Ser persona; ser creador y original

Por: Chloe Nava

Twitter: @mmeroubaud

Recientemente una de mis amigas de la carrera se tituló como licenciada en filosofía, su tesis fue sobre la definición de persona y tenía como fuentes principales a Boecio y Santo Tomás de Aquino. No pretendo exponer la tesis de mi amiga, sino las reflexiones que desde ese entonces rondan por mi mente.

La primera y más obvia se encuentra en el título: por qué sería bueno para nosotros tener una definición de persona. Por qué preguntarse por lo que representa ser persona y no simplemente un ser racional. Haciendo uso de mis autores favoritos y más cercanos, diré que preguntamos por la individualidad del hombre en tanto que hombre. Una individualidad peculiar, ya que por esta es capaz de actuar de manera única y al mismo tiempo ese rasgo lo convierte en parte del conjunto de seres designados como personas.

Partiendo del pensamiento de Hannah Arendt, una persona es un ser capaz de llevar a cabo una acción, es decir, de interactuar con el mundo de manera original e irrepetible. Las personas actúan, trazan nuevas líneas de eventos en el mundo y queriéndolo o no construyen una red en la cual sus acciones se hallan íntimamente ligadas. Actuar, en el sentido pleno de la palabra, implica a la razón y a la imaginación. La libertad del hombre se ve en su capacidad de actuar, en la capacidad que tiene para crear cosas nuevas.

Es el aspecto creador de la persona que se debe retomar, la persona como un agente capaz de cambiar su entorno. Cada persona crea de modo distinto, aunque aprendamos unos de otros siempre queda un elemento inasequible. Al dejar de lado toda definición de persona olvidamos ese carácter originador del hombre. Las decisiones, aptitudes y deseos de las personas no están determinados, sino que está obligado en cada instante a determinarse a través de sus acciones.

Si la persona se define por sus acciones, es decir por el carácter creador que le da su libertad, sería bueno preguntarse qué es la persona y en qué consiste su acción. En la medida que podamos abarcar la individualidad del hombre en lugar de opacarla.

Volviendo a la pregunta inicial, me parece que es necesario reflexionar sobre el sentido de la persona en tanto que somos parte de una red gigantesca de acciones propias y ajenas. Cada uno de nosotros es una persona y trata diariamente con personas y no puede establecer un diálogo constructivo si no lo toma en cuenta.

El éxito de toda institución radica en el hecho de que propicie una buena comunicación entre sus miembros y con el mundo exterior. La comunicación sólo es posible si se reconoce al otro según su naturaleza, es decir, respetando su capacidad creadora y su libertad.

La pregunta puede llevarnos mucho más lejos, pero yo me quedo por ahora con Hannah Arendt y la idea de que el verdadero despliegue del hombre se da en la acción y en el discurso. Ambas capacidades que surgen de su libertad y que, por tanto, lo convierten en un ser creador y original.

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