Entre literatura, matemáticas y oficina

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Por: Elizabeth G. Frías
Twitter: @elinauta

“En el fondo, me doy reglas para ser totalmente libre”, dijo alguna vez el escritor Georges Perec. Por contradictorio que parezca, en Eudoxa habíamos tenido ya indicios de algo similar: en ocasiones un entorno más exigente o con limitaciones más precisas hace que propongamos soluciones más creativas y efectivas. Sucede también en el juego: si no hay suficientes reglas, se vuelve aburrido y poco desafiante.

En la literatura, existió un grupo de experimentadores que decidieron poner límites a su escritura para dar origen a obras con nuevas estructuras formales. Fundado en 1960 por Raymond Queneau y François Le Lionnais, el movimiento OuLiPo —acrónimo de taller de literatura potencial— buscaba unir las matemáticas y la literatura, aplicando reglas de restricción a las palabras. Mientras los surrealistas acudían al inconsciente para dar rienda suelta a su afán creador, los oulipianos restringieron deliberada y racionalmente el ejercicio de escritura para encontrar sus potencialidades.

Así surgieron, por ejemplo, libros como La Disparition, en el que Perec no utiliza la vocal e, mientras que en Les revenentes es la única vocal que aparece. En otra de sus obras (casi inabarcable), La vida: instrucciones de uso, cuenta las vidas entrecruzadas de más de 190 personas que habitan en una casona en París, de acuerdo a los movimientos de un caballo de ajedrez entre los departamentos y siguiendo un conjunto de reglas muy precisas.

Entre los miembros del movimiento oulipiano se cuenta a Julio Cortázar, Italo Calvino, Boris Vian y Marcel Duchamp; sus orígenes están ligados a los del Colegio de Patafísica —la ciencia que regula las excepciones y las soluciones imaginarias—, cuya historia podríamos contar en otra ocasión. Como pequeña muestra del carácter de semejantes organizaciones parisinas podemos decir que el Oulipo pertenecía a la Subcomisión de Epifanía e Itifanías, que formaba parte de la Comisión de Imprevisibles del Colegio de Patafísica.

Pese a que suene fantasioso y hasta absurdo, las técnicas de los oulipianos podrían sernos útiles en las labores más serias y cotidianas, como lo indica su propósito: “El fin de la literatura potencial es proveer a los escritores futuros de técnicas nuevas. […] La literatura potencial sintética constituye la gran misión del Taller: se trata de abrir nuevas posibilidades desconocidas para los autores antiguos.” Y los escritores hoy, en efecto, recurren aún en ocasiones a estas técnicas. Para quienes no dedicamos nuestra vida a la literatura, queda aún la estructura o la idea esencial de sus procedimientos: se trata de un proceso creativo que aplica restricciones para dar origen a estructuras innovadoras.

Por supuesto, no necesitamos hacer un documento de trabajo con una sola vocal. Pero cuando estemos buscando soluciones creativas, puede ser útil saber que las condiciones que limitan esas soluciones y que complican nuestra situación, también estimulan a nuestro cerebro y pueden contribuir a que los resultados sean mejores. En las lluvias de ideas, por ejemplo, también es útil crear escenarios distintos al normal para proponer soluciones: ¿cómo venderíamos tal producto si no pudiéramos utilizar ninguna palabra para hacerlo? ¿cómo daríamos a conocer nuestra marca con sólo una imagen?

Para terminar, les dejo una frase más: “¿Y qué es un autor oulipiano? Es una rata que construye ella misma el laberinto del cual se propone salir. ¿Un laberinto de qué? De palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía y todo eso.” Es un buen ejercicio: construir laberintos complicados para tener la certeza de que no sólo sabremos salir de ellos, sino que encontraremos formas más innovadoras y efectivas de hacerlo.

4 comentarios en “Entre literatura, matemáticas y oficina

  1. Tienes toda la razón. Traduje mal “ouvroir”, ahora mismo lo corrijo. Y sí, quise decir que no las reglas no están específicadas en el libro. O no las he encontrado hasta ahora, pues estoy leyéndolo.
    Tendré que intentar eso del poema de metro, me suena casi a situacionismo. Te sigo ya en twitter. ¡Saludos y gracias!

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  2. Buena entrada. Sin embargo OuLiPo es acrónimo de “Ouvroir de littérature potentielle”, es decir que no se puede traducir como “obras” sino más bien como “taller”. Siguen habiendo en la actualidad reuniones oulipianas, que no se pueden definir como “obras”. Por otra parte, La vida instrucciones de uso tiene reglas que Perec especificó: el poligrafía del caballo que todavía se puede apreciar en el “cahier des charges” de Perec.
    Dos detalles de nada. Me ha encantado leer esta entrada.
    Te dejo con un preciado ejercicio oulipiano: http://calledelorco.com/2012/09/08/poema-metro-oulipo/
    1 abrazo

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