentan a sí mismas como felices de ser adictas al trabajo. Sin embargo la mayoría de los workahólicos aceptan estar incompletos en alguna de las áreas de su vida, pues esta obsesión los lleva a no tener tiempo de estar con sus seres queridos y amistades, descansar o llevar una vida saludable.

El workohólico es adicto a la adrenalina que le genera el exceso de trabajo, es capaz de mantenerse largas jornadas, evita tomar vacaciones o tiempos libres y llega a sentirse frustrado si la enfermedad lo aleja del trabajo; toda su vida gira alrededor de lo laboral, incluso actividades familiares , de descanso o entretenimiento las encamina hacia ese punto.

El workohólico, al igual que cualquier adicto, necesita tocar fondo antes de darse cuenta que las actitudes que él considera que lo satisfacen empiezan a perjudicarlo, primero en las esferas ajenas al ambiente laboral para culminar en un descenso incluso en su trayectoria profesional.

Aunque al inicio parece que las características del workohólico lo convierten en un trabajador perfecto, un jefe adicto al trabajo terminará destruyendo cualquier equipo laboral, pues esta situación es insostenible y la mayoría de la personas están renuentes a entrar a ese círculo vicioso.

Pero como mencioné al inicio del post, los extremos siempre son malos, así que si logramos utilizar aquellas competencias que muestran al workohólico pero sin llegar al grado de adicción, podremos avanzar en nuestra carrera profesional con pasos firmes y desarrollarnos en lo profesional y lo personal.

¿Qué les podemos aprender a los workohólicos? En general estas personas tienen un gran entusiasmo por realizar el trabajo, se empeñan en hacerlo de la mejor manera posible y tienen gran disposición y responsabilidad, dando lo mejor de sí mismo.

Su alta motivación por el trabajo los lleva a superar las expectativas y encontrar soluciones más fácilmente, y aumentan la competencia en el ámbito laboral creando un nivel superior de productividad.

Todas estas cualidades sólo nos ayudarán si logramos encontrar el equilibrio entre trabajo, familia y ocio. Por eso el mejor trabajador es el que logra estar entre el flojo y el workohólico.

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